El arzobispo Felipe Aguirre Franco, los sacerdotes Agustín Quiñones Cuevas y Jorge Hernández Ramírez de este municipio, firmaron un acuerdo con el que se pone fin al conflicto religioso católico que desde principios de enero existía en la parroquia de la Santa Cruz.
El 1 de enero de este año, el arzobispo, presentó al padre Jorge Hernández como párroco de esta iglesia, lo cual no fue aceptado por una parte de los feligreses y ocasionó división en la parroquia, al grado de que en la pasada Semana Santa se celebraron dos Vía Crucis y durante la celebración de la cruz el 3 de mayo los seguidores del padre Agustín Quiñónez se presentaron en la celebración con pancartas donde exigían al obispo terminara el conflicto y se respetara al padre Agustín.
En un comunicado, firmado el 9 de mayo en la ciudad de Acapulco, ambos sacerdotes acuerdan poner fin al conflicto, quedando como párroco, Jorge Hernández y como capellán adscrito Agustín Quiñones, en el que da fe el arzobispo Felipe Aguirre Franco.
El documento denominado Comunicado a favor de la unidad los sacerdotes acuerdan que comprometen “ante Dios, ante nuestro arzobispo de Acapulco y ante nuestros amados feligreses católicos, a proceder en todo de común acuerdo y en mutua colaboración para llevar así una misma acción pastoral en toda la parroquia”.
En el documento se detalla que para realizar el sacramento del matrimonio, éste debe ser “aprobado por la Diócesis y con la necesaria aprobación del párroco, como condición indispensable para la validez”, los demás sacramentos los pueden celebrar ambos sacerdotes.
En el acuerdo se reconoce “el respeto que se merece el presbítero Agustín Quiñones Cuevas y esperamos se sepa apreciar el trabajo pastoral que con toda buena voluntad y entrega, deberá seguir realizando el presbítero Jorge Hernández Ramírez con la colaboración de todo el pueblo de Dios”.
Al final del documento los religiosos piden perdón por sus divisiones “que la santa cruz, patrona de esta parroquia, presida la unidad, perdone nuestras divisiones y nos reconcilie, para vivir unidos como hermanos e hijos de Dios”, concluye.