EL-SUR

Sábado 25 de Junio de 2022

Guerrero, México

Opinión

Y ahora, cuotas de color

Humberto Musacchio

Diciembre 02, 2021

 

Con apoyo de otras diputadas de Morena, destacadamente de Ana Francis Mor e Indalí Pardillo, la también legisladora Xóchitl Bravo subió a la tribuna del Congreso de la Ciudad de México y propuso un punto de acuerdo para exhortar a la Compañía Nacional de Teatro (CNT), que en marzo y abril de 2022 realizará una selección de aspirantes, para que “incluya más actores de piel morena en su elenco permanente”.
El punto de acuerdo propone también, para diferenciar y establecer el color de la piel, que se aplique la escala PERLA, que diferencia once tonalidades. PERLA significa Project on Etnicity and Race in Latin America. Sorprende que tras la sigla aparezca un nombre en inglés, pese a que se refiere al subcontinente donde los idiomas son el francés, el portugués y sobre todo el español, así como una buena cantidad de lenguas indígenas.
La mayoría de los integrantes de la Compañía Nacional de Teatro, que depende del Instituto Nacional de Bellas Artes, firmaron una carta en la que se dicen abiertos al diálogo, pero advierten que puede ser riesgoso legislar sobre los tonos de piel.
Enrique Singer, director de la CNT, señaló que proceder como lo demanda el exhorto de los diputados capitalinos, sería ilegal, anticonstitucional e inoperante, y preguntó quién “realizará el trabajo de poner a una persona junto a un pantone –un catálogo de colores—y decirle que no puede entrar a una institución pública porque no corresponde su piel a ese pantone”. Yo me rehúso, agregó.
El actor y director declaró que apoya la discusión en torno al racismo, pero no la cuota propuesta “debido a sus implicaciones éticas” e incluso prácticas, pues citó el caso de Óscar Narváez, hijo de madre zapoteca y padre estadunidense, quien es de piel blanca, en tanto que sus hermanos son morenos, lo que muestra que en un país de tan intenso mestizaje como el nuestro no resulta fácil una selección racial.
Pero el problema existe. Hace unos días, la reconocida actriz Maya Zapata dictó una conferencia en el Film Fest de Guanajuato, donde dijo que en la television y en el cine se prefiere a personas de piel blanca, a las que se asocia “con lo europeo, el buen gusto, la inteligencia, los buenos modales, el progreso o la belleza”, en tanto que para la gente morena, como ella, quedan los personajes de piel más oscura a los que se atribuyen características negativas como “la pobreza, la ignorancia, la violencia, la falta de modales, el mal gusto… que no necesariamente resultan verdaderos en ninguno de los casos”.
En suma, dijo Maya Zapata, existe en México el racismo, “un dolor que no queremos reconocer”. Por eso, por ser ella parte del movimiento Poder Prieto, declaró: “Lo que queremos, para empezar, es visibilizar esta omisión de las pieles morenas en la industria del entretenimiento, en las narrativas mexicanas, incluidas las noticias”. Sin culpar a nadie en especial, pidió responsabilizar al sistema, entender cómo es que somos cómplices de ese mismo sistema y analizar cómo podemos cambiarlo.
Por su parte, Francis Mor declaró a los medios que si alguien va “a un banco, a una tienda departamental, a una galería de arte, a un hotel o al círculo social que sea”, podrá constatar que “las personas blancas tienen más privilegios por el color de piel. Así funciona el mundo y es un mundo muy injusto y desigual”.
Aquí cabe recordar que en la historia de México los grandes movimientos sociales han sido protagonizados por masas de piel morena, en no poco casos acaudilladas por próceres de sangre indígena o descendientes de africanos, como Guerrero, Juárez y muchos más.
Lo importante, agreguemos, es que por fin se abre el debate sobre la discriminación racial en México, ese pecado social que no se atreve a decir su nombre, esa lacra que hemos eludido analizar y remediar. Empecemos.