
El propietario de la libreria Macondo, Mario Martínez Rescalvo es entrevistado para el periódico “El Sur” en la cafetería Amores Café ubicada en el andador Zapata, en el centro de Chilpancingo. Foto: Jessica Torres Barrera
Zacarías Cervantes
Chilpancingo
Este miércoles cerrará definitivamente la icónica sede de la librería Macondo, ubicada en las calles de Emiliano Zapata y Galo Soberón y Parra, en el centro de Chilpancingo, luego de 34 años de haber sido “la casa para los lectores”, como la definió uno de los clientes en la pizarra donde en los últimos días van escribiendo mensajes a manera de despedida.
La merma de lectores de libros impresos, sumado al aumento de los gastos de servicios como teléfono, luz, internet, el alza a los impuestos y salarios de los trabajadores, además de la competencia desleal de la piratería, y también la falta de apoyo gubernamental, fueron algunas causas que obligaron al propietario de Macondo, Mario Martínez Rescalvo a bajar las cortinas a partir de hoy, informó en entrevista para El Sur.
El librero habló en entrevista la tarde del lunes pasado, de la crisis del mercado de libros “físicos” que están siendo desplazados por las plataformas digitales, por los libros electrónicos y los audiolibros. Además de los libros “piratas” que son mucho más baratos y que inundan las calles, y el nulo apoyo gubernamental a los libreros.
Contó su caso: “Después de 34 años es complicado resistir, cada vez hay menos lectores de libros físicos; las plataformas, el libro digital y el audiolibro han venido a disminuir la lectura del libro físico. Esa es una de las razones (del cierre); hay gente que ya no compra libros físicos, los baja de internet o compra los digitales”, explicó Martínez Rescalvo.
Añadió que, además, los gastos de los servicios ya son “muy fuertes”, como el del teléfono, la luz, el internet, así como los impuestos y salarios de los trabajadores.
“Es difícil sostener dos espacios con estas razones, y tomé una decisión: Irnos al otro lugar que es más amplio”, explicó en referencia a que la librería matriz de las calles Emiliano Zapata y Galo Soberón y Parra se trasladará para fortalecer a la sucursal ubicada en Teofilo Olea y Leyva, dos cuadras abajo.
Antropólogo de profesión, Martínez Recalvo se inició en la venta de libros en la banqueta afuera del edificio docente de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) a los maestros que llegaban a los cursos de verano en los años de 1982 y 1983.
Antes, cuando cursaba primero y segundo año de su carrera, trabajó como auxiliar de intendencia en la librería Universitaria donde empezó su gusto por los libros.
Tras su experiencia como vendedor de textos afuera de las instalaciones de la UAG, se asoció con uno de sus compañeros y una prima, con quienes abrió en la década de los ochentas la librería Espartaco, ubicada en la calle Francisco I. Madero, a una cuadra del zócalo de la capital.
Este primer proyecto duró apenas unos seis años, según recordó, y al deshacerse la sociedad, Martínez Rescalvo abrió en 1992 Macondo, y aunque explicó que comenzó con muchas dificultades, la librería se convertiría años después en una de las mas reconocidas de la capital.
Cuando abrió Macondo en Chilpancingo, habría, si acaso, cinco librerías; la Guerrero, ubicada en la avenida Miguel Alemán; Waldos, en la calle Mariano Abasolo; dos llamadas Del Estudiante, una en Juan Ruiz de Alarcón y otra frente al mercado Baltazar R. Leyva Mancilla; la Tagore de la avenida Vicente Guerrero y la Universitaria, ubicada atrás del Edificio Docente de la UAG.
Actualmente todas, con excepción de la Universitaria, que depende de la UAG, ya cerraron, debido a que, explicó Martínez Rescalvo, se dedicaban (menos la Tagore) principalmente a la venta de libros de texto para estudiantes de secundaria y niveles superiores, negocio que terminó cuando el gobierno comenzó a entregar gratuitamente los libros a los estudiantes de secundaria y, en algunos casos, a los de los subsistemas, como colegios de Bachilleres y Conalep.
“Al acabarse los libros de texto, se acabaron las ventas y cerraron, y nosotros debido a que iniciamos como una librería general, sobre todo con miras a la lectura profesional y a la literatura, pudimos sostenernos, aunque también nos afectó, obviamente”.
Dijo que también la UAG comenzó a elaborar algunos textos para sus estudiantes, lo que, igual, redujo las ventas.
“Todo esto redujo el mercado, por eso desaparecieron tantas librerías y ya somos muy poquitas las que quedamos en Chilpancingo”.
Actualmente, en la capital hay cuatro librerías; la de la UAG, Macondo, Educal y Guerrero.
El dueño de Macondo contó que, aunque nunca pensó en la venta del libro de texto, sino en el libro universitario, la literatura, la poesía “y todo lo que tiene que ver con la narrativa”, al principio resintió la competencia, “y le sufrimos para sostenernos, pero lo logramos”.
Entrevistado en la cafetería que funciona en la parte superior de la librería a punto de cerrar, Martínez Rescalvo evocó que cuando abrió la matriz de Macondo puso a funcionar también este lugar como un café galería, y funcionó unos ocho años como un espacio para la presentación de libros y artistas.
