Uno de los retos de la vida en democracia es lidiar con los desacuerdos, y entender qué es tolerable y qué no. Hay muchos que piensan que ser tolerante es asumir que hay algo de razón en cada posición. Hay muchos otros que, siguiendo ese razonamiento, consideran que todo es tolerable, y que con ello consideran permisibles posiciones que atentan contra el marco mismo de convivencia en libertad. Esta concepción tiene su espejo en quienes piensan que el desacuerdo es necesariamente producto de la deshonestidad o de la maldad. Ambas tienen en común la condena del desacuerdo, sea porque lo consideran aberrante o porque lo consideran ilegítimo. Conforme se acercan las elecciones de 2018, estas posiciones se hacen cada vez más presentes, y cada vez más dañinas.
Una de las bases fundamentales del pensamiento democrático es entender que la verdadera tolerancia implica aceptar que el otro puede tener una posición con la que uno no comulga en lo más mínimo, y que ambos están en su derecho. La riqueza de la democracia estriba no sólo en las posibilidades del consenso, sino en que establece reglas y condiciones que permiten el disenso. Yo tengo pleno derecho de pensar que el otro está equivocado de pies a cabeza, y no estoy obligado en lo más mínimo a pensar que tiene razón, ni siquiera un poco, pero no tengo derecho a golpearlo por ello. Lo mismo ocurre en sentido contrario: el otro puede estar en completo desacuerdo conmigo, pero mi derecho a pensar diferente es inalienable.
Por eso hay cosas que no son tolerables, y que no deben permitirse en democracia. Son tolerables y respetables todas las posiciones siempre y cuando no atenten contra los derechos de los demás, siempre y cuando acepten las reglas mínimas que nos permiten a todos convivir sin matarnos, y que establecen las condiciones para que el disenso no se castigue. No es tolerable quien piensa que la diferencia es condenable; no es tolerable quien piensa que hay seres humanos de primera y de segunda; no es tolerable quien atenta contra el marco democrático de convivencia.
Aceptar estas reglas implica también aceptar que las posiciones que no comparto tienen la misma legitimidad que las mías. Se es verdaderamente tolerante –y con ello, verdaderamente demócrata– si se acepta que quien no comparte la posición propia es honesto en lo que dice, que llegó a sus conclusiones por una inteligencia más o menos igual a la propia, y que lo hace con buenas intenciones, o persiguiendo intereses legítimos.
Asumir que el pensamiento contrario tiene necesariamente raíces deshonestas o malévolas, o que es una aberración porque sale de los cánones establecidos, implica ser muy conservador y muy tirano, aunque por lo demás se tengan posiciones muy de izquierdas o muy liberales. Por un lado, quien considera que alguien que disiente del consenso general es deshonesto o condenable, está dando legitimidad a la represión de toda disidencia, de toda heterodoxia. Por el otro, al negar la posibilidad del desacuerdo honesto, se condena de antemano toda posición contraria a la propia y, de nuevo, se hace moralmente aceptable la represión de lo diferente.
Ahora que Andrés Manuel López Obrador está, por tercera vez, arriba en las encuestas y con serias posibilidades de ganar la Presidencia de la República, es importante que las izquierdas se aferren a estos valores de tolerancia, si no quieren parecerse a lo peor de sí mismas, y a lo peor de la derecha. Es importante entender que quien no esté con López Obrador no necesariamente está con el PRI, o con el PAN, o con el narco y la mafia en el poder. Asumir que hay un solo camino correcto y legítimo, y que quien se opone a él le hace el caldo gordo a los adversarios, nos llevará de nuevo a la negra noche del estalinismo o de las guerras fraticidas.
Sólo convenciendo se vence de verdad. Sólo escuchando otros puntos de vista se aprende en serio. Sólo respetando las posiciones distintas se construye una sociedad más libre. Hacer lo contrario es enfrentar a la derecha no para cambiar al país, sino para ser la derecha misma.
Autor: *
Cierran actividades en el Centro Cultural Acapulco con la exposición Epicentro

Encabezada por la artista plástica Ana Barreto, el viernes por la noche se inauguró la exposición colectiva Epicentro, en la galería Ixcateopan del Centro Cultural Acapulco, siendo ésta la última actividad de este tipo del año en dicho lugar.
