EL-SUR

Jueves 18 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Y va de anécdota…

Anituy Rebolledo Ayerdi

Febrero 13, 2025

Cena cara

Cuando el periodista Jorge Joseph Piedra asume la presidencia municipal de Acapulco (1960), hará un primer berrinche al conocer el costo de una cena: la ofrecida por el presidente Adolfo López Mateos a su igual estadunidense, Dwight D. Eisenhower, en febrero de 1959.
“Están pero si bien pendejos los del hotel Pierre Marqués si creen que voy a pagarles 175 mil pesos por una cena para 50 hambreados gorrones y en la que no se sirvió champaña y tampoco coñac”. La determinación del combativo alcalde es firme e histórica. La aprovecha para denunciar las componendas de administraciones anteriores con las empresas millonarias del puerto.
Para empezar, revela las concesiones insólitas otorgadas a las empresas hoteleras en el cobro de impuestos y enumera algunas: el hotel Pierre Marqués, el de la cena carísima, pagaba una cuota única de ochocientos pesos anuales; El Mirador, 998 pesos; el Caleta, 774 pesos; Brisas Hilton, 795 pesos; El Presidente, 518 pesos; Elcano, 825 pesos. Cuotas anuales que incluían todos los servicios de la hospedería: bares, centros nocturnos, tiendas, tabaquerías, etcétera, etcétera.
“¡Cabrones millonarios abusivos, pagan más las eloteras y las tamaleras de la vía pública!”, estalla el periodista alcalde, y nadie dudará que, a partir de esa fecha, las cosas cambiarán en la Tesorería municipal.
¿Pero qué pasa? El tiempo transcurre y las cosas sobre el particular no cambian. “Ni cambiarán” , sentencia un viejo periodista que cubrió por años la fuente municipal y su revelación derrumbará las intenciones justi-cieras de JJP. Y era que los arreglos económicos entre el gran capital y el Ayuntamiento databan de 1954, cuando era alcalde de Acapulco Donato Miranda Fonseca, entonces secretario de la Presidencia de la República (1958-1964) y fuerte aspirante a su suceder a su jefe, Adolfo López Mateos.
¿Y cómo, pues?, preguntará alcalde

El mudo

Al gobernador de Guerrero, Raymundo Abarca Alarcón, le faltaba un candidato para completar “su” Cámara de Diputados. Lo escogerá, como a los anteriores, mediante un discreto sondeo personal entre sus amigos y con una pregunta única: “¿qué harías como diputado local?”.
El primero es responderla es el licenciado JL Pérezvargas, amigo y vecino, quien llega al despacho con un regalo que RAA guarda en su escritorio
–Gracias, señorgobernador, muchas gracias por tan inmerecido honor que le agradeceré mientras viva. Como le digo, será para mí un honor representar a mi partido y a mi pueblo en tan augusta soberanía y acatar todas las sugerencias que provengan de su sabia conducción política.
“Porque le digo una cosa, señorgoberador: no descansaría un minuto promoviendo leyes en favor de los paisanos más necesitados. Defendería como león los derechos humanos y combatiría como caballero águila a los corruptos Y desde luego, me guiarían los postulados de mi partido, el PRI, único emanado de la Revolución y la sabiduría de sus consejos”.

El Huevotes

Cansado de zalamerías, el mandatario estatal ordena la presencia ante él de un viejo amigo, conocido simplemente como El Huevotes, en alusión a que vendía blanquillos en el mercado capitalino. Este responde a la pregunta así:
–¡Ah, pero cómo chingaos no, Mundo!, ¡de a madres que sí, hermano! Te juro, Mundo, que le romperé la madre a cualquier pinche diputado de la oposición que se refiera a ti en malos términos. También, te juro, Mundo, que nunca abriré el hocico ante los periodistas, los pinches mitoteros que tanto te critican, Mundo, y que en la tribuna sólo leeré los discursos que tú me hagas. Antes de venir a verte le ordené a mi vieja que mande a tu casa una caja de huevos para que nunca te falten en el desayuno. Tú nomás me dices, Mundo, cuando haya que terminar un mitin de la oposición a puro huevazo… ¡y una que otra piedra, por supuesto! Otra vez, muchas gracias, hermano, me harás el hombre más feliz de la Tierra, dueño de un fuero que yo sí sabré aprovechar.
¡Y El Huevotes fue diputado!