“Había distintos eventos, pero sólo resistimos unos ocho años, no cuajó el concepto como lo habíamos pensado; que fuera cultural, que la gente viniera a leer un libro o el periódico y pasar un momento tranquilo, pero no funcionó y tuvimos que cerrar”.
Ahora, este miércoles, cierra también en este mismo edificio la librería Macondo.
“Durante un buen tiempo logramos sostener a Macondo. Nos fue bien durante algunos años, pero ahora ya no se puede”, expresó con un dejo de tristeza en la voz.
Aun con menos lectores, los libros impresos sobrevivirán
Para el conocido librero, es una tragedia que cierren librerías y se quejó de la falta de apoyo institucional; “aquí se preocupan los promotores culturales independientes, los jóvenes lectores, pero al gobierno le vale, no apoya en lo absoluto, ni siquiera los libros para las bibliotecas del estado compran en las librerías locales”.
Añadió: “Quién sabe si los compren, es más, quien sabe si haya bibliotecas ya, por el descuido, creo que la biblioteca central está cerrada, ¡imagínate!, ¿dónde va a leer la gente?. Realmente es una tragedia que el Estado no apoye, que no se preocupe y que tristemente estén desapareciendo las librerías”.
Contó que el propietario de la librería Guerrero, ubicada en la calle Zapata, al lado de Macondo, el escritor Juan Sánchez Andraca, igualmente tiene dos o tres años “preocupado porque no hay ventas y también está a punto de cerrar porque ya es muy difícil la situación”.
Martínez Rescalvo insistió que hace falta promoción de la lectura por parte del gobierno.
Dijo que la frase de José Martí: “Ser cultos para ser libres, es cierta, pero cuestionó: ¿Cómo vas a ser culto si no tienes espacios ni recursos para leer?”.
Informó que de acuerdo con datos de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana y de las asociaciones nacionales de libreros, hay una reducción del 30 y 40 por ciento la venta del libro físico, aunque no precisó en cuantos años.
Sin embargo, matizó que “es sorprendente que, aunque han disminuido mucho los lectores del libro físico, haya mucho libro pirata circulando en las calles, sobre todo los éxitos de librerías que los tienen, incluso, antes que nosotros y muy baratos, eso nos pega no solo a los libreros, sino también, a las editoriales y a los mismos autores, porque no cobran los derechos de autor”.
Además, reconoció que se sostiene la producción editorial en términos de libros impresos nuevos. “La conclusión es que el libro físico va a seguir existiendo, yo creo que va a existir siempre. No va a desaparecer, va a convivir con el libro digital y con el pirata”, vaticinó.
La despedida
Martínez Rescalvo agradeció a colegas, amigas, amigos, escritores, lectores, profesores, que en los últimos días han expresado “su tristeza” por el cierre “de un espacio de cultura importante”.
Dijo: “Me da mucho gusto que haya gente que valora el esfuerzo, me da mucho gusto tener compañía en este momento. “Me da mucho gusto que la hayan hecho suya y de algún modo hayan protestado contra el cierre de estos espacios”.
Opinó que las expresiones en contra del cierre de la librería, son como un llamado de atención al gobierno en el que no hay ninguna preocupación, “yo no digo que se preocupen por mí, pero por lo menos que pregunten: “qué, por qué, y en qué pueden ayudar”.
Martínez Recalvo dijo que es sorprendente, que sea la gente común, amigos, colegas, “que yo ni esperaba, se estén preocupado por llamarnos y mostrarnos su solidaridad, su preocupación, su tristeza por lo que está pasando”.
La tarde del mismo lunes, integrantes del colectivo cultural independiente La Tarántula Dormida, con mas de 20 años de trayectoria en Chilpancingo, que encabeza el poeta y escritor, Carlos Ortiz, organizó un “evento de despedida y para de alzar la voz”, por el cierre de Macondo.
Entre anaqueles de madera ya vacíos, estantes desmontados y recargados en las paredes pelonas, los integrantes del colectivo realizaron lo que denominaron la “lectura del adiós a la librería Macondo”.
Los integrantes del grupo cultural, lectores-clientes de Macondo, así como las y los integrantes de la familia propietaria de la librería, leyeron poemas y textos, en medio del olor a té de toronjil que se repartió a los asistentes.
También hubo opiniones contra el cierre, Carlos Altamirano, expresó: “Es una tristeza que cierren las librerías, cuando debería haber más. Ojalá haya políticas públicas más acertadas en cuanto al fomento de la lectura, de la industria editorial y en cuanto a los hábitos para la adquisición de libros”.
Saulo Sebastián Arcenes, recordó cómo desde sus 13 años llegó a Macondo a comprar Rimas, leyendas y narraciones de Gustavo Adolfo Bécquer.
“Aquí el trato entre el cliente o lector y los dueños, que son muy cálidos y amables, se convierte en familiaridad, y los libros han trascendido de este espacio como trascienden en la mente y en la inteligencia de todos los lectores. Aquí hemos hecho la familia Macondo”, dijo.