Sin las repetitivas formalidades de cualquier exposición, y en medio de un ambiente más de convivio que de un evento de gala, la gente pudo disfrutar tranquilamente de paisajes urbanos, seres imaginarios o cuerpos desnudos que se exhiben en diferentes estilos y técnicas.
Esto es, las distintas formas de ver la pintura por parte de sus creadores.
En Acapulco, nace y florece todos los días la cultura y el arte, comentó su organizador, Mauricio Torres, quien recordó, el arte y la cultura no tiene ni reglas ni fronteras por lo que reiteró que más que una exposición en forma se trata de un convivio entre artistas.
Así, encabeza la exposición Ana Barreto con una muestra de su más reciente obra; Remando semillas, La hija de la luna y Silencio, algunos de los cuadros qure tiene como eje temático a la luna.
Del mismo modo y del propio Mauricio Torres, que firma como Morice Towers, los cuadros Fragilidad y La resaca, un par de óleos sobre tela de mediano formato y muy vivaces.
Ausencia, De antes y Resplandor corpóreo, de Luis Vargas Santacruz, una serie de óleos sobre tela de medio formato también se exponen.
Competan la lista de creadores presentes en Epicentro, Daniel Orbe, Daniel Arcos, Beick, Robin Sidney, Berthy Hernández, Alan Tostado y Liliana Guevara, que firma sus obras como Luna descalza.
Gérard Depardieu se abre en Monster, su nuevo libro
Fue asqueroso y arrogante, y como padre cometió errores: en Monster, Gérard Depardieu escribe con toda sinceridad todo lo que pesa en su corazón.
En el libro publicado recientemente en Francia no se salva nadie: ni la estrella del cine francés ni el resto del mundo. Al mismo tiempo, sorprende con intimidades y confesiones, como que ya no bebe nada de alcohol: “Antes bebía como un cosaco. Era una forma de desaparecer y estar solo”.
Este no es su primer libro. En Amo la vita reconocía que el alcohol lo destrozó y que tuvo que ser sometido a un trasplante de hígado. En Ça s’est fait comme ça (Fue así) cuenta su vida, desde su nacimiento no deseado por sus padres y sus años de juventud como pequeño delincuente, hasta que se convirtió en una estrella internacional.
Esta vez se trata de una mezcla entre autobiografía y una colección de consejos de vida. Su estilo es sencillo y directo, como siempre, pero su lenguaje es menos provocativo y amenazador. Uno casi tiene la sensación de que se está sincerando consigo mismo y con el mundo.
Por desgracia, algunas de las reflexiones del actor, quien interpretó al elocuente poeta Cyrano de Bergerac y al escritor francés Honoré de Balzac, no superan el nivel de la filosofía de salón.
El libro cuenta con muchos capítulos breves en los que Depardieu salta de un tema a otro. Comienza con la sociedad de la información, sobre la que dice que ataca nuestra salud mental, y concluye con la muerte, a la que no teme, según explica. Entre medias critica la política, a los periodistas y a sí mismo, porque él es como es: excesivo y desmedido.
Pero en algunas partes sorprende al lector. En el capítulo que trata sobre el amor y las mujeres no se presenta como una persona impetuosa y obsesionada con el sexo, papeles que interpretó con maestría en películas como Y tan amigos o Bienvenido a Nueva York. Según cuenta, nunca fue un gran fan de las historias de sexo, para él son más importantes las caricias que el acto en sí mismo.
Depardieu tiene cuatro hijos de distintas relaciones. De su primer matrimonio con la actriz Elisabeth Guignot nacieron Julie y Guillaume. Tenía una relación complicada con su hijo, que murió en 2008 a los 37 años, del que también habla en el libro. Ser padre es complicado, escribe. Su hijo le acusó de cosas que él nunca imaginó que lo afectarían tanto.
Guillaume publicó en 2004 el libro Tout Doner en el que describe lo mucho que sufrió bajo el poderoso nombre de su padre y durante su ausencia. El joven, que participó en unas 40 películas y producciones televisivas, era adicto al alcohol y las drogas. Murió por una infección tras un accidente de moto.
Gérard Depardieu está considerado como una persona imprevisible e indomable, unas características que se atribuye en el libro: “Amo demasiado la vida como para intentar controlarla”. ¿Por qué escribió el libro? Para vivir libre, cada día un poco más, según explica en la primera página.
