Desde el principio, la alcaldesa de Atoyac afirmó que la masacre de Aguas Blancas fue premeditada

El 1º de julio de 1995, tras la masacre de Aguas Blancas, los principales dirigentes del PRD encabezaron un mitin en Coyuca de Benítez. En la imagen, Héctor Ponce Radilla, Cuauhtémoc Sandoval, la alcaldesa de Atoyac María de la Luz Núñez Ramos, Félix Salgado Macedonio, Saúl López Sollano, Cuauhtémoc Cárdenas, Mario Saucedo, Ranferi Hernández y Pablo SandovalFoto: Elsa Medina/Archivo

Ramón Gracida Gómez

A 30 años de la masacre de Aguas Blancas, la ex alcaldesa de Atoyac (1993-1996), María de la Luz Núñez Ramos, habló de las amenazas de asesinato que sufrieron ella y su familia tras la matanza de los 17 campesinos y la lucha por la verdad exponiendo el diálogo telefónico con el gobernador Rubén Figueroa Alcocer antes y después del multihomicidio, que da cuenta de la represión premeditada contra la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS).
En entrevista, señaló que el mandatario estatal veía a los presidentes municipales como sus “empleados” y desde la toma del Ayuntamiento por la OCSS el 18 de mayo del mismo año, quería “un enfrentamiento, que nosotros respondiéramos a esa agresión y que en ese fuego cruzado mataran a la presidenta”.
Rememoró que un día antes de la masacre el 28 de junio de 1995, el mandatario estatal le advirtió de la protesta que haría la OCSS en Atoyac. Desde los primeros días después de la masacre, y ante la Suprema Corte de Justicia, María de la Luz Núñez difundió el diálogo que tuvo con Figueroa, en el que el gobernador le pidió parar a la OCSS en Atoyac y le anunció que él pararía “a como diera lugar” al grupo de Tepetixtla para que no llegara a Atoyac. Horas después de la masacre le dijo que los detuvieron: “pasó lo que le platiqué ayer. Que detuvimos a esta gente”.
Consideró que la OCSS tenía “compromisos con el gobernador y que se prestó a que me atacaran”, acusándola de la desaparición de su compañero Gilberto Romero Vázquez, cuya presentación era una de las demandas por las que la organización campesina acudiría a protestar a Atoyac el día de la masacre.

El diálogo con el gobernador

El 27 de junio de 1995, Núñez Ramos estaba en la Ciudad de México. Figueroa Alcocer la llamó por teléfono al Ayuntamiento de Atoyac, el síndico Wilibaldo Rojas le dijo que no estaba pero que ya venía en camino, el gobernador le avisó que integrantes de la OCSS acudirían al día siguiente a este municipio con exigencias “y quién sabe de qué otra manera, tal vez de manera violenta. Traten de detenerlos y pararlos porque para eso somos gobierno”.
A las 8 de la noche, Núñez Ramos, de regreso a Atoyac, le devolvió la llamada y Figueroa le reiteró la advertencia de la protesta del día siguiente con exigencias que no se han cumplido, y la alcaldesa le reviró: “que no habrá cumplido usted, porque yo no les he prometido nada más que interceder para que usted les cumpla”.
“Para ese momento ya me habían comunicado los compañeros del Ayuntamiento que había algo muy raro, que les habían dicho en el hospital que se prepararan porque mañana (28 de junio) iba a haber una masacre, así, y que había una gran necesidad de ambulancias y de médicos”, recordó en entrevista con El Sur este miércoles en Acapulco.
El 28 de junio se perpetró la masacre en el vado del río de Las Hamacas, donde el director de la Policía Motorizada, Manuel Moreno González, obligó a los campesinos a bajar de la primera de las dos camionetas en las que iban integrantes de la OCSS rumbo a Atoyac, y cuando llegó la segunda camioneta, los policías abrieron fuego.
A las pocas horas, la alcaldesa de Atoyac recibió la información de parte del secretario y del síndico de la muerte de muchos campesinos.
La alcaldesa le habló al gobernador: “Me acabo de enterar de lo que sucedió en Aguas Blancas y es muy lamentable, sea de quien sea la violencia, dígame usted cómo estuvo eso”; Figueroa Alcocer le contestó: “Los detuvimos a tiempo para que no llegaran a Atoyac, usted debería estar agradecida y ahí se enfrentaron, hubo un enfrentamiento de unos que venían en una camioneta y se murieron”.
En entrevista, a 30 años de los hechos, la ex alcaldesa de Atoyac agrega que el gobernador le dijo que había 17 muertos y cinco heridos, ella le preguntó cuántos muertos eran policías y cuántos eran civiles, y le contestó que “puro civil, policía ninguno”.
“Pues está muy raro eso, muy grave, gobernador ¿ya se puso a pensar de la gravedad de esta noticia que usted me está dando? Usted a mí no me conoce y yo voy a buscar la verdad y sea quien sea el culpable, tiene que pagar, eso está muy mal, así no se gobierna, con violencia”.

