De siete jóvenes reportados como desaparecidos entre el 25 y el 31 de diciembre en Chilpancingo, siguen desaparecidos dos: Efraín Patrón Ramos y Abel Aguilar García. Familiares del segundo desmintieron este domingo la versión del empresario Pioquinto Damián Huato, quien declaró el sábado que había sido encontrado muerto.
Otros tres jóvenes, de quienes se desconocen mayores detalles porque sus familiares decidieron no abundar sobre el caso, fueron encontrados a las 6 la mañana del 3 de enero atados con las manos hacia atrás, semidesnudos y con señales de tortura pero vivos. El hallazgo ocurrió atrás de la tienda Soriana cerca del Palacio de Gobierno.
Los otros dos jóvenes son Jorge Arturo Vázquez Campos de 30 años y Marco Catalán Cabrera de 34 años quienes fueron encontrados muertos casi a la media noche del 3 de enero cerca Tierra Prietas, al norte de la capital, en el entronque del libramiento de cuota que lleva a Tixtla. Según el resultado de la necropsia la causa de su muerte fue por asfixia y golpes en la cabeza. Sus restos fueron encontrados envueltos en bolsas de plástico.
El 2 de enero el ex dirigente de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco) Pioquinto Dimián Huato, se reunió en privado con el secretario de Seguridad Pública, Pedro Almazán Cervantes, ante quien denunció la desaparición de estos siete jóvenes y le entregó videos que comprueban que algunos de ellos fueron detenidos por policías municipales.
Uno de los que siguen desaparecidos es Efraín Patrón Ramos, originario de Chilpancingo y de quien se tuvo noticias hasta las 4 de la mañana del 29 de diciembre cuando fue detenido por policías municipales cerca de la céntrica alameda Francisco Granados Maldonado.
Efraín, de 25 años de edad, es trabajador administrativo de la Secretaría de Salud estatal.
Su hermana Natividad Patrón declaró a El Sur el 4 de enero, cuando familiares de los desaparecidos protestaban afuera de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal, que la última llamada telefónica que hizo fue a las 4 de la mañana cuando le informó a una amiga con la que hablaba que estaba siendo detenido por una patrulla de policías municipales en la alameda Granados Maldonado.
“Nosotros nos enteramos de que una patrulla municipal lo iba siguiendo, pero los policías no dieron reporte de la detención, así que aún no sabemos nada de mi hermano, lamentablemente los demás jóvenes han aparecido muertos”, denunció la tarde de ese 4 de enero.
Asimismo, el sábado pasado, mediante un mensaje enviado a El Sur, Natividad denunció que los familiares se enteraron de que una patrulla de la Policía Municipal lo detuvo, por medio de una de las amigas de Efraín, con la que hablaba en esos momentos. La amiga contó a los familiares que el joven sólo alcanzó a decirle que la patrulla lo detuvo y que de repente colgaron el teléfono y posteriormente siempre mandó a buzón, “hasta ahorita es lo único que sabemos”, dijo mediante el mensaje.
“Efraín Andoney Patrón Ramos. Ayúdennos a dar con su paradero. Desapareció en Chilpancingo, tiene un tatuaje en el pecho de San Judas Tadeo y en el antebrazo derecho e izquierdo, vestía playera roja, pantalón de mezclilla y tenis rojos”, clamó su hermana en su mensaje.
El segundo joven desaparecido es Abel Aguilar García, de 18 años, estudiante de la escuela Preparatoria 9 de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) y es originario de Llano Perdido, municipio de Cochoapa el Grande. Sus familiares informaron ayer que se encuentra desaparecido desde el sábado 23 de diciembre, después de que salió de la casa del estudiante Héctor Astudillo Flores, ubicada en la calle Leona Vicario del barrio de San Mateo en Chilpancingo.
Este domingo, su hermano Daniel desmintió que haya sido encontrado muerto como declaró el sábado a El Sur el ex dirigente de la Canaco, Pioquinto Damián Huato, quien, a su vez, consultado al respecto, reconoció que “fue un grave error” que cometió por una información errónea que le hizo llegar vía telefónica un conocido suyo.
Los familiares de Abel contaron que por versión de una compañera de éste, la mañana del 23 de diciembre se levantó a las 5 de la mañana, puso música y comenzó a hacer ejercicio. A las 7 de la mañana su compañera escuchó que salió y cerró la puerta. Abel salía todas las mañanas a esa hora rumbo a su trabajo, una frutería que se encuentra entre las colonias Almolonga y el Tomatal, al oriente de la ciudad.
Sin embargo ese día no llegó a la frutería. Su patrón contó a sus familiares que a las 10:59 le mandó un mensaje de Whasapp en el que le notificó que no iría a trabajar porque le dolía la cabeza.
Esa fue la última comunicación de Abel. Su hermano declaró que durante el resto del día le estuvo llamando y que directamente la llamada lo enviaba a buzón.
Informó que presentaron la denuncia el 26 de diciembre ante la Agencia del Ministerio Público pero que no han visto resultados, incluso desconocen si realmente se está investigando para encontrarlo.
Sus padres, indígenas na savi y en pobreza extrema de la comunidad Llano Perdido, llegaron el 26 de diciembre para buscarlo y se debaten entre la angustia y la desesperación.
“Él es un muchacho bueno, estudia y trabaja para sostenerse”, dijo visiblemente abatida con un apenas entendible español Guillermina García, su madre, mientras que Hilario Aguilar, su padre, no pudo más que pedir al gobierno que le ayude a encontrar a su hijo.
Daniel, su hermano, informó que el miércoles pasado presentó la denuncia ante la Agencia del Ministerio Público y se abrió una carpeta de investigación. Dijo que en la Fiscalía a donde acudió ayer le dijeron que se está investigando el paradero de Abel, “pero hasta la fecha no nos dan resultados” y denunció que no ve ni siquiera indicios de que se esté investigando.