Judiciales

–¡Pepe, Pepe, intentaron secuestrar a Javier! –informa telefónicamente una angustiada Eloína Lopez Cano de Morales al gobernador José Francisco Ruiz Massieu.
–Cálmate, Lina, cálmate y dime como pasó –responde aquél.
Con voz temblorosa, la inminente directora del diario El Sol de Acapulco narra el suceso: Cuando su esposo, el ingeniero Javier Morales Bougart, llega a su despacho, ya lo esperan tres individuos armados que intentan inútilmente someterlo. Hábilmente, él logra evadirlos para encerrarse en su privado. Dentro, marcará el teléfono mil veces antes de la llegada de Lina.
–A ver, Lina , dime: ¿tiene Javier los perfiles de sus atacantes? –indaga el mandatario.
–¡Sí, Pepe, dice que parecían policías judiciales!
–¡Pero por Dios, Lina,qué me dices, si el noventainueve por ciento de los guerrerenses tienen facha de judiciales!
¡Gulp!

Ahora se lo traga…

El presidente municipal de Acapulco, Efrén Güero Villalvazo, es defenestrado por discrepancias con el gobernador del estado, y para relevarlo, el Congreso local nombra un Concejo Municipal. Lo encabeza el licenciado Luis Martínez Cabañas, quien asume el cargo el 6 de diciembre de 1955.
Integran el Concejo Munici-pal Jesús Rodríguez López, síndico, y ediles Martín Calvo, Jesús Chucho Añorve, Francisco Chico Arizmendi y Rogelio Noriega. Este último militante del gremio periodístico (y etílico), editor de la revista Acapulco.
Temple, carácter y honestidad puso en juego Martínez Cabañas para hacer memorable su paso por la administración pública municipal. Quería demostrar, y lo siguió, que los cargos públicos son para servir a los demás y no para servirse de ellos
Enrique Díaz Clavel, reportero del diario Trópico, fue testigo de un desagradable encuentro entre el presidente municipal y un sujeto insolente, sobrado de dinero e influencias. Llega el hombre (Sujeto X) al Palacio Municipal y sin solicitar audiencia penetra al despacho del primer edil. A éste no le sorprende la actitud de aquél sujeto porque le ha tocado lidiar con los de su clase y lo atiende solícito. Le recomienda que vea al síndico procurador para que le rebaje o cancele la multa que él considera improcedente y muy elevada. Es más, le ofrece llamar a Chucho (el síndico) para pedirle que lo atienda inmediatamente.
–¡A mí no me venga con esas! –interrumpe el Sujeto X. ¡No me confunda con su gentuza a la que trae de la seca a la meca sin chistar. ¡Exijo que me atienda usted en este momento!
–Vea al síndico, por favor, él le resolverá su problema –insiste el alcalde con el rostro enrojecido y seguramente contando hasta diez.
–¡A la mierda con su síndico procurador! ¡Todos ustedes son iguales de rateros y engañabobos, y mire lo que hago con su infracción, la hago trizas, sí señor, porque para mí no tiene ningún valor y me importa madre que la vuelvan a levantar mil veces!
Convertido en un energú-meno el Sujeto X recoge del suelo las tiras de papel y las arroja a los pies del alcalde. Engallado, provoca:
–¡Ande, señor alcalde, llame a sus pistoleros para que me golpeen y me remitan a la cárcel. Pero le digo una cosa, tengo dinero de sobra para comprar prensa, radio y televisión y arruinar la carrera política de usted y los suyos. ¡Y de paso proclamar que Acapulco es una mierda!
Hombre de mecha corta, Martínez Cabañas aparenta calma aunque su rostro está al rojo vivo. Llama a su único ayudante, a quien le susurra algo al oído y en voz alta le ordena que cierre la puerta con llave.
El Sujeto X, en tanto, permanece de pie, recargado en la pared, el rostro encendido, los puños cerrados y la respiración agitada. Balbucea palabras ininteligibles. ¿Qué espera?
En tanto, el presidente municipal recoge los pedazos de papel arrojados a sus pies por el entrometido y hace con ellos una pequeña bolita como mondongo del juego de canicas. Para esto, el ayudante del alcalde ha vuelto trayendo consigo una limonada Yoli, misma que el primer edil entrega al Sujeto X, junto con la bola de papel. Lo hace con palabras que parecían provenir de Zeus Tonante:
–¡Ahora se lo traga, hijo de la chingada o de aquí no sale vivo. Tráguese su insolencia y no olvide que a la autoridad municipal de Acapulco se le respeta! ¡Y otra cosa, cabrón, te tenemos bien ubicado a ti, a tu familia, para agradecerles todas las notas que contra Acapulco publiquen los medios, a los que dices que tienes de los huevos! ¡Órale pues, puto, tráguese su insolencia!
Díaz Clavel, cronista de Acapulco por muchos años, no pudo testimoniar que el Sujeto X haya deglutido la bola de papel o que simplemente se la haya guardado en la boca. De lo que sí dio testimonio fue del Acapulco y los acapulqueños que rompieron a tiempo con los distintas formas de vasallaje, intentado en diversas ocasiones, de dentro y de fuera,

