EL-SUR

Viernes 19 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Zihuatanejo, misión y destino XXII

Silvestre Pacheco León

Junio 17, 2018

En el debate de ayer entre las candidatas y candidatos a la diputación local por el distrito 01, que corresponde a la capital del estado, una de las coincidencias que el público aplaudió, fue la referente a la cancelación de la ciclovía del Huacapa, obra millonaria del gobierno estatal, adjudicada sin concursar, sin Manifiesto de Impacto Ambiental y sin antes sanear el río, que es su principal atractivo.
Tulio Estrada, Silvia Mosso, Luis Estephano y Norma Otilia Hernández hicieron el compromiso de investigar la asignación de la obra para denunciar sus irregularidades y detener la agresión que sufre la zona arbolada por dicha construcción.

La URUEPG, una organización campesina de nuevo tipo

Al año siguiente de que los ex activistas del PMT en la Costa Grande iniciamos el trabajo campesino con los socios de las empresas ganaderas ejidales de la Unión y Zihuatanejo, paralelo al proyecto de creación del PSUM como el gran partido de izquierda, la propuesta de crear una organización que respondiera a los intereses de los socios de las empresas ejidales comenzó a discutirse, primero en el seno de cada comunidad y después en reuniones semanales que se realizaban todos los sábados en las instalaciones que la empresa ejidal ganadera de La Unión tenía en el poblado de El Chico, a la orilla de la carretera federal Zihuatanejo-Lázaro Cárdenas.
En ese proceso de profundo contenido educativo, la idea de organizarse surgió como una necesidad natural de la problemática en la que los ejidatarios asociados se compenetraron cuando se propusieron recuperar, para su beneficio, las inversiones federales y los créditos que estaban a su nombre.
La organización fue un punto de llegada, no el de partida como fueron concebidas en general las empresas ejidales y cualquier tipo de proyecto colectivo para el campo.
Pronto en las discusiones identificaron entre la burocracia de las dependencias federales a los funcionarios que podían ser sus aliados para la mejora de sus proyectos y aquellos que definitivamente eran obstáculos a sus propósitos.
En la capacitación que los socios de las empresas recibieron, todos aprendieron el origen del dinero público que el gobierno destina a los programas del campo.
Supieron que gran parte de esos recursos provienen de empréstitos internacionales que el gobierno negocia a largo plazo y con muy bajo interés, convertido luego en deuda pública cuya justificación es precisamente el desarrollo de los habitantes y regiones a donde se destinan.
También aprendieron el modo de operar del banco rural, las líneas de crédito que tenía autorizadas y los requisitos que los campesinos debían cubrir para acceder a sus recursos, así como las ventajas que ofrecía dicha institución en comparación con la banca comercial que casi nunca tenía recursos disponibles para el campo.
Uno de los actos que más fogueo permitió a los futuros dirigentes de la Unión Regional de Unidades Ejidales de Producción Ganadera –que se fundó en mayo de 1981 agrupando a mil 500 campesinos– fue la disputa que tuvieron con los funcionarios del banco rural, a quienes demandaban la entrega de una copia de sus contratos de crédito conteniendo el monto contratado, y sus estados de cuenta para saber las cantidades abonadas y los adeudos atrasados.
Como nunca surtía efecto la solicitud de dichos documentos realizada de manera particular, aún en el caso de las empresas ejidales mejor organizadas, se planeó hacerlo en colectivo, para lo cual solicitaron una reunión regional y por escrito con los funcionarios del banco.
En el lapso que transcurrió entre la solicitud de la reunión y la fecha acordada, los funcionarios, que ya estaban al tanto del movimiento que se gestaba, promovieron reuniones urgentes con los directivos de cada empresa tratando de contener la inocultable protesta.
Pero como la consigna de esperarse hasta la reunión general se adoptó colectivamente, los empleados del banco se encontraron con una respuesta similar en todos los casos.
En la fecha acordada, los campesinos de 11 ejidos se dieron cita en las instalaciones que el banco rural tenía en la ciudad de Petatlán como oficinas regionales.
Mario Rodríguez Núñez fue quien presidía la reunión, era el gerente regional del banco, era un hombre alto y de gesto adusto, de cara redonda, pelo escaso y cuello como en pliegues que me recordaba siempre a un muñeco de ventrílocuo por su voz delgada que parecía ajena a su físico.
Desde el principio de la reunión quiso imponerse pidiendo que quienes no figurábamos como parte de las empresas abandonáramos la reunión. Esa fue su primera derrota, porque a través del portavoz que se había nombrado por parte de los ejidos fuimos presentados como sus asesores, que requerían junto a ellos.
El siguiente paso mal dado por el gerente regional fue cuando quiso imponer el orden, tratando de dividir las participaciones, nombrando a sus conocidos para que expusieran separadamente sus problemas.
Cuando le respondieron que traían un documento que resumía los planteamientos de todos y un expositor que le daría lectura, el funcionario no tuvo más opción que aceptar.
Entonces, Jesús García de la Cruz, el campesino dirigente intelectual de la empresa ejidal de Buena Vista, pasó al frente, y con su actitud serena, dando el énfasis correspondiente al contenido del documento, lo leyó sin interrupciones, denunciando el trato despótico del personal del banco y demandando el respeto correspondiente para todos ellos que en adelante se considerarían como sus clientes.
En ese tenor se quejaron que en las sucursales del banco sus empleados les negaban las copias de sus contratos de crédito y los estados de cuenta, ocultando un manejo mal intencionado de los pagos que realizaban sin ver cómo se aplicaban pero con caída inducida en cartera vencida con el daño patrimonial correspondiente.
Todavía en la respuesta a las acusaciones, denuncias y demandas tan directas que se hicieron, el funcionario aludido pretendió hacerse el desentendido de dicha problemática, fingiendo desconocer esa realidad, y en una jugada maestra quiso salirse por la tangente al instruir verbalmente a su personal para que en el plazo de una semana entregaran a cada empresa una copia de su expediente, y con esa instrucción quiso dar por concluida la reunión.
Hasta ese momento el funcionario comprendió que el asunto era bastante más delicado porque la actitud de los campesinos comenzó a endurecerse.
Cuando el mismo campesino humilde pero firme como una roca tomó la palabra para decirle que era acuerdo de todos mantenernos en el lugar hasta que se consumara la entrega de los documentos solicitados, el gerente tuvo que dominar su ira y pretendiendo una última jugada a su favor dijo que debía abandonar la reunión porque lo esperaban para una ceremonia en las oficinas de Atoyac y apenas tenía tiempo de llegar.
“Le pedimos que tenga paciencia, como nosotros la hemos tenido tanto tiempo sin que ustedes hicieran caso de nuestras peticiones. Así que con todo respeto, le informamos que nos iremos todos juntos cuando nuestra petición sea resuelta”.
A partir de ese día la actitud de todos cambió.