La camerata de Zeferino, el guateque de Félix. Los cubiertos del gobernador, las Pepsis del alcalde. El vals de Torreblanca, las chilenas de Salgado Macedonio. En esta esquina Vivaldi y en la de enfrente El Buki. Un solemne Diez de mayo para uno, un carnavalesco Día de las Madres para el otro. Al final del día, dos festejos dos.
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Los Zeferinos Boys invariablemente son los mismos y ocupan la mesa principal. A saber, a la cabeza de la lista el renejuarista secretario de Fomento Turístico Ernesto Rodríguez Escalona. Junto a él, Carlos Álvarez Reyes, el hombre de las finanzas del gobernador. El secretario de Salud, Luis Barrera Ríos, amaneció de buen humor. Acosado por los reporteros, el procurador Eduardo Murueta Urrutia ocupa su lugar en el círculo.
Propiamente secretarios del gabinete, no son. Pero allí se ubican. Tienen sitio en el lugar de honor: el subsecretario de Administración, José Antonio Bajos empuja el tenedor y el cuchillo en el coctel de frutas; el director de Desarrollo de Personal, José Luis Zuzuarregi le agradece al mesero. Prefirió anticiparse en el elegante restaurante La Ceiba, de donde bajó apresurado a la llegada del gobernador.
El salón El Cabaret del hotel Hyatt Regency se encuentra al límite de las 760 sillas instaladas para el desayuno por el Día de las Madres, que ofrece el gobierno del estado a las trabajadoras de sus dependencias en Acapulco. Más de 800 comensales, aseguran los meseros al final. Unos 900 habrá, quizá, contando a los ayudantes de los funcionarios y a “los gorrones de la prensa”, como se les estima desde el gobierno de Torreblanca a los reporteros que cubren sus giras, pues se les considera como personas non gratas que, si a caso llegan, lo hacen para alcanzar un plato de almuerzo.
El conjunto de cuerdas de la Filarmónica de Acapulco abre con el allegro de Primavera, de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi. Nada más faltó tocar la cuchara en la copa. El gobernador intenta darle el primer bocado a los trozos de papaya, un plato hecho especialmente para él. No lo logra, pues las festejadas deciden ir hasta su mesa, para recibir un abrazo de felicitación del gobernador.
–Espérense un ratito, ahorita va él hasta sus mesas, las va a felicitar a todas –apacigua Carlos Álvarez, sentado a la diestra de Torreblanca.
–Terminando de desayunar, que venga y que se forme toda la gente que quiera –apresura y contradice Luciano Sánchez Aparicio, coordinador de Giras en funciones de compadre del gobernador.
Nada del Amor eterno de Rocío Durcal ni nada de Señora señora de Denisse de Kalafe. El Porfiriato revive en el Hyatt con el vals Sobre las olas. Mientras, el gobernador no se cansa de felicitar a las madres, desde su lugar. Ya se sirve el aporreadillo con una embarrada de frijoles al lado con queso espolvoreado y un par de totopos. El te de Manzanilla de Zeferino Torreblanca tendrá que esperar.
Habilitado como maestro de ceremonias, Jorge Camacho Peñaloza anuncia el comienzo de la rifa de electrodomésticos. No tarda mucho la tómbola y el comentarista deportivo que ahora es el director de Soy Guerrero (antes RTG) da paso a la camerata de la Filarmónica con Por una cabeza, un tango del inmortal Carlos Gardel, aquel que bailara Al Pacino en la película Perfume de Mujer.
Un horno de microondas, una televisión de 21 pulgadas, una estufa, una lavadora, un DVD, un pequeño refrigerador de menos de 1.40 metros de altura, y párenle de contar. Seis regalos para las casi mil comensales. Una madre para las madres.
Al menos para un metro de chapopote de alguna carretera servirá el ahorro. Eso sí, cada una se llevó su cajita de Olinalá.
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Las canastas de bolillo tieso circulan por todo el salón Chichén Itzá del Centro de Convenciones. Manteles de colores, cubetitas de plástico para los hielos, cervezas, ron Solera de Bacardí.
Cada una de las más de 100 mesas tiene un folclórico arreglo de centro de flores de plástico color rosa chillante. Pareciera que estamos en los 15 años del pueblo, en la cancha de básquetbol.
Y cual si fuera la quinceañera, la nominada o casi ex coordinadora de Servicios Públicos Municipales, Angelina Mercado hace su entrada triunfal. Parte plaza y cruza lo que será la pista de baile, ataviada con un chal amarillo de una tela que parece de seda. Hoy hay comida-baile del gobierno de Félix Salgado Macedonio para las madres. La basura desparramada en las calles puede esperar.
Por las bocinas del Charly Sound, la cumbia del Caballo de la Sabana está a todo lo que da. El ambiente se cubre de un humo seco que invita a bailar a las mamacitas, es decir, las que son mamás.
Hay quienes ya sopean la crema de frijoles. Otras ya dejan el plato a un lado, para darle duro al lomo florentino bañado con salsa de champiñones, guarnición de verduras cocidas con una estrellita de puré de papa. Más tarde habrá helado de queso de zarzamora bañado con salsa de fresa. Más de mil platos se sirven en total. Eso sí, no hay mesa que no tenga su Pepsi, ese que despectivamente que llaman “el refresco de albañil”.
De Marco Antonio Solís El Buki pasamos al Camarón pelao tu quieres, camarón pelao te doy, camarón pelao tu quieres con salsita y con limón. Una mujer morena de vestido negro, floreado, motivos naranjas, rojos y verde limón, aprieta al secretario de Finanzas del Ayuntamiento, Alberto Torreblanca Galindo, a quien se abraza con un paliacate de los que ya se reparten por docenas en la pista, para zapatear las canciones de los CD de Pepe Ramos.
Antes, Salgado Macedonio se avienta a capella su repertorio de rigor. Primero canta Mujeres Divinas. Le sigue Acá entre nos. Por último entona Urge, no sin antes prometer que “pa’l otro año” volverá a aumentarles el bono que se paga en esta fecha para celebrar a las mamás.
Minutos más tarde, la presidenta del DIF, Evelyn Salgado es la primera en salir a sudar al son de la música de la Costa Chica. Hoy confirmamos que, por fin, las chilenas han dejado de ser propiedad exclusiva de los mítines del PRI.
