EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Y ahora la UNAM

Jesús Mendoza Zaragoza

Marzo 05, 2018

Parecía un territorio pacífico en el que las balas estaban ausentes. En el campus de la Universidad Nacional Autónoma de México ya empieza a manifestarse el miedo. La presencia de narcomenudistas que, a balazos, defienden su mercado en los espacios de la UNAM, ha dejado sembrada la muerte. La espiral de violencia que desangra al país, ha alcanzado a los espacios territoriales de esta institución tan fuerte y tan bien sentada en el corazón del país.
De hecho, las autoridades de la Ciudad de México han estado vendiendo la idea de que la delincuencia organizada, que ha zarandeado a muchas regiones del país donde tiene controlados muchos territorios, no tiene lugar en la capital del país. Como si fuera una isla, han dicho con frecuencia que es una ciudad blindada, que tendrán expresiones de la delincuencia común, pero hasta ahí.
El hecho que aparece de manera cruda es que la violencia y la inseguridad son un asunto estructural y afectan a todo el país. Cierto es que lo hacen de manera mayor en regiones más vulnerables debido a una serie de variables de carácter social, político y económico. En este sentido, Guerrero ha contado con las condiciones de vulnerabilidad más altas en el país como para que se den situaciones de ingobernabilidad y de control de amplios territorios por el crimen organizado. Tenemos, por ejemplo, la irracional desigualdad económica, los altos índices de corrupción y de impunidad, un enorme analfabetismo político y la apatía social, entre otras causas.
La Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) ha resultado muy afectada por la violencia en sus unidades académicas, en su personal y en sus alumnos, pero no ha tenido la capacidad de dar una respuesta institucional a la altura de una institución académica porque, a mi juicio, padece también de fragilidades institucionales. No ha surgido de la UAG una voz crítica ni propuestas sustanciales, como para alentar los cambios que se requieren para hacer frente a las causas de la violencia en Guerrero. Hay una actitud tan autorreferencial en nuestra universidad que le ha faltado pensar en Guerrero, al menos en este tema.
Pero en el caso de la UNAM, tendríamos que esperar una respuesta de alto nivel. Es una institución académica de alto prestigio, con alrededor de 300 mil alumnos, tiene una gran fortaleza institucional y recursos tecnológicos y científicos que le dan gran capacidad para incidir en la vida pública del país. Ojalá que la UNAM supere la autorreferencialidad al analizar el asunto de la inseguridad y se dé cuenta que para contar con seguridad en su territorio, tiene que contribuir para que haya seguridad en todo el país.
La violencia es como un cáncer que se va expandiendo poco a poco en todo el cuerpo social, y mientras que ese cáncer no se extirpe o controle, todo el cuerpo está en riesgo. Por esa razón, ningún lugar del país está a salvo. El carácter expansivo de la violencia nos hace prever ese escenario.
¿Acaso no sería la oportunidad para que la UNAM empeñara sus capacidades institucionales, tanto en la docencia como en la investigación, tanto en el pensamiento como en el servicio social, para ayudar al país a pensarse de una manera diferente, ya no como víctima sino como protagonista de las transformaciones profundas que necesita para recuperar la paz? El pensamiento, la ciencia y el arte, que son la fortaleza de la UNAM, ¿acaso no podrían contribuir para ayudar a los mexicanos a reconocer nuestras posibilidades y nuestras potencialidades para construir la paz? ¿No podría promover el pensamiento crítico ante las barbaridades que se cometen desde el poder, que son los factores de la violencia y de la inseguridad que padecemos? ¿No podría denunciar, con datos duros, la simulación gubernamental con esa maldita “guerra” contra la delincuencia en lugar de tocar las causas políticas y económicas que sustentan la espiral de violencia que prevalece en tantas regiones del país?
Es tiempo de que las universidades se alineen con las necesidades humanitarias del país, que se acerquen al dolor de los pueblos y que reaccionen ante tanta sangre. Es tiempo de que aporten ciencia y pensamiento a la construcción de la paz. Es tiempo de solidaridad con el país que las sostiene. La paz en el país redundará en la paz en los campus universitarios. Esa debiera ser la perspectiva universitaria al buscar seguridad en sus espacios, que abonaría a favor de la autonomía que necesitan. De otra manera, un día veremos a militares y policías protegiendo a las universidades como protegen las escuelas primarias en Acapulco.