EL-SUR

Lunes 01 de Marzo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Yo, Ciudadano

Florencio Salazar

Febrero 23, 2021

Los ideales son valores. Una crisis de ideales es, en último análisis, una crisis moral.
Giovanni Sartori.

La vida democrática es participativa, plural, incluyente, tolerante y determinante. Es participativa, porque sin ciudadanos sería simulación pura o vacío político. Es plural, porque en ella caben los adversarios y sus diferentes expresiones político-ideológicas. Es incluyente, porque admite a todos sin distinción de raza, credos religiosos ni posición económica, política y social, con las excepciones establecidas por la Ley. Es tolerante, porque acepta la participación aun de los enemigos de la propia democracia en tanto respeten sus reglas. Y es determinante, porque establece límites y sanciones en contra de quienes atenten contra sus normas.
Estas cinco condiciones hacen posible el desarrollo democrático con la participación ciudadana a través de partidos políticos, la concurrencia de los partidos a los procesos electorales y la competencia para formar parte de la representación popular y el poder político. El desarrollo democrático exige el marco legal, con el fin de garantizar la equidad en los procesos electorales, el acceso a la asignación de recursos públicos y a tiempos oficiales en los medios electrónicos, incluyendo las garantías de imparcialidad.
Todas las condiciones y los recursos referidos tienen como principio y fin al ciudadano. Ciudadano, para fines legales, es aquel que cumple 18 años de edad y puede obtener su credencial para votar. Sin embargo, el nutriente de la democracia es, además, el sujeto que interviene activamente en su entorno político y social, cumple con sus deberes y asume sus responsabilidades. Hablamos del ciudadano como el individuo que participa con responsabilidad política.
Participar es ser responsable del acontecer colectivo y actuar de acuerdo al interés general. Los partidos políticos organizan al segmento de la sociedad que los sigue, con el objetivo de obtener la representación mayoritaria y ser gobierno. Por eso la democracia es representativa y popular. Representativa, porque el ciudadano elige a quien lo representará en las cámaras legislativas y en el gobierno. Popular, porque el poder dimana del pueblo.
Para votar –elegir– se parte de varios supuestos: los ciudadanos votan por los más aptos con el propósito de tener óptimas condiciones de vida: educación de calidad, salud satisfactoria, puestos de trabajo y empleo, seguridad y justicia. Es obvio que los partidos políticos deben proponer a sus mejores candidatos, a los más preparados, con experiencia política-administrativa, reconocidos por sus buenos resultados y que gocen de honorabilidad y prestigio.
Con partidos políticos responsables y candidatos bien calificados, el ciudadano tendrá la oportunidad de optar entre quienes aparecerán en la boleta electoral. En los procesos electorales el ciudadano tiene un periodo de atención y un momento estelar. Periodo de atención, cuando los ciudadanos son asediados por partidos y candidatos en busca de su voto. Momento estelar es el de la emisión del voto, ese acto fugaz en el que, con boleta en mano, va a decidir por quienes lo van a gobernar. Momento estelar porque una vez que ha votado esa oportunidad se repetirá pasados tres y seis años. En ese lapso, lo más probable es que el ciudadano será espectador del juego de los intereses políticos.
Ya se ha dicho que verdaderamente se conoce al político en el ejercicio del poder. Cuando tiene el poder afloran sus virtudes y defectos. El poder es un animal que se domestica con principios, pero si no existen principios en quien gobierne el animal lo devora con la seducción de la influencia. El político sin escrúpulos –más que el ignorante– piensa que el poder es para su provecho y sus caprichos. El político que ha estado en el poder y ha abusado de él volverá a abusar si regresa a él. Entre más poder, más abusos.
La política es de principios y de resultados. La obligación del ciudadano es elegir con responsabilidad. Si elige mal –consciente de su mala elección– que se prepare para un futuro incierto. Por el contrario, del ciudadano responsable se espera que rechace a partidos, dirigentes y candidatos con historias de inmoralidad política.
Yo, ciudadano, decido. No se olvide.