Anituy Rebolledo Ayerdi
Abril 24, 2025
Cuando yo haya muerto no me lloren a gritos; no se vistan de negro ni me alumbren con cirios; ni sometan a fúnebres homenajes mi rígido cuerpo. Y tampoco me esculpan en mármol epitafios que no yo merezco.
Álvaro Carillo Alarcón no acostumbraba decir sus versos funerarios ante cualquier auditorio; los consideraba algo muy íntimos reservados sólo para sus amigos.
A muchos acapulqueños les complacerá escucharlos en la deliciosa precocidad de Alba Rosa Reina Aguirre, hija menor de Ramiro Reina y Lupita Aguirre .Ello durante largas jornadas musicales en el restaurante Sevavep (mixiotes y mezcal). Álvaro con su guitarra , por supuesto.
Cuando yo haya muerto
quiero una sola lágrima
que, nacida en el pecho,
humedezca los ojos de
un amigo sincero,
Y que brote un suspiro
más liviano que el céfiro
de los labios de alguien
que se duela en secreto.
Y, después… un pedazo de tierra,
una cruz y, por Dios, un recuerdo.
Al apagarse la voz dulce pero recia de la pequeña Alba Rosa, brotaba la ronquera rasposa de Álvaro para rubricar:
Y cuando yo me muera
ni luz ni llanto ni nada más.
Allí, junto a mi cruz,
tan sólo quiero paz.
El Jefe Cari
El autor de Amor mío había compartido con el profesor Caritino Maldonado Pérez las vigilias amargas de la derrota política. El consuelo les había llegado a través de una guitarra bien pulsada y una voz grata interpretando canciones amorosas y sin faltar lo más selecto del folclor guerrerense-oaxaqueño.
Por eso, a la hora del triunfo grande tan largamente esperado, el antiguo compañero de infortunios llevará la primera voz del Himno de la Victoria. El popular Jefe Cari asumía, finalmente, la gubernatura del estado de Guerrero (1 de abril de 1969), y la celebración no sería diferente: una guitarra bien pulsada , una voz grata entonando hossanas y muchos tragos rasposos. Triunfantes, Caritino y Álvaro cantaron una y otra vez :
Eso merece un trago, merece dos, merece muchos, verdad de Dios (Carrillo, 1958, interpretada por Miguel Aceves Mejía).
La tragedia
Un Álvaro Carrillo desprotegido, vulnerable si hemos de aceptar que “la sombra” lo había abandonado aquella mañana del 3 de abril en que regresaba con la familia a la Ciudad de México. El automóvil familiar es tripulado por un viejo y esmerado amigo. El autor e intérprete viaja en el asiento del copiloto, mientras que su esposa, doña Ana María Incháustegui de Carrillo, lo hace en el asiento posterior acompañada por sus dos pequeños, Pedro Alvarito y Mario Alberto
Tema de la conversación inicial debió referirse a la generosidad del Jefe Cari y en general de todos los gue-rrerenses. “¡Me tienen como a uno de los suyos y vaya que lo soy!”, comenta Álvaro. Y lo agradecidos que estamos por ello , responde doña Ana María.
Para entonces el auto devora la autopista Cuernavaca-Ciudad de México y el chofer anuncia la próxima caseta de cobros. Faltan pocos minutos para las siete de la noche. De pronto un impacto brutal lo oscurece todo. ¿Qué pasó?. Nadie podrá contestarlo, Alvaro y el chofer mueren inmediatamente. La señora Incháustegui de Carrillo y los niños son llevados al hospital donde ella muere poco después, logrando ellos sobrevivir milagrosamente.
Insólito y malhadado accidente: Un automóvil tripulado por una dama había volado desde el carril contrario, para proyectarse como bólido contra la unidad de los Carrillo, destruyéndola. Ella tampoco sobrevivirá.
La Sociedad de Autores y Compositores de México no acatará ninguna de la voluntad postrera del secretario de su Consejo Directivo. Le dedicarán homenajes, epitafios y efigies marmóreas. Una sí: ser sepultado junto con su esposa mientras un coro interpreta:
Hay ausencias que triunfan
y la nuestra triunfó,
Amémonos ahora con la paz
que en otros tiempos nos faltó.
El bolero
A casi medio siglo de que el bolero siente sus reales en México y una vez transitada la ruta La Habana-Yucatán, Álvaro Carrillo lo reanima dándose aires nacionalistas. Se mete a fondo en la estructura ya esclerosada del género y le asegura una larga vida como baluarte del romanticismo de nuestro país. El musicólogo Juan S. Garrido comenta al respecto:
“La obra de Alvaro Carrillo está impregnada del romanticismo que imperó en nuestro país a partir de la aparición de Agustín Lara, apartándose de influencias tan notorias en otros creadores. Hay en sus canciones un sello de patente originalidad y sabor mexicano”.