Dirigen druidas la celebración de solsticio de invierno en Stonehenge
Los druidas dirigieron a miles de personas en la celebración del solsticio de invierno que tuvo lugar el viernes en Stonehenge, un conjunto circular de megalitos declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco situado en Inglaterra.
“Tenemos el placer de dar la bienvenida a aproximadamente 5 mil personas a Stonehenge para celebrar el solsticio de invierno”, dijo Kate Davies, directora general del monumento, de 4 mil 500 años de antigüedad.
“Fue una celebración muy agradable y pacífica y el antiguo círculo de piedras se llenó con el sonido de los tambores y los cánticos”, añadió Davies en un comunicado.
Los druidas basan su adoración a las fuerzas de la naturaleza en una serie de antiguas prácticas espirituales y chamánicas de Reino Unido y otras partes de Europa, especialmente en tradiciones celtas.
El solsticio de invierno en el hemisferio norte se produce cuando el eje de la Tierra está inclinado en la posición más alejada del sol, lo que hace que el Sol aparezca en el punto más bajo del cielo y sea el día más corto y la noche más larga del año.
El solsticio de este año comenzó la noche del jueves en la oscuridad y la gente acudió a Stonehenge antes del alba para celebrar el evento con la salida del sol el viernes.
Los arqueólogos creen que el principal círculo, de 30 metros de diámetro, de Stonehenge fue construido para su uso religioso, político o para ceremonias de otro tipo.
Se cree que los ciclos agrícolas estacionales inspiraron a los hombres neolíticos a alinear las enormes losas de piedra silicificada con los movimientos del Sol.
El círculo de piedras está normalmente fuera del alcance de los visitantes para proteger el lugar, pero se abre al público en el solsticio de invierno y para otros eventos especiales.
Desautoriza sobrina de Mauricio Garcés libro sobre el actor que escribió un supuesto primo

El retrato sobre el actor Mauricio Garcés que esboza el libro La historia de un seductor no es fidedigno y llega al extremo de manchar la historia familiar del artista, según Dorys Feres, sobrina del protagonista de Click, fotógrafo de modelos (1968).
En una presentación que abre el volumen, el autor, quien firma como Víctor Grayeb Feres Naysum, dice ser primo de la estrella de cine y promete contar anécdotas que vivió con él; sin embargo, no es consanguíneo ni fue uno de los amigos más allegados, afirman los descendientes de Garcés, de apellidos Feres y Yazbek.
“La primera falsedad es que Víctor Grayeb es primo de Mauricio: el señor no es de nuestra familia, no lleva nuestra sangre y lo único que pensamos es que quiere obtener un beneficio económico con la imagen y el nombre de mi tío”, señaló Dorys sobre el texto, publicado en septiembre pasado.
“Sí fue amigo de mi tío Mauricio, pero de parrandas, y se atrevió a firmar el libro con nuestro apellido. Él firmó como Víctor Grayeb Feres, pero él es Víctor Grayeb Dib, entonces estamos indignados”.
Si la familia directa del histrión quisiera reconstruir la historia, serían siete sobrinos quienes podrían hacerlo, entre ellos Dorys, y de los amigos más entrañables sólo podría dar testimonio Manuel El Loco Valdés, pues Paco Malgesto y Juan El Gallo Calderón ya fallecieron.
“Este señor sólo menciona a tres sobrinos y no se vale porque somos siete, y para nosotros mi tío fue una figura importantísima”.
Dorys, quien posee los derechos de la imagen de Mauricio Garcés, ya había tenido conflictos con Grayeb.
La familia Feres no abrirá un proceso legal contra Grayeb, pero planea sacar un libro con los testimonios y archivos familiares del actor.
“Pensamos que (el libro) es una falta de respeto a la memoria de mi tío Mauricio y a la familia, porque mi tío no se lo hubiera permitido, y sé que si él viviera no se lo perdonaría”, finalizó Dorys Feres.
Pagan hasta 20 mil dólares por la decoración navideña en el luminoso suburbio Dyker Heights

El suburbio de Dyker Heights, famoso por la decoración navideña de sus mansiones, está lleno de transeúntes que se detienen ante cada casa a tomarse fotos.
Llamada por locales como “la indiscutible capital de la Navidad” o “el reino de las luces navideñas”, Dyker Heights cuenta con vecinos que pagan hasta 20 mil dólares para decorar sus hogares.
