Protesta afuera de la 35 Zona Militar por la guerra sucia

Luego de más de 50 años, familiares de cinco víctimas de la guerra sucia recuperaron los cuerpos de sus seres queridos (entre ellos un muchacho de 14 años), que fueron fusilados y sepultados en fosas clandestinas por el Ejército en la sierra alta de Ajuchitlán. Hubo una ceremonia en la FGE, y después fueron al cuartel (imagen) donde lanzaron consignas contra los militares. Finalmente, se les hizo un homenaje en la alameda Granados Maldonado. Pidieron a Claudia Sheinbaum que se abran los archivos de la represión de ese periodo Foto: Jesús Eduardo Guerrero

 

Entregan a familiares los cuerpos de cinco asesinados por el Ejército en la guerra sucia

En acto de protesta colocan los ataúdes frente a la 35 Zona Militar en Chilpancingo y lanzan con-signas contra los militares. Rinden homenaje a las víctimas en el teatro hundido de la alameda central. El representante legal Octaviano Gervasio exige a la presidenta Claudia Sheinbaum que su gobierno abra los archivos de la represión contra comunidades en ese periodo de terrorismo de Estado

Luis Daniel Nava

Chilpancingo

Tuvieron que pasar más de 50 años para que cinco familias recuperaran los cuerpos de sus seres queridos que fueron fusilados y sepultados en fosas clandestinas por el Ejército en la comunidad de Espadines, en la sierra alta de Ajuchitlán del Progreso.
Este viernes la Fiscalía General del Estado de Guerrero (FGE) entregó los cuerpos de José Isabel Rojas Bernardino, Apolonio Hernández Bernardino, Gervacio Bernardino Durán, Bartolo Rojas Nazario y Pablo Rojas Terán, que tenía 14 años cuando fue asesinado al salir a buscar a su papá Francisco Rojas Nazario.
La desaparición forzada y ejecución extrajudicial ocurrió en tres momentos. El 19 de diciembre de 1967 en la localidad de Los Espadines, el 20 de julio de 1971 en Las Desdichas y el 19 de noviembre de 1974 en la comunidad de Las Juntas, en lo alto de la sierra de Ajuchitlán del Progreso.
Gloria Rojas Terán llegó al Servicio Médico Forense (Semefo) de Chilpancingo con un manojo de flores amarillas y blancas, algunas ya marchitas por la larga espera, “traigo flores para recibir a mi hermanito”, dijo.
Gloria tenía 10 años cuando la mañana del 19 de diciembre de 1967 soldados del Ejército irrumpieron en la cuadrilla de 10 viviendas y empezaron a disparar a mansalva.
La imagen la tiene presente como si hubiese sucedido ayer y no transcurrido ya 57 años:
“Llegaron los militares como a las 6 (de la mañana) y a Pablito lo mataron como a eso de las 7:30. Disparaban sobre la familia, a mi mamá le dieron, a mi papá y mi hermano.
“Le dieron primero a don Gervacio y a mi tío Bartolo, a don Eduviges. Fue como a las 9 que los mataron, trataron de salir, pero no lo lograron, estaba rodeada la cuadrilla de federales”, relató.
Además, los militares saquearon las viviendas. La casa de la familia de Gloria con el piso de tierra tenía una pequeña tienda, los pocos abarrotes se los llevaron y lo demás lo regaron.
“Se robaron todo lo que teníamos, éramos pocos los habitantes de Los Espadines, apenas se estaban formando la cuadrilla, había como 10 casas y una escuela donde otro de mis hermanos daba clases porque se había recibido de maestro”.
“Nosotros los levantamos (los cuerpos), escarbamos para echarlos en la fosa común. Otros fueron llevados y ejecutados fuera del pueblo”, contó.
Claudio Rojas Bernardino tenía cuatro años aquella mañana de pesadilla.
Aún recuerda cuando le dijeron que habían matado a su papá Bartolo Rojas Nazario.
“Poco recuerdo exactamente, dijeron mataron a tu papá. Llegó el Ejército buscando a Lucio Cabañas, investigándolos que si eran de su guerrilla. El gobierno ahora sí que perseguía y quería desquitarse con quien fuera buscando a los campesinos”, señaló.
Dice que ese día mataron ahí en Los Espadines a cinco personas, entre ellos al niño Pablo de 14 años porque salió en busca de su papá.
“Ahí le tocó, los tres también que cayeron los sacaron de sus casas, los rodearon y los fusilaron, así nos platica mi madre porque ella gracias a Dios ella todavía vive”.
“A ella le dijeron ‘ustedes saben dónde los entierran’, es así que puras mujeres les dieron sepultura, los enterraron a 40 centímetros, no fue una sepultura digna ni en un panteón como debe de ser, fue una fosa clandestina”, agregó.
Las familias ya tenían décadas pidiendo a las autoridades la exhumación de los cuerpos de sus seres queridos. Fue hasta septiembre de 2023 que los encontraron y los trasladaron a la FGE para realizar la plena identificación.
“Mi madre sabía dónde estaban, fue rápida la búsqueda y la exhumación, fueron las autoridades a verificar y luego hicieron los trabajos con gente especializada”, explicó ayer Claudio Rojas.
A las 10 de la mañana de ayer decenas de familiares e integrantes de los colectivos de búsqueda de víctimas de la guerra sucia llegaron a la Coordinación de Servicios Periciales de la FGE, ubicada sobre el bulevar Vicente Guerrero de Chilpancingo.
Llegaron en una caravana de vehículos, Urvan del transporte público, acompañados de tres camionetas de servicios funerarios.
A su llegada Estela Arroyo Castro, dirigente de la Asociación Representativa de Ejidos y Comunidades de Violaciones a los Derechos Humanos y Grupos Vulnerables, expresó:
“Durante 50 años estuvieron ocultos en fosas clandestinas, donde el Ejército mexicano masacró a ocho personas”.
Dijo que faltaba identificar genéticamente a Francisco Rojas Nazario y Eduviges Ovillada Ortiz, además permanece desaparecido José Santos González Rojas que se presume podría estar sepultado en las inmediaciones del poblado Palos Altos, en Ajuchitlán.
Cerca de las 4 de la tarde los familiares se trasladaron al Semefo del lado del encauzamiento del río Huacapa para complementar otra serie de requisitos.
Media hora después salió el féretro de José Isabel Rojas Bernardino. El último en salir fue el cuerpo de Pablo a las 6 de la tarde.
Fue en la explanada del Semefo que sirve como estacionamiento donde se montó la guardia de las cinco víctimas. Ahí se realizó un pequeño mitin, se cantó el himno nacional y se exigió justicia.
“¡No han muerto camaradas, sus muertes serán venga-das!, ¡Ejército asesino que matas campesinos!”, fueron algunas de las consignas.
Las cajas fueron cubiertas con banderas de México, arreglos florales, cadenas de cempasúchil y los rociaron con agua bendita.