Efectivamente, acepta el doctor Pablo Dueñas (Historia documental del bolero mexicano), el compositor oaxaqueño renovó la canción sentimental con modalidades modernistas que perduran hasta nuestros días. Sus boleros, con una cadencia distinta a la usada a fines de los años cincuentas, tuvieron tanta aceptación que formaron una muralla contra los géneros llegados de fuera por aquellos años. Al mismo tiempo, abrió con sus interpretaciones la corriente del feeling, una forma jazzeada del bolero. Armando Manzanero, su mejor alumno.
Por su parte, la musicóloga Yolanda Moreno Rivas (Histo-ria de la música popular mexi-cana) recuerda que en los cin-cuentas el bolero estaba ame-nazado por el híbrido bolero-ranchero. Urgía entonces una defensa mediante la reestruc-turación del género. En este pro-ceso participaron Vicente Ga-rrido (Un solo corazón), José Antonio Méndez (Si me com-prendieras) César Portillo de la Luz (Contigo en la distancia) y Alvaro Carrillo (Sabor a mí).
La Chilena
La versatilidad es otra veta interesante en la obra de Álvaro Carrillo. Su quehacer vernáculo es particularmente valioso por sus ritmos y contenidos, compartiendo con otro grande de Guerrero, José Agustín Ramírez, el mérito de dar carácter urbano a la música regional llamada chilena. Él la llama “arpegio cumbre que bailan los dioses” (Canto a la Costa Chica).
Pinotepa es a no dudarlo la forma mejor acabada del género musical representativo de la Costa Chica. En la misma línea de Ometepec, de José Agustín Ramírez; la Sanmarqueña, del presbítero Emilio Vázquez; Verdad de Dios, de Vidal Ramírez; Guerrero es una cajita, de Antonio I. Delgado, y Atolito con el dedo, de mi compadre Tadeo Arredondo.
La chilena más popular de nuestro hombre es La Sureña, mejor conocida como El negro de la costa (soy el negro de la Costa de Guerrero y de Oaxaca y no me enseñen a matar porque sé cómo se mata y en el agua sé lazar sin que se moje la reata). Otra es La Cortijana (de la pila nace el agua, de la caña el aguardiente y de las mujeres costeñas nacen los hombres valientes) y El amuleto (si zapateas bonito, yo te prometo, hacer de tus zapatos un amuleto).
Su obra
Cancionero, Eso, Como se lleva un lunar, Luz de luna, Seguiré mi viaje, Un segundo después, La mentira, El andariego, Te doy dos horas, Sabrá Dios, Besos ocultos, Amor mío, Alingo lingo, Arrullo, Barrio pobre, Cacahuatepec, Cada muchos años, Cáncer, Criatura, De qué sirvió quererte, Diariamente, Dos horas, Eso, Grito, Eso merece un trago, La amuzgueñita, La hierbabuena, La señal, Mi duda, No te vayas, no, Orgullo, Pinotepa Nacional, Puedo fallar, Sabor a mí, Un poco más, Ya no estás, Ya vivimos, Yo después.
Sus intérpretes
María Victoria, Antonio Prieto, Sonia y Miriam, Virginia López, Pedro Vargas, Pepe Jara, Marco Antonio Muñiz, Los Hermanos Reyes, Linda Arce, Irma Carlón, José José, Yuri, Pepe Ramos, Los Ases, Los Duendes, La Rondalla de Saltillo, Teresita, Eugenia León, Dulce, Los Galos, Vicente Fernández, Alejandro Fernán-dez, Ana Gabriel, Los Panchos, Javier Solís, Sonora Santanera, Rodrigo de la Cadena, José Luis Mejía, Jorge Muñiz, Carlos Cuevas y más
Intérpretes internacionales
Eddie Gormé, Doris Day, Rocío Durcal, Dyango, Julio Iglesias, Gloria Lasso, Tania Libertad, Frank Sinatra, Luis Miguel, Pablo Milanés, EXO (grupo coreano), Monsieur Periné, Percy Faith
Armando Manzanero
Armando Manznero graba en el año 2000 un CD con temas de Álvaro Carrillo y aprovecha la portada del disco para escribirle una misiva
“Alvaro: Todos los que amamos la buena música sentimos mucho que te hayas ido tan pronto de este mundo, que tanto te necesitaba como compositor
Ya ves cómo son estas cosas. Cuando estabas entre nosotros fuiste un compositor con mucho éxito. Desde aquí quisiera que supieras que ahora tienes más éxito que nunca, que tus canciones son interpretadas por nuevas generaciones y gustan como no tienes una idea.
Soy compositor y nunca tuve el privilegio de ser el cantante que hubiera querido ser. Sin embargo tengo la audacia de interpretar diez temas tuyos en este disco y lo hago con todo mi amor y admiración hacia tu obra.
Tarde o temprano nos sentaremos tú y yo en el lugar en el que estás y al que todos llegaremos y me darás tus comentarios.
Tu amigo y hermano de ahora y siempre:
Armando Manzanero.