EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Y sigue la deforestación

Jesús Mendoza Zaragoza

Agosto 01, 2005

“Nos dirigimos a la dependencia que representa para manifestarle nuestra inconformidad y solicitarle la cancelación del permiso autorizado a favor del C. Juan Ramón Gil, propietario del aserradero El Ocotito S. A. de C. V, quien realiza el aprovechamiento forestal de nuestro bosque desde el 2003, puesto que hasta la fecha no cumple con la normativa de reforestación y cuidado del medio ambiente que establece el reglamento de la Ley Forestal en su artículo 23…”. Así hacen su demanda los comuneros de los anexos de Quiahuitepec y de El Coquillo, que pertenecen a los Bienes Comunales de La Concordia, municipio de Ayutla de los Libres.

Con fecha del 20 de junio pasado, Juan de Jesús Medardo, comisario municipal de Quiahuitepec, y Juan Casimiro Peláez, delegado municipal de El Coquillo, hacen llegar esta demanda al delegado estatal de la Semarnat en el estado de Guerrero, solicitando que intervenga y atienda este problema, acompañando su solicitud de una acta de una asamblea del 10 de junio, firmada por 191 personas. En tal asamblea, los comuneros señalan que el comisariado de los Bienes Comunales de La Concordia, sin previa consulta a los comuneros de los anexos afectados, realizó un contrato con la empresa citada para explotar la madera de la región.

Ahora hay una seria preocupación de los campesinos porque la tala se acerca peligrosamente a los sitios donde se ubican los manantiales que abastecen de agua la región, de manera que miran cercano el riesgo de perder el agua como consecuencia de la irracional explotación de sus bosques.

Habrá que esperar qué tipo de respuesta da la Semarnat ante esta demanda de los mixtecos de la sierra de Ayutla. Porque resulta que la empresa que explota la madera tiene los permisos en regla y los contratos vigentes, aún cuando, según los indígenas de Quiahuitepec y El Coquillo, no cumplen con los reglamentos propios que existen para estos casos. Pero, por otro lado, está una demanda legítima de los indígenas en cuanto que manifiestan los riesgos visibles de la tala de sus montes, además que no resultan beneficiados en forma alguna.

¿Qué pasa en el manejo oficial de este tema? ¿Tiene la Semarnat una vigilancia adecuada y oportuna para que la ley se respete en el otorgamiento de los permisos y en el ejercicio de la explotación racional de la madera? Lejos de propugnar un ecologismo burdo que estuviera contra la explotación racional de los bosques, es importante asegurarnos de que no haya abusos ni manejos corruptos en este tema. Tarde o temprano, todos seremos víctimas de las consecuencias desastrosas que la tala irracional de los bosques produce. Pero los primeros afectados están siendo los propios campesinos, que ven el deterioro de sus tierras, de su hábitat y de de su frágil supervivencia.

Hay ya diversos puntos rojos en la geografía guerrerense, donde hay problemas graves al respecto, como en la sierra de Petatlán, donde una lucha de varios años por defender los bosques ha pasado por enfrentamientos entre los mismos campesinos, por abusos y complicidades de las autoridades, por artimañas legales de los taladores aliados con autoridades, por derramamiento de sangre y prisión a ecologistas. Estas situaciones pueden reproducirse en otras regiones si no se tiene la atención y el cuidado necesario.

Lo que salta a la vista es la vulnerabilidad de los campesinos, de los dueños de las tierras afectadas, que no cuentan con los mecanismos técnicos ni legales para defender sus tierras de estas amenazas. La pobreza los hace vulnerables ante la voracidad de las empresas que explotan los bosques sin acatar leyes ni reglamentos, vulnerables ante la negligencia o la complicidad de las autoridades que no se toman la molestia de vigilar para que se cumpla la ley, vulnerables ante las propias autoridades ejidales o comunales que llegan a amafiarse con los taladores haciendo grave daño a sus representados.

El cuidado del medio ambiente todavía no logra tomar su lugar como prioridad social y política. No hay conciencia de los graves riesgos que amenazan la falta de un riguroso cuidado en este renglón, ni por parte de las autoridades ni por parte de la sociedad. La cuestión ecológica es tratada aún como un tema secundario y de menor relevancia y no se integra como una prioridad en la agenda social y gubernamental.

Y es que ha prevalecido una concepción del medio ambiente como un recurso a explotar. Los campos, los mares, los bosques, las aguas, son vistos como recursos con los que hay que lucrar, como divisas que hay que acumular, como meras mercancías que hay que comprar y vender. Hay una relación mercantil con el medio ambiente que sólo puede pensar en exprimirlo y agotarlo. Esta concepción equivale a un ecocidio y, a la larga, a un genocidio. Porque se está destruyendo la casa, la habitación de la humanidad, de las personas, de los pueblos. Es fundamental un cambio de concepción y de actitud ante el medio ambiente. Si lo entendemos como nuestra casa, podemos construir una relación distinta, en la cual prevalece el cuidado, la delicadeza, la atención. Nadie que razone bien se pone a deteriorar su propia casa ni siquiera a ponerla en riesgo. Así, el medio ambiente concebido como nuestra casa, es salvaguardado a toda costa y es un asunto de primer orden para la supervivencia y para el desarrollo.

Por lo pronto, hay que esperar que las autoridades de Semarnat hagan caso a la demanda de los indígenas de Quiahuitepec y El Coquillo, y que más allá de un manejo legaloide del asunto, adviertan que estos indígenas miran sus bosques más que como un recurso que explotar, como una casa que habitar. Y les están arrebatando su casa, su tierra y su vida, su presente y su futuro.