EL-SUR

Miércoles 01 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Y va otra vez de anécdotas

Anituy Rebolledo Ayerdi

Febrero 20, 2025

Cheque Cisneros

Ezequiel Cisneros Cárdenas , poeta y compositor del costagrandino Petatlán, autor de canciones emblemáticas como Cerca del mar, operó un restaurante en Pie de la Cuesta. Se llamó Rincón Bohemio y en él hacía gala de su pródiga inspiración y de su muy fino ingenio, particularmente en el ámbito anecdótico, él como protagonista principal, por supuesto. Como ésta:
Don Ezequiel o simplemente Cheque, descansa de un día de intenso ajetreo. Lo hace en la cadencia de una hamaca colgada en la enramada que ha construido como vivienda. Dormita.
–¡Don Cheque, don Cheque, le traigo unas letras que le envía mi patrón!
–¡No es necesario que grites, chamaco! Déjalas encima de la mesa para ponerles música ‘ora que tenga un tiempito.
–No pues, don Cheque, así me dice siempre. Dice mi patrón que ya están vencidas.
–¡Ay, mi niño inocente, se vence el acero!
–¡No pues, don Cheque: tan siquiera que me diga más o menos cuándo se las va a pagar!
–¡Ya chamaco, ya déjeme dormir que estoy muy cansado. Dile a tu patrón que soy compositor, ¡no adivino!

Juan García Jiménez

Juan García Jiménez, poeta guerrerense, acepta sin dudar el reto de encontrarle consonante a la letra patio, con premio de cartón de cerveza Sol:

Por decir Maravatío
dije una vez maravatio,
he ganado, señor mío,
hallé consonante a patio.

El autor de Remigio y La Chacha Micaila, comparte con tres reporteros del diario Trópico una mesa del bar El Rincón Chino: Enrique Díaz Clavel, Arturo Escobar y quien esto escribe. Enrique avista la entrada al lugar del agente aduanal Fernando Acosta, gran amigo de todos a quien invita a la tertulia.
Cuando don Fernando apenas ha tomado asiento, Juanito le entrega una servilleta en la que ha escrito:

Buen viento nos trae Acosta,
viene a engrosar el corrillo,
beberemos a su costa,
¡a costa de su bolsillo!

¡Y así fue!

Mama Testa

Teófilo Berdeja Aivar fue un abogado culto y muy prestigioso que gustaba indagar los orígenes de los apellidos de ambas costas, originario él mismo de la Grande, Tecpan de Galeana.
El apellido Magadán, discernía don Teófilo, no es africano, como se cree, sino genuinamente azteca. Es, como Petatlán: “lugar de petates”
–¿Y los Melo, señor licenciado?, pregunta el notario público Chanito Rivera, bien conocido por su simpatía e irreverencia. Comparten una sobremesa de cuatro comensales.
–Bueno, responde Berdeja con tono doctoral: Los Melo tienen su raíz en la Costa Chica, mientras que los Peláez la tienen en Oaxaca.
–¿Los Melo Peláez tienen el mismo tronco?, otra vez Chanito
Berdeja capta inmediatamente la intención y retoma el tema de los Testa, pero ahora de la Costa Grande. Recuerda con cariño a Manuelita Testa, a Joaquín Teste, a Dulcita Testa y a la abuela, cuyo nombre no recuerda en este momento…
–¿No era, acaso señor, la dama a la que todos llamaban Mama Testa?
Con un apenas audible con permiso, Teófilo Berdeja abandona el lugar..

Carita

Se han puesto “hasta atrás” los abogados locales que intentan emborrachar al magistrado Lacunza, de Chilpancingo, obviamente, en pos de favores. Ante la sorpresa de una cuarteta de legos , “su ‘eñoría “ se ha negado a tomar una sola copa.
–¡Una no es ninguna, mi señor!, le ha sugerido uno del grupo.
–No, de veras ahorita no me apetece!, responde.
–El vodka no deja olor, mi señor, le revela uno más.
–Este brandy español se pasa como agua, anima un tercero.
–No es que me haga el remilgoso, señores, ¡es que soy abstemio total!, termina el funcionario con aquella arremetida.
Será entonces cuando el licenciado Carlos Iglesias Soto, jefe de la Junta de Conciliación y Arbitraje de Acapulco, enojado por lo que considere un desaire del funcionario, se lanza a fondo:
¡Qué lástima, señor Magistrado, porque usted está desperdiciando la magnífica cara de borracho que tiene!