El compadre Odilón

Caminando sobre la delgada línea entre la borrachera y la cruda, un hombre llega a la redacción del diario Trópico, exigiendo la rectificación de una información aparecida ese día. Ante Arturo Escobar, jefe de publicidad estalla:
–Es mentira, señor, como dice aquí, que mi compadre Odilón Carmona haya muerto en el seno de nuestra Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana, explica, mostrando el texto al que alude
–Está equivocado, señor, esto no es una información periodística –le explica Escobar. Se trata de una esquela mortuoria ordenada por la propia familia del difunto, como se estila en estos casos para informar un deceso e invitar a familiares y amigos a los rezos y misas en su memoria. El texto de la misma es el tradicionalmente acostumbrado, remata.
–Esquela o no, aquí dice que mi compadre Odilón murió en el seno de la Iglesia Católica y Romana y eso es mentira –estalla el hombre francamente enfadado. La verdad, señor, es que mi compadre Odilón murió apuñalado en la cantina El Jonuquito, muy cerca de las Siete Esquinas… ¡Eso es lo que quiero que aclare su periódico!

Bonachón

Durante la visita a México del presidente estadunidense Lyndon B. Johnson, un columnista local se referirá a él como “el presidente bonachón” que, en los talleres, el linotipista convertirá en “presidente borrachón”. Errata que no fue protestada y tampoco mereció ninguna aclaración por parte del autor, convencido, quizás, de que no haber faltado a la verdad.
Un año más tarde, cuando Adolfo Soto Edwars, autor de la columna, sea invitado por la Secretaría de Turismo a un viaje promocional a Estados Unidos, la embajada de ese país negará la visa al columnista. El rechazo vendrá acompañado de una fotocopia de la columna con la errata de borrachón por bonachón y sin ningún comentario.
El periodista intentará explicar el error, pero no será escuchado. Otra nota de la embajada gringa le aconsejará que “la fe de erratas”, debe ser oportuna”.
¡Ya ni Trump!

Cuestión de matices

La sucesión municipal tuvo en los años 60 tuvo un enfoque cromático más que político e ideológico. Fue analizado a partir de esa expectativa en una mesa del Café Tirol, junto a la Catedral de Nuestra Señora de la Soledad. Se inició a partir del alcalde en funciones.
Jorge Joseph (rubicundo).
Alfonso Villalvazo Alarcón (blanquito).
Canuto Nogueda Radilla (moreno moreno).
Ricardo Morlet Sutter ( moreno claro).
Martín Heredia Merckley (moreno moreno).
Israel Nogueda Otero ( moreno obscuro).
Aquí será donde se atore el análisis cafetero. La política cromática descendente que postulaban se trunca cuando llega a la alcaldía como sustituto un blanquito, Antonio Trani Zapata
“¡No la chinguen!”, claman indignados los postulantes de la teoría política cromática descendente, “le tocaba a Pascual Capote, Chimmy Monterrey!”.
¡Cosa más grande, caballero!