
Jacob Morales Antonio
La colonia Ciudad Renacimiento fundada por personas desalojadas de los asentamientos del anfiteatro de Acapulco en el gobierno de Rubén Figueroa Figueroa en los años 1980 y en la que se reubicó también a familias afectadas por el huracán Paulina de 1998, ahora fue anegada por completo por el paso del huracán Otis, categoría 5, y este domingo sus calles comenzaron a oler a muerte.
La colonia es una de las más pobladas y extensas de Acapulco; la divide el bulevar Vicente Guerrero de la también populosa colonia Emiliano Zapata, y a los lados va la avenida Lázaro Cárdenas, que es la vía para salir hacia la Costa Chica, hasta la avenida Juan Álvarez que la separa de la colonia Arroyo Seco, y en la parte más apartada colinda con el río de la Sabana.
A cinco días del paso del peor meteoro que haya azotado al estado de Guerrero, en sus calles se ve la basura acumulada en las esquinas, en el centro o en medio de los camellones, donde aún no se puede transitar, y despiden olores nauseabundos, que al respirarlos dan ganas de vomitar.
La principales avenidas como el circuito interior, la avenida Vicente Guerrero, Juan R. Escudero, y el eje central Vicente Guerrero, conservan el mismo panorama de la mañana del miércoles, cuando todo Acapulco despertó con árboles y postes de luz, teléfono, estructuras de anuncios caídos.
Al amanecer del miércoles se podían ver y sentir las fuertes corrientes de agua que bajaron de la parte alta de la colonia Emiliano Zapata, y que a su paso por las calles de Renacimiento abrieron paso arrastrando automóviles, camionetas, puestos de revistas y de vendedores informales.
A lo largo de la calle circuito interior, desde la esquina con el bulevar Vicente Guerrero, este domingo se observó el lodo y la basura que dejó la corriente de agua, algunos automóviles siguen sin ser movidos de los lugares donde la corriente los apiló, además de algunos tinacos y cientos de trozos de troncos de los árboles que se partieron en pedazos.
A un costado del hospital IMSS-Bienestar de Renacimiento hay una montaña de basura, donde se identifica el olor a muerte de animales y de basura que se pudre, y en los alrededores el lodo que se convirtió en polvo y que vuela en el aire.
En esa avenida Juan R. Escudero hay largas filas de personas formadas a la espera de un bote de agua de las bodegas de la empresa Pepsi, que desde el jueves las regala.
También hay otra de personas que esperan con ansias una despensa que comenzaron a repartir los militares desde el viernes y quienes se instalaron en el Polideportivo Cici, donde algunos árboles resistieron al paso del huracán.
El hospital IMSS-Bienestar, el Hospital de Hemodialisis, el laboratorio estatal, el centro estatal de oftalmologías, el banco de sangre y el centro de rehabilitación del DIF resultaron con una inundación de hasta medio metro de altura, en el estacionamiento del laboratorio estatal se ven los automóviles afectados.
En las calles aledañas al río de la Sabana, el agua cubrió por completo el primer piso de las viviendas. En esas casas se aprecia el lodo, y la gran cantidad de basura y troncos acumulados en la calle como la que está antes de cruzar el puente de la colonia La Frontera.
En esa colonia no hubo una sola tienda de autoservicio y de conveniencia que no fuera asaltada por algunos ciudadanos, que se introdujeron incluso a las farmacias y otras pequeñas tiendas particulares a sustraer mercancías sin importar si les era útil o no, como los medicamentos.
En Renacimiento no hay una sola calle, avenida o callejón despejada, por donde se volteé hay árboles, postes de luz, teléfonos y anuncios tirados, hay lodo y en otras ya es polvo.