Pinches ricos

Nunca imaginó Antonio Díaz Lombardo que un alcalde pueblerino fuera capaz de enfrentar su enorme poder económico y político. Se llamó Luis Martínez Cabañas, síndico del alcalde de Acapulco, Efrén Villalvazo Alarcón (1955-1956), a quien sustituye en el último año de su gestión de dos años.
El alcalde Martínez Cabañas se presenta una mañana en la plaza Álvarez (luce como hoy mismo) acompañado de un piquete de demolición. Aunque la policía uniformada los protege, él lleva clavada sus “38 súper”.
Pico y mazos entran inmediatamente en acción para demoler un pétreo muro que divide la plaza a la mitad, entre Jesús Carranza y la Costera, y cuya línea imaginaria toca la puerta de la Catedral de Nuestra Señora de la Soledad. La demolición se lleva un buen rato porque se trata de una edificación poderosa, no obstante haberse ejecutado de noche.
Una vez retirados los escombros, toda la plaza será ocupada por trabajadores de la CROM, condenando el robo inaudito fraguado por el alemanista Díaz Lombardo y a todos que como él pretenden apoderarse de Acapulco. Anuncian que grupos de la central obrera harán guardia permanente en la plaza Álvarez, por si los ladrones quisieran regresar.
¿Y para qué diablos quería Díaz Lombardo la mitad del Zócalo de Acapulco?
Sencillo: para ofrecer estacionamiento gratuito a los huéspedes de su hotel La Marina, con 34 cuartos (hoy Bancomer) y a la concurrencia del bar ubicado en la azotea del mismo. El acceso vehicular sería necesariamente por la Costera.
Voces alarmadas condenarán el suceso, asegurando que había sido el propio presidente Alemán quien había terminado con los delirios de su cuate consentido y socio de apoderarse de Acapulco. Seguramente lo habría dicho al oído: “¡Acapulco es mío, pendejo!”.

Su mercé

–Le cuido su mercé –ofrece solícito un joven al alcalde Ricardo Morlet Suter, quien abandona el auto para incorporarse a la Banca del Zócalo, (reunión cotidiana y nocturna de viejos acapulqueños para hacer cera y pabilo de políticos, funcionarios y gobernantes).
–Gracias, chamaco, yo no necesito que me cuiden, me cuida mi pueblo –responde burlonamente de aquél.
–¡No, a usted, señor, a ese! –replica el muchacho señalando el flamante Mercedes Benz del que ha descendido.
–¡Se dice Mercedes!, chamaco pen…
El de Acapulco, como todos los alcaldes, gobernadores y funcionarios del país, poseían uno, principalmente negro, cargado al erario, por supuesto.
El presiente Adolfo López Mateos había conseguido en los primeros años de su gobierno la instalación de un armadora de autos de esa marca. Tratándose él de un político apasionado por las carreras de autos y también de las maestras de escuela, chapeadas. Adolfo López Mateos enfrentará acusaciones de ser socio de la Mercedez Benz y, por otro lado, de haber nacido en Guatemala.

Úrsula y Belmondo

La bahía de Acapulco esconderá entre reseñas un romance de alto voltaje, entre la hermosa Ursula Andress y Jean Paul Belmondo, el galán francés tenido por irresistible. Un percance lo hará saltar a los medios
Mientras vuela por primera vez en parachute, Belmondo está a punto de estrellarse contra la mole del Acapulco Hilton. Se salva del seguramente mortal encontronazo gracias a la habilidad de los operadores de la lancha que lo jala, Ángel Herrera y Jaime Escobar García.
Jaime pregunta a su hermano Arturo, jefe de Sociales y Espectáculos del diario Trópico, si le interesa una entrevista con ambos personajes. “¡Pero cómo chingados no!”
–Entonces vente, estamos echándonos unos coñaquitos para el susto.
Y claro que hubo nota, incluso internacional cuando Excelsior despliegue el percance en la primera plana de Últimas Noticias.
Tanto Ángel como Jaime serán premiados por Úrsula con un beso en la boca, “por haber salvado a mi amor”.
Jaime: “Me tuve que poner en pinganillas para alcanzarla”.
Ángel: “No me lave la boca en una semana”.

Nopal

Hay conmoción en el pueblo porque un enorme nopal ha surgido de la noche a la mañana en la torre de la iglesia. Escuece la opinión del señor presidente municipal en el sentido de que la integridad del templo está en riesgo, quedando por ello en sus manos la solución del problema.
Lo primero que hace el señor presidencia municipal es llamar al jefe de Obras Públicas, que es su compadre, y al que apodan El Capichocho, porque como ese pájaro ha construido una residencia con puro objeto robado.
Ambos presentan a los pocos días un raro y complicado andamiaje de madera, que parte del piso y se eleva hasta donde ha surgido el nopal. La obra se carga al ramo 69, “de estructuras complicadas”, y es detallada por los autores:
“Por la rampa subirá un buey que se quedará arriba hasta que consuma totalmente el nopal”.
Desmiente el ingeniero Hugo Arizmendi que el constructor haya sido del Poli.