* Se incrementará hoy hasta a 110 mil vehículos, dice Salvador Melesio * Para agilizar el tráfico, los turistas serán eximidos de sanciones por infracciones menores, anuncia * A pesar de la afluencia, los estacionamientos privados estaban ayer a 50% de su capacidad
Raquel Santiago * El parque vehicular del puerto casi se triplicará por el incremento de más de 150 mil unidades de transporte público y privado en estas vacaciones, según datos de la delegación de Transportes y de la Dirección de Tránsito Municipal.
A partir de hoy la franja turística se convertirá en un viacrucis para los conductores obligados a circular en cualquiera de las tres principales arterias, debido a que la ciudad carece de vías alternas de descongestionamiento.
El encargado del módulo de revista de la Delegación de Transportes en Acapulco, Pedro Salas Pino, informó que circulan en el municipio unos mil 500 camiones y 4 mil 190 taxis urbanos que dan servicio en la localidad.
En el módulo ubicado en el frontón de Caleta, agregó que los colectivos que dan el servicio al área suburbana son unos 2 mil, mientras que operan 500 microbuses.
Precisó que hay además 300 unidades de carga y mudanza, y 100 de servicio mixto doméstico. Todo esto sin contar los vehículos piratas.
En tanto, el director de Transito Municipal, Salvador Melesio Montiel, calculó que el parque integrado por autos particulares es de entre 30 y 35 mil vehículos.
El funcionario municipal aseguró que hoy –Jueves Santo, primero de los Días Mayores de la Semana Santa– se incrementará hasta a 110 mil vehículos.
Con esto casi se triplica el parque vehicular en estos días, lo que deriva en que una de las principales arterias de tránsito de la ciudad, la Costera, se encuentre congestionada.
Sobre ello, Salvador Melesio aseguró que la Dirección a su cargo trabaja para hacer un tráfico vehicular más fluido, pero reconoció que esto no es suficiente porque faltan más avenidas que representen una alternativa para agilizar la circulación.
Como parte del programa de operación vehicular, agregó el funcionario municipal, los turistas serán eximidos de sanciones por infracciones menores, como dar vuelta prohibida, conducir en sentido contrario y no obedecer los semáforos.
Sobre las ya tradicionales mordidas a los turistas, Salvador Melesio aseguró que habrá supervisión “para que no se presente la corrupción”, pero en ese tema también reconoció los límites porque “es grande la ciudad para vigilarla del todo”.
En tanto, la presidenta de la Asociación de Propietarios de Estacionamientos Privados, Margarita Nájera Ibarra, lamentó la falta de cultura de los conductores para estacionar sus unidades en los estacionamientos ubicados en la franja costera.
Agregó que hasta ayer la ocupación de la mayoría de los 20 estacionamientos privados se encontraba en 50 por ciento, y dijo que la expectativa es que a partir de hoy se llegue a 100 por ciento debido a la falta de espacio para estacionar en la calle.
Margarita Nájera sugirió que las autoridades municipales deberían por lo menos impedir el estacionamiento en una de las aceras, porque los estacionamientos privados tienen capacidad para albergar a las unidades que llegarán en estas vacaciones.
Dijo que los cobros en éstos ascienden a 10 pesos por hora o fracción, además de que tienen vigilancia y seguro contra robo para proteger al cliente. Reiteró que en la calle, durante el periodo vacacional, también se incrementa la delincuencia debido a la presencia de ladrones de otros estados.
Radiografía vehicular
Ayer, el recorrido de Caleta a La Base, que generalmente se hace en un promedio de 40 minutos, puede llegar a incrementarse hasta en 20 minutos por el denso tráfico.
La ciudad en esta temporada registra varios cuellos de botella, que aún fuera de vacaciones representan un obstáculo para el tránsito fluido. Ahora, con un extra de más de 100 mil autos entre transporte público y particular, estos puntos son más difíciles.
El primero se localiza frente a las playas Caleta-Caletilla, área preferida como aparcadero por los conductores de autobuses con turismo social, mientras que algunos particulares optan por utilizar el inmueble La Marina, y, otros, el estacionamiento de la Plaza de Toros.
Allí la circulación se dificulta aún más porque las reducidas banquetas son ocupadas por los comerciantes establecidos, lo que se agrega a que es parada casi obligatoria de los camiones del transporte público.
Después de pasar frente al Zócalo, donde se aglutinan numerosas familias de turistas, en su mayoría procedente de la ciudad de México para abordar el barco Aca-Tiki, continúa el viaje hasta llegar a otro sitio conflictivo: la playa Las Hamacas, frente a la Comercial Mexicana. Nuevamente las unidades de transporte público se detienen, mientras que conductores de autos particulares protestan y tratan de esquivar a los camiones, que se apoderan de por lo menos dos carriles.
Los agentes de Tránsito, acostumbrados a ello, hacen sonar sus silbatos o golpean la parte trasera de los vehículos para que avancen. Luego saludan a algunos operadores con mucha familiaridad.
Durante las paradas obligatorias de los semáforos, muy pocos respetan la zona peatonal; lo mismo da detenerse unos segundos sobre las barras amarillas y obligar al peatón a caminar esquivando los autos.
También esos momentos son aprovechados para que niños sin hogar, minusválidos y supuestos indigentes ganen y pidan dinero. Unos limpiando los parabrisas, otros haciendo malabares, como acostarse sobre trozos de vidrio o hacer girar en el aire naranjas o pelotas de colores, o simplemente extendiendo la mano para despertar la solidaridad de alguna persona.
Entre el periódico Novedades y el centro comercial Gigante se forma una larga fila de autos a la espera de poder movilizarse. La impaciencia de los conductores se refleja en los rostros abochornados, y como consecuencia nuevamente surgen algunos recordatorios familiares con el claxon.
Prácticamente la zona Dorada es la más afectada por la saturación vehicular, porque en todo su largo la circulación es lenta.
Así, al llegar a la Gran Plaza empieza el tránsito lento, que se agrava porque urbaneros indolentes se detienen a subir el pasaje en donde cualquiera se lo pide.
Durante el recorrido se observó la presencia de policías preventivos y turísticos por lo menos cada 500 metros, mientras que las banquetas también eran ocupadas por promotores de tiempo compartido, informadores turísticos, vendedores ambulantes y cientos de turistas.
Al llegar al punto la base naval, el tráfico se vuelve más denso por ser la glorieta donde los camiones urbanos tienen que dar la vuelta para recomenzar sus recorridos. A consecuencia de eso mismo, las unidades que bajan por la carretera escénica también hacen una extensa fila.
Dependiendo de la audacia y pericia del conductor, éste puede llegar a cruzar el otro carril en aproximadamente 5 minutos.
En la acera frente al centro comercial Wal-Mart se encuentra un casi imperceptible módulo de recepción de quejas originadas por el mal servicio del transporte público.