EL-SUR

Sábado 22 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Yoko Ogawa: cuando nieva más de lo usual

Adán Ramírez Serret

Noviembre 05, 2021

Una de las tradiciones más potentes y originales de la literatura universal es sin duda la japonesa. Se trata de una escritura que parece contener no sólo otros escenarios: la isla con sus cerezos, volcanes y ciudades medievales o futuristas; también, en las páginas de esta literatura parecen habitar otro tipo de seres humanos.
Pienso en obras que van de piezas tan clásicas como La historia de Genji, de Murasaki Shikibu; en una obra de hace cien años, Kokoro, de Natsume Soseki, o la más reciente, Los amores de Nishino, de Hiromi Kawakami, por no hablar de los grandiosos Mishima y Kawabata o el ultra popular Murakami y muchos y muchas más.
Mientras he leído a todos estos autores, y ahora que apenas descubro a Yoko Ogawa (Okayama, 1962), pienso que en general la tradición de la literatura japonesa va en el sentido contrario al de la occidental, al menos la europea, en la cual hay una exploración de los sentimientos humanos, una constante pregunta de la razón, la causa de sufrir odio, amor o deseo y las consecuencias de ello.
Mientras que, en los japoneses, tengo la impresión que, más bien, observan los sentimientos, reflexionando con extrañeza y sorpresa sobre el fenómeno de sufrir pasiones soterradas y ajenas muchas veces, sobre aquello que significa ser humano. Como Franz Kafka en la literatura europea.
Mientras leía La policía de la memoria, de Yoko Ogawa, pensaba en esa forma de ver el mundo un tanto extraterrestre; así que este es el planeta Tierra, se lee entre líneas, y estos extraños animales y humanos lo habitan.
La novela comienza con la desaparición de las aves en la isla. Las cosas han ido desapareciendo paulatinamente. No sólo los animales, las flores y muchos alimentos; también los sentidos humanos capaces de percibir el mundo.
El sentido del olfato, por ejemplo, se ha esfumado. Un grupo de ballenas ha encallado en la playa y nadie es capaz de percibir la putrefacción de los días posteriores. Por lo tanto, objetos como los perfumes desaparecen, pues ya nadie puede apreciarlos…
Sin embargo, hay algunas personas que siguen manteniendo muchos de sus sentidos, por lo tanto, conservan una cualidad muy peligrosa en ese mundo: la memoria. Por lo cual hay una policía que se dedica a perseguir a aquellas personas que no pueden olvidar y resisten recordando.
La novela la narra una joven escritora, quien recuerda en las primeras páginas a su madre enseñándole un pequeño frasco con un líquido; la niña siente el impulso de beberlo, pero su madre le dice que no, que en el pasado era usado para oler bien; la niña se siente extrañada, aspira el frasco, pero no puede percibir nada.
El relato va de la vida solitaria de la escritora, en donde solamente se relaciona con un hombre mayor que vive en un ferri abandonado, con su editor y con un joven que es su profesor de mecanografía.
La novela está escrita en 1994, pero mientras la leía, parecía casi una obra hecha durante la pandemia, porque habla de la pérdida del olfato y de un mundo que está cambiando tanto, que la nueva realidad tiene que ver poco con la anterior.
Yoko Ogawa tiene una escritura que mete al fondo las manos en la extrañeza, en el frío de la nieve, con frases de una belleza consumada: “A veces imagino que sujeto tu corazón entre mis manos y lo contemplo. Es justo el lugar adecuado para descansar en la palma de mis manos y tiene una textura carnosa y gelatinosa. Lo sostengo con devota aprensión, consciente de que un leve descuido bastaría para que se me resbalara y cayera al suelo. Cierro los ojos para sentir por completo cómo su calidez se filtra a través de mi piel. Y así, con el corazón en las manos, la textura de todos aquellos objetos olvidados se va materializando y poblando mi memoria”.
Una literatura cargada de atmósferas, de lugares azotados por nieves, tormentas y neblina. Una novela en donde a partir de la sorpresa de ser humanos, se descubre la belleza de la memoria, de la escritura; la brutalidad del olvido.
Yoko Ogawa, La policía de la memoria, Ciudad de México, Tusquets, 2021. 390 páginas.