EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

XIV Premio Fronteras del Conocimiento

Octavio Klimek Alcaraz

Febrero 05, 2022

 

El pasado miércoles 2 de febrero fue anunciado que el XIV Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Ecología y Biología de la Conservación se les concedió a los ecólogos Lenore Fahrig, catedrática de Biología de la Universidad de Carleton (Canadá); Simon Levin, catedrático de Ecología y Biología Evolutiva en la Universidad de Princeton (Estados Unidos), y Steward Pickett, investigador en el Instituto Cary de Estudios de Ecosistemas (Estados Unidos). Lo anterior, por introducir en el estudio de los ecosistemas la dimensión del espacio físico, en el sentido del territorio y sus múltiples escalas, y tener en cuenta su papel para gestionar “la interacción entre los sistemas humanos y naturales”, señala el acta del jurado. (https://www.premiosfronterasdelconocimiento.es/noticias/premio-fronteras-a-fahrig-levin-y-pickett-por-introducir-la-dimension-espacial-en-la-ciencia-ecologica-y-aplicarla-al-diseno-de-reservas-naturales-y-ciudades-mas-sostenibles/).
Sin duda, el Premio Fronteras del Conocimiento se ha establecido como uno de los galardones más importantes para la disciplina de la ecología; premio que además está dotado de 400 mil euros y el correspondiente reconocimiento.
El texto alojado en la página electrónica señala las causas de la selección de los premiados, que a continuación compartiré. De inicio cito lo siguiente: “Fahrig, Levin y Pickett no han trabajado juntos, pero los tres han realizado contribuciones fundamentales a la llamada ecología espacial, tanto en el plano teórico como en el práctico. Levin es pionero en su desarrollo matemático, introduciéndolo así en modelos que permiten el análisis de ecosistemas complejos; Fahrig estudia los impactos de la fragmentación del hábitat y la pérdida de conectividad entre hábitats remanentes sobre la biodiversidad; y Pickett es uno de los padres de la ecología urbana, que asume que las ciudades concentrarán cada vez más población y por tanto es obligado pensar en cómo emplear también sus espacios para conservar la biodiversidad”.
Como afirma el acta, los galardonados han desarrollado de manera independiente “la teoría y las matemáticas de la ecología espacial”, con aplicaciones en múltiples ámbitos, como “el diseño de las áreas naturales protegidas, el trazado de redes de carreteras y las ciudades sostenibles”. Su trabajo “reconoce explícitamente las dimensiones y escalas espaciales de las interacciones entre especies, y la importancia crítica de la conectividad del hábitat para el movimiento de organismos, propágulos (elementos biológicos capaces de propagar organismos) y materiales a través de paisajes complejos”.
Este reconocimiento a Levin es más que merecido. Él ha aportado a la ecología herramientas matemáticas que ayudan a identificar patrones comunes a diferentes escalas espaciales. Sin duda alguna pocos artículos de investigación han sido tan influyentes y citados en la ecología actual, como es el artículo de Simon Levin: The problem of pattern and scale in ecology (Ecology, 73(6), 1992, 1943-1967) El problema de patrones y escalas en ecología, que es el texto de aceptación del premio Robert H. MacArthur de la Sociedad Ecológica de América, que se le otorgó en 1988. Este es un artículo que ha introducido a más de una generación de ecólogos en el pensamiento interdisciplinario y en dos conceptos cruciales para la ecología, patrón y escala. Al entender que el patrón implica algún tipo de repetición, y la existencia de repetición implica que es posible alguna predicción También ha promovido la opinión de que los procesos ecológicos actúan en una variedad de escalas espaciales y temporales, y generan patrones en escalas que pueden diferir de aquellas en las que actúan los procesos. Para comprender un sistema, es importante estudiarlo a la escala adecuada y desarrollar modelos que sirvan de puente entre escalas. Así que el conectar procesos con patrón y escala ha sido un camino para seguir en ecología.
Como explica Pedro Jordano, profesor de investigación en la Estación Biológica de Doñana y secretario del jurado, hasta entonces “la ecología estaba huérfana de un cuerpo doctrinal que explicara cómo se integran las distintas escalas espaciales, desde áreas locales a continentes. Los investigadores empezamos en espacios pequeños, como una charca, pero tenemos que entender procesos a escala planetaria”. Levin, según Jordano, ha ofrecido el armazón teórico y los modelos que faltaban “para entender cómo el espacio físico influye en la dinámica de los ecosistemas y en la vida de los organismos. Es la base de los estudios que explican los procesos de fijación de carbono por parte de los bosques, cómo se reparten la vida animal y vegetal en la tierra, las migraciones de animales o la dispersión de las plantas, cómo se estructuran y relacionan las poblaciones entre sí, o cómo los procesos de degradación de la naturaleza crean barreras infranqueables y por lo tanto causan situaciones de aislamiento.
“Uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos es la pérdida de diversidad biológica”, ha explicado Levin tras conocer el fallo del jurado. “La biodiversidad es fundamental para nosotros, pero para poder comprender lo que está en riesgo, y lo que podemos hacer para solucionarlo, tenemos que comprender los mecanismos que mantienen la diversidad biológica. Esta ha sido una cuestión central en la teoría ecológica desde hace un siglo, pero hasta hace relativamente poco, no existía mucha teoría matemática que incorporara la dimensión del espacio de la interacción entre especies en modelos. Así que empecé a trabajar en esta línea en los años 70, para construir modelos ecológicos que incorporasen la estructura espacial”.
La segunda apremiada es Lenore Fahrig, que ha sido pionera en el estudio de la fragmentación del territorio y su impacto en la biodiversidad, así como de la idea de conectividad entre reservas, ya que, si las reservas no están bien conectadas por corredores naturales, serán deficitarias
“El hábitat se fragmenta debido al impacto humano, y ésta es una de las amenazas más profundas para la biodiversidad”, señala el acta. Fahrig “ha desarrollado métodos teóricos, basados en datos, para reducir los efectos de la pérdida del hábitat manteniendo la conectividad entre áreas fragmentadas. Su trabajo investiga el papel fundamental de las redes de carreteras y de las pequeñas áreas de conservación en la distribución y abundancia de las especies”.
Fahrig recuerda que cuando empezó su carrera “no era obvia la importancia de los corredores ecológicos”. Su investigación le permitió documentar el gran impacto de las carreteras para la biodiversidad, en primer lugar, matando a los animales por atropellamiento. Su trabajo ha impulsado la búsqueda de estrategias para reducir este problema. “El conocimiento que tenemos sobre los daños que estamos provocando es lo que necesitamos para detener la pérdida de especies”, asegura Fahrig. “Creo que no hay justificación alguna para poner una especie en peligro porque queremos obtener beneficios económicos a corto plazo. Sabemos cómo reducir nuestros impactos, y lograrlo es una cuestión de tomar conciencia del valor de la naturaleza y de otras especies”.
En el caso del tercer galardonado, Steward Pickett, quien se ha desarrollado el campo de la ecología urbana: “Ha sido pionero en la importante labor de integrar en la teoría ecológica a los seres humanos como componentes de los ecosistemas”, afirma el acta del jurado, “vinculando la ecología y el diseño urbano, y aportando perspectivas éticas y filosóficas al estudio de los ecosistemas dominados por el hombre”.
Su trabajo se ha desarrollado en colaboración estrecha con especialistas en “arquitectura, urbanismo, arte, sociología y economía”, apunta Jordano. “La cuestión es cómo las personas, incluso en un hábitat urbano, podemos acercarnos a la naturaleza; esto es especialmente relevante en áreas en las que el medio urbano está próximo al natural, como hemos visto por ejemplo en el origen de las pandemias por transmisión de patógenos que saltan de reservorios naturales al hombre”.
Como ha afirmado el propio Pickett tras conocer el fallo, “concibo las ciudades como mosaicos con muchas capas: la capa construida –los edificios, las carreteras, las infraestructuras…–, pero también la capa de las políticas, las normas. Está la capa de las diferencias sociales –de clase, étnicas…–, y la capa verde, la parte ecológica: el reciclaje de nutrientes, la regulación del clima o el flujo de agua. Abordo la planificación urbana integrando todas estas capas”.
Concluye Pickett señalando, que es necesario invertir las prioridades en el urbanismo actual: “Ahora las ciudades están diseñadas para los coches; tenemos que darle la vuelta a esto y pensar en las ciudades como lugares en los que la biología tiene que funcionar y la biodiversidad tiene que prosperar, para realizar funciones útiles para el control del clima, del agua e incluso para cuidar la salud física y psicológica de las personas. Debemos diseñar las ciudades en primer lugar para la convivencia de la naturaleza y las personas, y rebajar la importancia de la dimensión física y la eficiencia del transporte”.