EL-SUR

Sábado 15 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

¿Y qué? ¿Cuál es el problema?

Silber Meza

Abril 22, 2023

DE NORTE A SUR

Si no fuera porque el presidente Andrés Manuel López Obrador lanza diariamente una cantidad de frases de antología en sus conferencias mañaneras, ésta quedaría en un marco dorado entre las guardadas para la historia política mexicana: “¿Y qué? ¿Cuál es el problema?”.
Eso dijo cuando se le preguntó por los viajes de lujo que hace su secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval González… claro, acompañado de su familia y del secretario de Marina, y de la esposa del secretario de Marina.
Se le veía enojado sobre esa tarima que usa en las mañaneras para defender su gobierno y atacar diariamente a todo aquel periodista y medio de comunicación que le es incómodo. No, no se trata de lo que él llama periodismo corrupto, sino de periodismo que lo critica y le incomoda. El periodismo corrupto, que deja de ser periodismo, no es algo que le incomode realmente.
López Obrador siempre tiene un comentario entre las ropas, pero sobre el reportaje titulado Los viajes del general secretario, escrito por Ignacio Rodríguez Reyna para las organizaciones civiles Fábrica de Periodismo y Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad no tuvo nada que decir durante tres días.
Y bueno, no es que no tuvieran tiempo para leer el texto que se publicó desde el lunes en la madrugada, sino que claramente no sabían cómo responder. La información fue obtenida del hackeo a los correos electrónicos de la Sedena realizado por el grupo de hacktivistas que se dio a conocer como Guacamaya. Correos que el propio presidente validó al principio, después minimizó, más tarde hasta se burló de ellos y ahora toma muy en serio, tan en serio que luce molesto cuando se les menciona y hasta coloca detrás de ellos a agencias de inteligencia de Estados Unidos, sin pruebas, obvio.
Lo mejor es leer el reportaje completo, pero desde el sumario adelanta todo lo que cuenta a detalle. Aquí van unos fragmentos: “Lejos de los reflectores, sin alardes, los viajes del secretario de la Defensa Nacional (Sedena) son viajes de ‘terciopelo’, como se dice en el argot militar: en jets del Ejército, hoteles de alta gama, comidas y cenas en buenos restaurantes, viáticos en suficiencia y visitas a museos y lugares emblemáticos de las ciudades visitadas. Pero esos gustos no los disfruta en solitario. El general Sandoval suele viajar acompañado. Varias de las plazas de los jets del Ejército Mexicano son ocupadas por su esposa, su hija, su hijo (un alto funcionario federal de inteligencia), su nuera, su pequeña nieta y a veces su consuegra”.
En el trabajo, Rodríguez Reyna nos muestra que la “austeridad republicana” que tanto pregona López Obrador no se ha asentado ni en el Ejército ni en la Marina. Al contrario, las fuerzas armadas mexicanas siguen viviendo con el confort de hace cuatro décadas. Es un asomo a las películas de Luis Estrada, el mismo cineasta que ya no le gusta al presidente.
Y es que, por su estructura de servicio, parece que a las élites de los distintos cuerpos armados se les da trato de reyes: “Al secretario de la Defensa Nacional lo acompaña siempre, además, una célula de al menos 10 militares que atiende sus necesidades: ayudantes de campo, asistentes para él y para su esposa, jefe de seguridad, médico, enfermera, intérprete, además de los efectivos encargados de la avanzada”.
Qué más quiere, mi señor.
Es difícil ver ahí la etapa superior de la austeridad lopezobradorista, la “pobreza franciscana”. Resulta casi imposible encontrar al “pueblo uniformado”.
Tengo la duda si el presidente sabía de este tipo de viajes de lujo. Si estaba enterado, grave; si no, también grave.
Por eso, volvemos a esa frase que al menos yo recordaré por mucho tiempo. El presidente lanzó un “¿Y qué? ¿Cuál es el problema?” porque no supo qué más decir. Había ignorado el tópico, pero no pudo más.
Su gobierno mismo se asienta en dos pilares fundamentales: el respaldo popular que trabaja diariamente con su discurso y con los apoyos y obras sociales, y el respaldo de las fuerzas armadas. Con ninguna de estas dos columnas se peleará nunca López Obrador porque su gobierno podría sufrir una fractura relevante.
Por eso salió con esa frase pendenciera. Porque no lo puede justificar, porque tampoco va a despedir al general secretario; porque va en contra de todo lo que él ha pregonado, porque transparentar sólo exhibirá más el exceso de sus militares, porque les ha dado demasiado poder y tiene decidido colmarlos más y más.
Entonces, sólo queda el “¿Y qué? ¿Cuál es el problema?”.