EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Yo perdono a Peña Nieto

Jesús Mendoza Zaragoza

Julio 25, 2016

Pidió perdón el presidente Peña a los mexicanos, entre los cuales me reconozco. Definitivamente no está esperando mi respuesta pero le tomo la palabra. Él representa al sistema político que encabeza, un sistema corrupto y corruptor al que protege y en el cual se encubre. Representa a toda la clase política que ha perdido la vergüenza ante el país, al que ha llenado de dolor con un gobierno de simulación. En este contexto, yo he decidido perdonarlo porque no quiero vivir atormentado toda la vida por su infeliz recuerdo. No quiero conservar la rabia que me genera tanta corruptela porque me enferma y no quiero atizar el rencor hacia él porque no me reditúa algún beneficio. Quiero conservar la libertad y la indignación en mi mente y en mi corazón para emplear las energías que aún me quedan en la reconstrucción del país desde mi metro cuadrado.
Perdono a Peña Nieto y su sistema podrido, que incluye a todos los partidos políticos, pero no olvido las patrañas de su gobierno, que han llevado al país a una grave crisis en todos los sentidos con sus reformas estructurales y su necia forma de gobernar de espaldas al pueblo. Prometo mantener en mi memoria cada atropello y cada abuso con el fin de luchar para que ya no se repitan en adelante. Por olvidadizos, los mexicanos hemos permitido que este sistema haya llegado a producir tanta violencia y tantas víctimas. El olvido nos ha hecho daño y hemos permitido que se mantengan los corruptos en el poder. No olvido pero miro hacia el futuro con esperanza.
Perdono a Peña Nieto pero le exijo la verdad sobre el caso de la casa blanca, un caso emblemático de todas las corrupciones que se dan a lo largo y ancho del país. Los mexicanos requerimos la verdad en este asunto y requerimos la verdad sobre todos los presumibles actos de corrupción que abundan en el poder público. La verdad tiene que ser conocida y reconocida para liberarnos de la obsesión por el pasado y para concentrarnos en la edificación de un futuro basado en esa verdad. Seguir ocultando la verdad no hace más que atizar el fuego del enojo y de la desconfianza.
Perdono a Peña Nieto pero le exijo justicia y la reparación del daño causado. Cuando hablo de justicia, me refiero a aquélla que no se concentra en el solo castigo a quien ha causado este daño, sino en la restauración de las personas o instituciones afectadas. Se ha dañado la confianza en la investidura presidencial, en las instituciones públicas y, muy probablemente, se ha dañado el patrimonio de los mexicanos y, además, los legítimos intereses de quienes expusieron este caso a la luz pública este caso.
Le perdono al Presidente porque este perdón me pone en condiciones de no aferrarme al pasado, de no vivir prisionero de una memoria ingrata y de gastar mis energías en la construcción del futuro. Perdonando, mantengo firme mi indignación, reafirmo mi memoria, sostengo mi exigencia de verdad y de justicia y quiero poner mi parte para que el cáncer de la corrupción se reduzca en todas partes, sobre todo en el poder público.
Perdonar no significa borrón y cuenta nueva. Significa, además, apelar a lo que queda de humanidad en quien ha causado un daño, es interpelar a su conciencia para que dé una respuesta ética y se vuelva a la verdad y a la justicia. Y perdonar significa transformar la rabia y el rencor en una oportunidad para la solidaridad y para la compasión hacia las víctimas.
Le perdono al Presidente porque no quiero anclarme en el “error” que él mismo reconoció, relacionado con la casa blanca, ni quiero vivir obsesionado por ese error o delito, o lo que sea. Quiero gastar mis energías en cosas mejores, en imaginar, en proponer, en construir. Le perdono pero necesito creerle también. Para que esto suceda, él tiene que reconocer la verdad de lo que sucedió, tiene que hacerse justicia, y tienen que ponerse las condiciones para que este tipo de casos no se repitan. Hasta entonces voy a confiar y a creer en la sinceridad de su arrepentimiento.