Silvestre Pacheco León
Mayo 05, 2025
Se dice fácil pero son ya 25 años del gobierno de Ernesto Zedillo. En realidad nada para estarlo recordando, salvo por la enorme deuda de 73 mil 775 millones de pesos que su gobierno usó para rescatar a los banqueros cuando el efecto tequila de la crisis requirió de respaldo para el ahorro de sus clientes, un préstamo que convirtió las deudas privadas en públicas.
Ahora sabemos que el ex presidente pactó con el gobierno estadunidense un préstamo por 40 mil millones de pesos bajo la condición de que le entregara el poder al PAN. Esa es la democracia en la que cree el ex presidente, la que pactan las élites y los electores acepten dócilmente.
Muchos priístas no lo supieron entonces pero ese presidente al que encumbraron tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio, fue quien entregó el poder a la derecha. Bueno, eso es un decir porque más bien se trató de una connivencia en el poder con el PAN porque Vicente Fox siguió el mismo modelo de favorecer a los de arriba llevando a priístas como Francisco Gil Díaz al puesto clave de la Secretaría de Hacienda.
Cuenta en sus memorias Francisco Labastida, entonces candidato priísta perdedor frente a Vicente Fox, que, a propósito, Ernesto Zedillo le entregó un partido quebrado financieramente, se entiende que para facilitarle el triunfo al panista. Claro que Labastida no dice que para financiar su campaña saqueó a Pemex con un desvío de 500 millones de pesos por intermediación del sindicato petrolero, lo que a la postre le ocasionó una multa al PRI de parte del IFE por mil millones de pesos, y sin haber ganado porque el resultado de la votación ya estaba decidido. El tirano Zedillo ganó con el triunfo de Vicente Fox.
Así, sacrificando a su candidato el presidente pudo tener contento al poderoso vecino, rescatando a los banqueros.
Claro que ahora que se pone de moda el tema del Fobaproa al grado que tendrá una comisión para investigarlo, salen nombres a la luz de personajes ligados a Morena a los cuales no habrá que perderlos de vista por aquello de que debería prohibirse su participación en política de aquellos acostumbrados a los negocios.
La deuda del rescate bancario llamado Fondo Bancario de Protección al Ahorro, mejor conocido como Fobaproa fue propuesta por el gobierno de Ernesto Zedillo y aprobado por los partidos PRI y PAN en el Congreso, y desde entonces se ha cubierto más del 50 por ciento del dinero destinado al rescate de los ricos sin que la deuda disminuya. Hasta septiembre del año 2023 se había pagado por concepto de intereses y gastos de administración, un billón 813 mil millones de pesos, pero como su aumento se determina por el tiempo y la inflación todo indica que seguiremos pagando durante varias generaciones mucho más dinero del que se gasta en financiar todos los programas sociales.
Esos dos ex presidentes, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo encarnan lo que explicaba López Obrador cuando insistía en que Estados Unidos descubrió que era más fácil tener el control de México a través de la educación ideológica de los jóvenes ambiciosos que estudiaban en sus universidades en lugar de gastar en la formación de oficiales en la academia militar de West Point para dar golpes de Estado. En adelante el trabajo a favor del capital y dominio imperialista esos jóvenes lo harían desde el gobierno. Carlos Salinas estudió en Harvard y Zedillo en Yale, excelentes empleados de Washington.
¿Por qué otra cosa podríamos recordar aquel presidente que llegó a la cumbre del poder a raíz del asesinato de su correligionario Luis Donaldo Colosio, impuesto como candidato para sustituirlo por la mano de Carlos Salinas de Gortari en una consagrada maniobra donde nada tuvo que ver el voto democrático de los priístas?
¿Por qué el ex presidente aparece un cuarto de siglo después en el país criticando la iniciativa de elegir el nuevo Poder Judicial acusándola como una medida autoritaria cuando él en enero de 1995 de manera autoritaria jubiló y despidió a los 26 miembros de la Suprema Corte de Justicia porque eran adictos a Carlos Salinas de Gortari, nombrando a su gusto a los nuevos miembros de ese poder?
Zedillo no tenía carisma, era autoritario y ni siquiera sabía tratar a la gente común. Aparte era déspota y sin chiste. ¿Se acuerdan de aquella visita al puerto de Acapulco después del huracán Paulina, mal tratando al senador de la república guerrerense porque quiso hacer uso de la palabra en su conferencia de prensa y luego cuando hizo mofa de un niño al que cuestionó preguntándole si de grande quería ser como Félix Salgado Macedonio?
Bueno, pues ese mismo presidente en una gira por Veracruz calló agresivamente a una persona porque reclamaba la falta de ayuda oportuna por parte de su gobierno ¡Cállese –le gritó–, no me interrumpa, porque yo soy el único representante de los 93 millones de mexicanos”.
¿Se acuerdan que un año después del levantamiento armado del EZLN cuando los mexicanos nos manifestamos en las plazas públicas por una salida negociada del conflicto para que se preservara la paz, el gobierno zedillista pretendió engañarnos dando un golpe de mano al ordenar la aprehensión del subcomandante Marcos con el argumento de que se había descubierto su identidad, sin importarle que esa decisión hubiera provocado una guerra civil?
La lista de sus yerros podría crecer si hacemos memoria de la represión contra los movimientos populares únicamente enlistando lo sucedido en Guerrero durante su gobierno, como la matanza de campesinos en Aguas Blancas, el ataque en El Charco asesinando a indígenas desarmados.
¿Estará indignado Ernesto Zedillo porque el actual gobierno busca recuperar la red de ferrocarriles que él liquidó?
¿Pensará que está en riesgo la pensión vitalicia que le concedió el Banco de México de casi 150 mil pesos mensuales que recibe sin pudor?
Por eso insisto que quizá lo más sano para la república fuera prohibir a los ex presidentes opinar sobre la vida nacional y que cada quien se atenga a que sea la historia la que los juzgue.
Pongo como ejemplo la libre decisión que tomó Andrés Manuel López Obrador de guardar silencio y jubilarse de la política al terminar su mandato para que sea la historia quien lo juzgue.
Para quienes tengan interés en conocer más a fondo la limitada formación política de Ernesto Zedillo tendrán oportunidad de hacerlo leyendo la casi desaparecida revista de Enrique Krauze, Letras Libres, donde el ex presidente se estrenó con un ensayo cuyo título De la democracia a la tiranía, bien podría leerse al revés.