Protesta en la Zona Militar

Luego se trasladaron a la 35 Zona Militar. Antes de la llegada un grupo de militares retiraron las tapas metálicas de una alcantarilla frente a sus dos accesos principales, y levantaron pequeños postes de concreto para impedir el ingreso de automóviles o el choque contra las puertas.
Las cinco cajas fueron colocadas frente a la zona militar y se expresaron consignas contra el Ejército. Además se tronaron cohetes.
Un dron sobrevoló el acto de protesta y llegaron civiles no identificados por la prensa a tomar fotografías.
Estela Arroyo expresó en un micrófono: “Les queremos decir que no vamos a descansar hasta que se nos haga justicia porque fueron masacrados injustamente, vivían del campo y de la cría de cabros en sus comunidades”.
“Pudimos encontrarlos en fosas clandestinas donde el Ejército mismo obligó a las familias a que hicieran sus propias fosas y por eso pedimos justicia y castigo a los culpables, castigo a los culpables”.
Se pasó lista a las víctimas.
Octaviano Gervacio, representante legal pidió a la presidenta Claudia Sheinbaum en su calidad de comandante suprema de las fuerzas armadas que abra los archivos de la represión contra co-munidades en el periodo de la guerra sucia en que se aplicó un terrorismo de Estado.
“Los archivos de la vergüenza porque el Ejército es quien tiene toda la verdad de los hechos. La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) está callada, no dice nada”.
“Hacemos un llamado a la comandante suprema Claudia Sheinbaum Pardo para que ordene al secretario de la Defensa que abran ya los archivos de la guerra sucia, ya no se puede seguir ocultando”.
Dijo que las cinco víctimas que presentaron son la prueba de las ejecuciones perpetradas soldados del Ejército en el periodo de la guerra sucia.
Añadió que la Sedena también tiene información de los llamados “vuelos de la muerte”.
Tienen toda la información de dónde quedaron nuestros padres que fueron desaparecidos de manera forzada, dijo.
“Lo que pasó en esa época fue terrorismo de Estado y crímenes de lesa humanidad”.
La jornada concluyó con un homenaje a las víctimas en el teatro hundido de la Alameda Central Francisco Granados Maldonado. El acto inició cerca de las 8 de la noche. Hasta ese momento los familiares pudieron comer tras una larga espera.