Predominan los símbolos típicamente cristianos, los Nacimientos o los Santa Claus, pero muy pocas portan el letrero de Merry Christmas. Otras prefieren el Happy holidays. Una guerra cada vez más enconada en Estados Unidos.
Durante la pasada administración demócrata, el presidente Barack Obama optó por emplear el Happy holidays como parte de una política incluyente y tolerante con otras religiones y culturas.
Sin embargo, ahora el Presidente Donald Trump ha insistido en retomar el Merry Christmas.
En Nueva York, una ciudad multicultural, la mayoría se opone.
“Gracias a los errores de Trump, abrazamos mucho más la diversidad”, dijo Amélie, de 30 años, de origen francés.
“En la oficina decoramos con Hanukkah, Kwanzaa y Navidad. Las tradiciones pueden coexistir, por eso es mejor decir ‘Happy holidays’, nos hemos vuelto más conscientes de las diferencias de culturas y creencias”, agregó.
“Yo tengo un colega musulmán y por respeto no quisimos decorar la oficina. Decimos ‘Happy holidays’ en vez de ‘Merry Christmas’, precisamente por tener inclusión”, explicó Yoshiko, de Japón y quien lleva 10 años viviendo en Nueva York.
“Sólo los cristianos tienen Navidad, pero todas las religiones tienen días festivos, ¿por qué no felicitar a todos por igual?”, indicó Federico, de 26 años. Sin embargo, no todos piensan así.
“A mí me gusta decir ‘Merry Christmas’ porque soy católica y celebro la Navidad. Para mí, los ‘Holy Days’ son otras fiestas como Pascua, Epifanía o Semana Santa. Hay que hacer la diferencia”, dijo Fernanda, de 39 años y residente de Texas.
A algunos mexicanos que viven en Estados Unidos, sin embargo, les da lo mismo; les preocupa más el racismo.
“Nuestras familias ya no nos vienen a visitar por miedo al trato en la aduana, y nosotros no queremos salir por miedo a que no nos dejen regresar. Es una Navidad solitaria para nosotros, en ese aspecto, ‘Happy Holidays’ es mejor; nos da espacio de tener más días para celebrar”, contó a Reforma Rigo, de 37 años y quien ha vivido desde niño en Estados Unidos.
“A mí me dan más miedo los ataques terroristas o raciales en esta época”, indicó Lorena, de 34 años.
“No hay que dividir, hay que incluir. ‘Happy Holidays’ no tiene pierde ni ofende a nadie, es bueno para todos”, agregó.
Ya vendieron 300 mil boletos para la expo de Tim Burton en el museo Franz Meyer
La exposición El mundo de Tim Burton, del Museo Franz Mayer, ha sido un éxito, consideró su director y gestor, Diego González.
“En cuestión de boletos vendidos va la mitad. Va muy bien. Se consideraron 300 mil boletos para toda la corrida de la exposición”, dijo González vía telefónica.
La versión mexicana de la muestra itinerante, una pincelada a todo el universo creativo del excéntrico realizador fílmico, también a cautivado al equipo de Burton.
“Su gente nos ha dicho que ésta ha sido su exposición más padre”, comentó.
Abierta al público desde el 7 de diciembre, El mundo de Tim Burton permanecerá en la Ciudad de México hasta el 8 de abril, tras lo cuál viajará a Europa.
“La gente de repente piensa que ya no hay boletos, pero para todos los días hay. Se pueden comprar en taquilla, pero hay que hacer cola para el ingreso. Si se compran por Internet ya sabes la hora a la que tienes que llegar”.
Para quienes aún no hayan visto la exhibición y deseen relativa tranquilidad, González recomendó evitar los fines de semana y apostar por los martes.
Hoy y el 31 de diciembre no se cerrará, y se recibirá a los últimos visitantes a las 6 de la tarde.
El costo de los boletos, 300 pesos, de acuerdo con González, no ha afectado las proyecciones de asistencia.
“Las personas que realmente quieren ver la exposición, lo pagan. Es un gasto que se refleja en la exposición y el tipo de arte que traemos. No hay un gobierno que nos esté dando patrocinios. Esta exposición en todo el mundo ha costado igual, sólo que la cultura en México siempre ha sido de querer barato o gratis”.
Toman normalistas de Ayotzinapa dos casetas de la Autopista del Sol



