Agencia Reforma / Ricardo Israel Sánchez Becerra
Ciudad de México
Entre tanta variedad de pintura, escultura, textiles, instalaciones y otros medios que pudieron apreciarse una vez más en Zona Maco, a sus visitantes lo que más les cautivó es la fotografía.
O por lo menos a una buena parte de ellos, a los suficientes para hacer que por segundo año consecutivo una foto granjeara a su autor y a la galería que la exhibió los 100 mil dólares del premio otorgado por la Fundación Erarta en el marco de esta cita con el arte, cuya edición 21 concluyó este domingo.
El galardón, presentado como el más cuantioso que se da en cualquier feria de este tipo, fue para el fotógrafo estadunidense Rob Woodcox y la galería madrileña Arma, por una imagen donde se ve a 25 bailarinas de la escuela Körper Dance posando sobre una de las estructuras en el jardín surrealista de Edward James en Xilitla, San Luis Potosí.
“Me siento un poco inundado por la emoción, estoy súper feliz. De verdad es muy catártico porque esta foto representa la unidad entre humanos y su naturaleza, porque somos naturaleza”, expresó en entrevista el fotógrafo afincado en el país desde hace ocho años.
Con este dinero, adelantó Woodcox, podrá financiar un largometraje acerca de las acciones que comunidades indígenas de México, Colombia, Estados Unidos, Kenia y Tahití están tomando frente a la crisis climática.
“A mí me hace especial ilusión porque es el décimo aniversario del apartado de Foto”, dijo a Reforma la directora artística de Zona Maco, Direlia Lazo. “Estoy contenta porque es impresionante; al final, es un voto de la audiencia”.
“Hay un proceso de votación que en verdad muestra a los artistas básicamente lo que el público siente acerca de sus pinturas en relación con otras obras de arte”, comentó, por su parte, el director de la Fundación Erarta, Anthony Able, tras dar a conocer el resultado.
Hace un año, la primera edición de este galardón causó controversia, pues algunos participantes acusaron que los ganadores, el fotógrafo danés Jacob Gils –de regreso en esta edición exhibiendo fotografías que hizo a las bailarinas del Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández– y su espacio representante, In the gallery, invitaban en redes a votar por la pieza a cambio de aspirar a un premio valorado en 10 mil pesos.
“No, esto es pura democracia”, zanjó Able al preguntarle si habían tenido en cuenta tal polémica en esta ocasión.
“Esto (la elección del ganador) depende de la gente, y así es como queremos que sea; queremos que la gente nos diga lo que le gusta”, insistió.
“Para mí, lo más importante es que cada persona que pase por este booth entienda la obra, conecte con ella, y sean ellos los que quieran votar. Y así ha sido, yo creo que por eso ganamos”, compartió, a su vez, Arena Martínez, directora de Arma, que participó por primera vez en Zona Maco.
A sólo unos minutos de que se cerrara la votación, todavía podía verse al galerista Henrique Faria invitar a los asistentes a que eligieran el trabajo con el que concursaba la artista Emilia Azcárate, una serie de cuadros donde fusiona pintura de castas y teoría del color.
“Esto es lo más contemporáneo. Todos los temas que nos interesan a nivel contemporáneo como sociedad están aquí presentes. Entonces, les pido: voten por esta niña porque esto es lo mejor que hay, realmente”, decía a una pareja Faria, quien apenas el miércoles había externado su confianza en que este año se reconociera “a una obra que realmente merezca un premio de ese calibre”.
Un mercado difícil
Mientras Woodcox y Arma podían dar por terminado el día gracias al enorme cheque recibido, la mayoría de los participantes en el encuentro aún esperaban poder cerrar alguna venta en las últimas horas de la jornada de clausura.
“Nos ha ido súper bien, se vendieron bastantes obras, y nos falta todavía concretar algunas ventas. Pero sí, se vendieron varias, y nos da mucho orgullo que varias de las piezas se quedan con coleccionistas mexicanos”, celebró Xoch Serrano, de la galería Suma, que exhibió algunos de los retratos que Alinka Echeverría ha hecho a peregrinos para su serie Camino al Tepeyac.
Liliana Bloch, procedente de Dallas, confiaba en que alguien se llevara los cinturones en los que el artista José Villalobos grabó, como un ejercicio de reapropiación, algunas de las palabras con que lo ofendían de niño: “puto”, “marica”, “sodomita”; “no hemos vendido las piezas, pero hay interés serio por lo menos de tres personas”, decía hacia el mediodía la galerista, parte de quienes debutaron este año en la feria.
“La gente siempre nos dice que el coleccionista mexicano es difícil de ganar, es difícil que compre de galerías que no conoce”, apuntó Lucas Albuquerque, de la brasileña Albuquerque Contemporánea, ante la poca venta de los cuadros que el artista Froiid hiciera inspirado en el Jogo do bicho –una versión carioca de la lotería mexicana– y en los distintivos colores que vistiera Jorge Campos en sus días como guardameta.
“Creo que cualquiera que venga a México por el mercado del arte no va a tener mucho éxito”, opinó hace unos días Mariane Ibrahim, cuyo espacio homónimo de nuevo no ha estado presente en ninguna de las ferias de la Semana del Arte, pues percibe en el país un mayor interés en conocer arte que en adquirirlo.
El no haber vendido según lo esperado no necesariamente resultó negativo para algunos de los participantes; “tal vez, como siempre, se avecinan algunas ventas posteriores, ya veremos. En general, estoy contento”, enunció Friedrich Hadorn, de la galería suiza Licht Feld, también por primera vez en Zona Maco.
Áreas de mejora
Al final, no obstante, y como sucede cada año, la experiencia ha sido distinta de stand a stand, y no todos la han pasado precisamente bien.
“La Ciudad de México es preciosa, estamos muy contentos de estar aquí; pero me di cuenta de que esta feria no es tan buena como parece, por desgracia”, lamentó Senem Ozgoren, directora y fundadora de la galería turca OG, molesta principalmente por haber tenido de vecino a Bistro at Humano, y también por la poca atención del equipo de la feria.
“Estaban asando pulpo, carne y demás, así que tuvimos que olerlo todo durante tres días, además de algunas marcas de grasa en las obras, y eso fue muy frustrante. Tuve que enviarle un correo electrónico a la responsable de la feria, Zélika García, y finalmente ayer un equipo nos bombardeó con ayuda, pero ya era el cuarto día”, continuó la galerista, más interesada en volver a México sólo si es para una feria distinta, como Salón Acme.
Y si bien el tema de la burocracia aduanera no fue tan perjudicial como el año anterior, cuando la galería The Contemporary Art Modern Project resolvió dibujando directamente sobre los muros al no recibir sus piezas, esto sí fue mencionado como una de las áreas de oportunidad donde podría haber mejoras.
“Ya hay una reputación de México ante la complejidad de este tipo de operaciones. Un envío que en otra feria se puede hacer con dos semanas de antelación, aquí nos hemos dado cuenta que es un mes, mes y medio, para que puedan estar las obras a tiempo”, expuso Andrés Moreno, de la galería bogotana Casa Hoffman.
“Entonces, sería interesante que desde las mismas ferias le plantearan esto, me imagino, al Ministerio de Cultura o a quien lleve estos temas para que puedan facilitar”, prosiguió. “Siendo la feria más importante de Latinoamérica, tener esa resistencia en el tema de aduanas sí a veces complejiza muchísimos procesos”.
Así cierra una edición más de este encuentro, nunca desprovisto de emociones y sorpresas –acaso mejores para algunos que para otros–, tras cinco días de pasillos llenos y obligadas selfies para dejar constancia de la visita.