EL-SUR

Viernes 01 de Julio de 2022

Guerrero, México

Opinión

Y sigue la mata dando

Jorge Zepeda Patterson

Febrero 16, 2004

 

 

O “sigue la Marta dando”… de que hablar, podría llamarse este artículo. Casi cada día un nuevo dato, una foto provocadora o una declaración tronante constituyen nuevos combustibles para alimentar el interminable debate público sobre las pretensiones de Marta Sahagún para suceder a su marido en la Presidencia del país.

Esta semana no fue la excepción. Trascendió que Vicente Fox pidió al Estado Mayor Presidencial que apoyara a la Primera Dama con más recursos, lo cual intensifica la polémica de una campaña sufragada desde Los Pinos. Ella misma sigue aprovechando todo tipo de noticieros y programas televisivos para mantenerse en el centro de los reflectores. En el más reciente la señora Sahagún le explicó con todo detalle a la conductora Talina Fernández la manera en que le gustaban las “pechugas” a su marido.

Lo cierto es que Marta Sahagún se la ha arreglado para convertirse en un tema recurrente en la imaginación de la opinión pública nacional. No sólo los medios de comunicación se muestran obsesionados con el tema; también en las charlas de sobremesa a todo lo largo del país las aspiraciones políticas de la Primera Dama son comentadas intensa y acaloradamente por mexicanas y mexicanos de toda índole y condiciones social.

Justamente en una de estas conversaciones de sobremesa, una buena y perspicaz amiga expresó un ángulo interesante, que a continuación comparto. En países como el nuestro, con democracias emergentes llenas de inconsistencias, las mujeres que llegan al poder usualmente lo han hecho como herederas del poder de su marido o de su padre. Violeta Chamorro en Nicaragua, por ejemplo, es un caso por demás ilustrativo. Una verdadera ama de casa convertida en presidente por circunstancias que impuso el destino. A la muerte de su marido, Pedro Chamorro, ella fue la única figura capaz de aglutinar a las diferentes fracciones del movimiento político que encabezaba su esposo. Sin mayor mérito que ese, la vida la convirtió en heredera de este patrimonio político y eventualmente en un mandatario que desempeñó un papel más que aceptable en la conducción de su país.

Por desgracia el desenlace de este tipo de sucesiones no siempre ha sido positivo. Por lo general son herencias malditas. El caso de Isabel Perón es trágico. La muerte de su marido en los años setenta, justo en el momento en que los peronistas se habían reagrupado para traerlo del exilio español y llevarlo a la Presidencia, convierte a esta dama en un triste peón de los acontecimientos. Isabel Perón ocupa la Casa Rosada pero en calidad de títere de sus gestores, en particular del todopoderoso ministro López Rega. Un hechicero fanático que gobernaba a golpe de horóscopos y purgas sangrientas. Basta recordar que el gobierno de “Isabelita” propició el advenimiento de las infames dictaduras militares de los siguientes años.

Los casos de Corazón Aquino en Filipinas o Indira Gandhi en India constituyen ejemplos más favorables, o menos dañinos si se quiere. Pero cuesta trabajo encontrar en nuestros países casos como el de Margaret Tatcher, un político profesional capaz de conquistar el poder sin mediación de un esposo o un marido del que haya recibido una herencia política.

El caso de Marta Sahagún podría ser atípico (en el escenario hipotético y muy improbable de que llegara a la presidencia). Si bien el suyo es un poder derivado de la carrera política de su marido, la señora Sahagún se estaría lanzando a la conquista de la silla presidencial sin ser viuda o heredera de ese poder. Los casos revisados líneas arriba supusieron la desaparición del caudillo, la emergencia de un hueco que eventualmente fue ocupado por el cónyuge. Y por más que los detractores de Fox denuncien que para efectos prácticos el Presidente ha desaparecido, existen algunas evidencias de que está vivo. Es decir, Marta Sahagún no se encuentra en la situación de los casos mencionados antes.

Ahora bien, sería injusto comparar a Marta con las amas de casa que eran Violeta Chamorro o Isabel Perón. Sahagún ha sido funcionaria de Fox en el gobierno de Guanajuato y una operadora de primera línea durante la campaña presidencial. Más aún, en estos momentos es la principal (si no es que la única) consejera que tiene el Presidente. Fox llegó a Los Pinos rodeado de un círculo de analistas y amigos que constituían un equipo interlocutor de buen nivel. Desde Castañeda y Aguilar Zinser hasta Lino Korrodi o los Carlos (Flores y Rojas) entre otros muchos. Hoy prácticamente no queda uno, salvo Marta.

Así pues, la Primera Dama es un cuadro político. Tiene experiencia y nadie influye más que ella en asuntos de Estado en el ánimo del primer mandatario. Pero de eso a que tenga madera de presidente hay un largo trecho. No reúne las condiciones requeridas ni por su estado civil (no es viuda) ni por su currícula personal. Desde los años cincuenta con Ruiz Cortines, que era contador, no ha habido un presidente sin título universitario. Y antes de él todos eran generales. No veo cómo podría subsanarse esa limitación con un diploma de maestra de inglés (en realidad el título es lo de menos, pero es un dato ilustrativo de las mucha exigencias no escritas que supone gobernar un país).

Marta Sahagún no será presidente, pero está dispuesta a gozar hasta el último minuto de la sobre atención que provoca por el solo hecho de pretenderlo.  ([email protected])