EL-SUR

Viernes 27 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Y sólo han pasado 20 días desde la elección…

Silber Meza

Julio 21, 2018

No son pocos los estudiosos de la política que aseguran que el virtual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, ya es una especie de presidente de facto. Y hay razones para ello: su reunión con el aún presidente de México, Enrique Peña Nieto, en Palacio Nacional, el lugar donde pretende despachar López Obrador; la preconfiguración de su liderazgo en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte; la visita de Mike Pompeo, secretario de Estado de Estados Unidos en las oficinas de la colonia Roma; las 12 reformas legales para los primeros meses de la Legislatura entrante, donde tendrá mayoría; el anuncio de sus programas contra la violencia y a favor del desarrollo social; el gabinete futuro que da entrevistas y ha empezado a operar casi como gabinete presente.
Parece que fue hace mucho tiempo –semanas, meses– cuando fui a la casilla a marcar una cruz negra sobre los candidatos que elegí con la intención de que nos gobernaran; unos llegaron, otros no. Democracia. El triunfo de AMLO y de Morena retumbó en todo el país. Le ganaron a los campeones; vencieron a los invencibles; derrumbaron mitos y poderes fácticos. Buena parte de la ciudadanía se sorprendió por el “tsunami Andrés Manuel”. A varios les he escuchado, con un dejo de arrepentimiento, un “¿qué hicimos?”; a otros, un “¡se nos pasó la mano!”. Ganaron candidatos que jamás imaginaron triunfar. Algunos serán grandes gobernantes; otros, verdaderos desastres. Democracia.
Todo esto lo hemos tenido que engullir. No hemos podido razonar lo sucedido el 1 de julio pasado. En realidad aún no sabemos bien a bien qué y cómo pasó; tampoco hemos podido imaginar qué futuro nos depara con cada uno de estos representantes populares. El debate sobre las constantes propuestas de AMLO es ensordecedor: la legalización de las drogas, el cambio de ubicación de delegaciones, la disminución de altos salarios para los altos funcionarios del gobierno, y ahora el escándalo del fideicomiso de Morena revelado por el INE. Una nota se traga a la anterior a un ritmo vertiginoso. Aparece un tuit de reclamo a AMLO, otro de defensa; otro de reclamo y otro de defensa; otro de defensa y uno de reclamo, y así. ¡Pero sólo han pasado 20 días desde la elección!
De toda la avalancha de información, hay un par de temas que llaman la atención con mayor fuerza.
Uno: El subsidio para el 19-S. El Instituto Nacional Electoral ha acusado a Morena de haber constituido un fideicomiso de donación al margen de la ley para damnificados del sismo del 19 de septiembre de 2017. El consejero Ciro Murayama, presidente de la Comisión de Fiscalización del INE, lo ha calificado como un “fraude a la ley”. Morena ha declarado que impugnará ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación la multa de 197 millones de pesos impuesta por el INE. Morena está obligado a transparentar hasta el cansancio los recursos de este fideicomiso, su origen y su destino; requiere descalificar menos y abrirse en totalidad a la rendición de cuentas; caso contrario, el partido que nació con la bandera de la lucha contra la corrupción resultará ser una copia fiel de lo que tanto ha criticado.
Dos: La disminución de la violencia. En este rubro, AMLO ha determinado, vía su futura secretaria de Gobernación y ex ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Olga Sánchez Cordero, la despenalización y legalización de la mariguana con fines lúdicos, y de la amapola con fines medicinales, con la posibilidad de ampliarla a otras drogas. Aunado a esto se encuentra la frase de “becarios sí, sicarios no”, que ha tomado forma en el modelo de becas para jóvenes propuesto por el próximo presidente, al que pretende invertir 110 mil millones de pesos. Además, el próximo secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, ha prometido regresar al Ejército a los cuarteles en un trienio más. Esto es un cambio en el paradigma. Sabemos que no será la solución al conflicto de la violencia, pero sí puede darle un golpe al modelo de negocio actual, desterrar mitos y empezar a aproximarnos a la visión de una política de drogas como asunto de salud pública, como sucedía en décadas atrás, y disminuir la óptica de una política de fuego contra fuego: tanquetas, chalecos antibalas, cascos, bazucas y demás armamento que sólo veíamos en películas, y que ahora se ha convertido en parte de nuestro paisaje y nuestra conversación.
Sólo han pasado 20 días desde la elección. López Obrador creó expectativas muy altas, ahora le toca estar a la altura de ellas, o no pasará mucho tiempo para que el “tsunami Andrés” se vuelva en su contra.