EL-SUR

Viernes 19 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Zihuatanejo, misión y destino / X

Silvestre Pacheco León

Marzo 18, 2018

El modelo del capitalismo salvaje

A principios de los 1980 la situación social en la zona urbana de Zihuatanejo era caótica como en el campo, aunque el flujo del turismo en constante aumento y la economía boyante la trataban de ocultar.
Ya en esa época y aunque no lo supiera, la mayoría de la población local era de inmigrantes (sólo un pequeño grupo de habitantes originarios nostálgicos se engañaba al respecto).
El número de habitantes crecía de manera exponencial aunque no hubiera un registro puntual de parte de las autoridades, pero eso era evidente cuando se miraba que imponían su sello en la ciudad con los asentamientos humanos irregulares que creaban y después se legalizaban en un proceso que de tanto repetirse se convirtió en otro atractivo para vivir en el puerto ante la expectativa de hacerse de un patrimonio.
Las viviendas precarias comenzaron a emerger como los hongos en las faldas de los cerros, dilatando los límites impuestos por las autoridades, hasta que la presión social por la demanda de servicios no pudo ocultarse.
En en esa época fue cuando se impuso la política perversa de lucrar con la necesidad de la gente negociando a través de líderes venales permisos ilegales para asentarse. Así, el proceso de urbanización se realizó a costa de los propios precaristas quienes con la promesa de la legalización se hicieron cargo de la apertura de calles e introducción de los servicios.
La urbanización de Zihuata-nejo para convertirlo en destino turístico de clase mundial se impuso desde fuera sin ninguna oposición o alternativa local bajo el método depredador del capitalismo salvaje.
En pocos años el modelo impuesto provocó la desaparición de especies vivas y endémicas como la almeja roja, y casi se agotaron las langostas, los ostiones y las tortugas que tanto proliferaban en el litoral.
Animales y plantas en peligro de extinción vivieron la peor época en la región porque con el turismo se creó el mercado para su venta.
Fueron saqueados de sus playas los corales, conchas y ripios; la arena, grava y piedras de los ríos y los cerros para la construcción; la tierra para jardín y la madera para la construcción de cabañas y casas de veraneo.
La red de manglares que constituía una barrera natural contra los vientos de ciclones y tormentas, fue deforestada en provecho de su inapreciable madera perseguida por los constructores, y lo mismo pasó con la variedad de palmas endémicas utilizadas entretejidas como techo fresco de las casas veraniegas.
En pocos años la mayor riqueza biológica local contenida en la zona lacustre de Ixtapa con sus esteros, lagunas y manglares, fue exterminada, y sólo quedaron como recuerdo de aquel paraíso los cocodrilos como la especie sobreviviente de aquella catástrofe.
Los trabajadores inmigrantes sufrieron la peor parte en el proceso de creación del emporio turístico. Si bien los empleados de los hoteles contaban con sus sindicatos nacionales para la protección de sus derechos, los peones de la construcción que en pocos años pasaron de campesinos a peones albañiles, fueron siempre sujetos de la más oprobiosa explotación de parte de su patrones y contratistas que no respetaban ni la jornada laboral de ocho horas y tampoco el pago de horas extras, vacaciones y pago puntual.
En toda la etapa de construcción fue escandalosa la extorsión y el robo de parte de la policía contra los trabajadores. En aquella época la cárcel se abarrotaba con trabajadores detenidos los fines de semana. Se decía incluso que los días sábados los policías estaban autorizados para robar a manos libres para cobrarse su salario

La debilidad de la clase política local

El proyecto turístico de Zihuatanejo fue pues un modelo impuesto a la población local que aceptó calladamente toda clase de abusos y excesos de los funcionarios fuereños quienes decidieron en su lugar el futuro del puerto.
La creciente demanda insatisfecha de los servicios públicos como el agua, la luz, el drenaje, mostraba la debilidad de las autoridades municipales incapaces de atender semejante volumen de servicios sin contar con recursos frente a la intromisión de organismos de los gobiernos federal y estatal como el Fondo Nacional de Turismo (Fonatur) que administraba la zona hotelera de Ixtapa, y el Fideicomiso Bahía de Zihuatanejo, (Fibazi) responsable de la cabecera municipal.
Sin acceso al presupuesto público para atender la presión social de demanda de servicios y avasallados por los organismos que los manejaban, las autoridades locales encontraron posición cómoda en el negocio de los bienes inmobiliarios. La acumulación de terrenos mediante prestanombres fue el método sistemático del poder caciquil que había de enfrentar en los años siguientes la aparición de la oposición política que estaba por emerger como parte de la respuesta de esa población de inmigrantes que era ya mayoría.
Se podría decir que la debilidad política local que carecía de cuadros formados para intervenir en todos los cambios que se vivieron en el puerto se debió a la relativa juventud del municipio que no alcanzaba los 30 años de haberse creado.
Y se entiende que así haya sido porque en toda su vida anterior no hubo en Zihuatanejo una clase política fuerte, pues el propio gobierno se encargó siempre de domesticar a los pueblos, a veces con medidas mediatizadoras, a veces con represión.
Esto último había sucedido en Zihuatanejo casi dos décadas atrás. El hecho lo ha contado el cronista de la ciudad Rodrigo Campos Aburto, quien recuerda que en septiembre de 1961 el gobierno de Adolfo López Mateos mandó detener a poco más de dos decenas de ciudadanos connotados de Zihuatanejo, Pantla y El Coacoyul, acusados de estar involucrados en la asonada contra su gobierno que supuestamente organizaba el general revolucionario Celestino Gasca, quien en aquel año lideraba a una organización llamada Federacionistas Leales.
No se supo si la acción contra esos vecinos también se empleó para amedrentar a seguidores de la Asociación Cívica Guerrerense del profesor Genaro Vázquez Rojas cuyo movimiento en ese año había depuesto al represor gobernador Raúl Caballero Aburto, autor de la masacre del 30 de diciembre en la Alameda Granados Maldonado de Chilpancingo, perpetrada contra quienes luchaban por la autonomía universitaria. El caso es que después de logrado el escarmiento fueron puestos en libertad sin disculpa de por medio.
Veinte años después, en el mismo puerto de Zihuatanejo, conocí a un grupo de campesinos que portaban credenciales de aquella organización de Celestino Gasca, liderados por el finado Benito Landeros, quien se las vendía como salvoconducto para portar armas.