El miedo y las amenazas de muerte

La masacre fue difundida ampliamente por los medios de comunicación, la mayoría reprodujo la versión oficial de un enfrentamiento, El Sur dio a conocer el testimonio de la conversación telefónica de María de la Luz Núñez Ramos con el gobernador en su edición semanal del 3 al 9 de julio de 1995, que después se convirtió en el libro Palabra de Mujer, actualmente en proceso de reedición.
Núñez Ramos reconoció tener miedo, sobre todo por las amenazas “de gente de Figueroa porque yo no creo que Figueroa haya dicho, maten al hijo de María de la Luz o a sus hijas o a su marido, pero los lambiscones eso dejaban decir”.
Afirmó que las amenazas no eran “simulaciones”, gente armada iba a su casa con la intención de matarla, pero la movilización de la gente armada con palos y rifles después de escuchar su advertencia a través de la radio la salvó.
Consideró que su testimonio y los periodistas contribuyeron mucho a conocer lo que realmente pasó, y comentó que después pidió un fiscal especial para el caso, que ofreció renunciar y que también se lo pidió al gobernador, “no podíamos ser juez y parte”.
Núñez Ramos formó un comité de varias asociaciones para pedir justicia, “pero no todos aguantaron, tenían mucho miedo cuando supieron que se trataba de echar abajo a Figueroa”, convocó a marchas de Atoyac a Acapulco para pedir justicia, fue a la Ciudad de México y acudió a la Cámara de Diputados y a la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).
El 25 de febrero de 1996, el periodista Ricardo Rocha dio a conocer en su noticiero de Televisa el video de la masacre que desmintió la versión del enfrentamiento, y el 9 de marzo la alcaldesa de Atoyac encabezó una marcha con 127 féretros a la capital del país representando la misma cantidad de muertos que había en ese municipio en los últimos meses.
A la par de la protesta se iba a instalar el Consejo Nacional de Seguridad, con la presencia de todos los gobernadores, evento al que Núñez Ramos pudo ingresar gracias a que Serafín fue convocado como diputado federal, entonces se coló con sus apellidos y le dijo al secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet:
“Aquí traigo un banco de sangre, en donde demuestro que ese señor llamado Rubén Figueroa no puede formar parte de este consejo, es un asesino, masacra a la gente, masacró a 17 campesinos”; luego fue expulsada.
Al otro día, Figueroa Alcocer organizó en Chilpancingo una manifestación “masiva” que se dirigió a Atoyac, la alcaldesa pensó en renunciar, pero el gobernador pidió licencia indefinida el 12 de marzo.
Núñez Ramos aseveró que Figueroa Alcocer no acabó en la cárcel porque era compadre del entonces presidente de México, Ernesto Zedillo; pese a ello, sostuvo, hay que seguir luchando por la justicia y la reparación de daños.

La OCSS y Gilberto Romero

La masacre de Aguas Blancas se perpetró durante el trayecto a Atoyac de los integrantes de la OCSS, conformada en 1994 con demandas campesinas y de presentación de los desaparecidos de la guerra sucia, hacia Atoyac, donde pedirían fertilizante y la presentación con vida de su compañero Gilberto Romero Vázquez, visto por última vez el 24 de mayo de 1995.
–¿Cómo vio, cómo ve, que la OCSS en su momento la acusó de la desaparición?
–Yo creo que la OCSS tenía un trato y compromisos con el gobernador y que se prestó a que me atacaran.
Núñez Ramos relató que un día antes de la toma del Ayuntamiento de Atoyac por la OCSS el 18 de mayo de 1995, día de la conmemoración de la masacre de 1967, habló con Figueroa Alcocer para reclamarle que los campesinos le iban a exigir “las cuentas que usted no ha cumplido”; el gobernador le ofreció mandar la fuerza pública, pero la alcaldesa de Atoyac lo rechazó.
Fueron tres días de toma por decenas de campesinos, la gran mayoría de Coyuca de Benítez, no de Atoyac, señaló Núñez Ramos, en los que “nos secuestraron, nos tuvieron ahí tres días sin luz, sin agua, sin aire, y yo a la policía municipal le dije: tranquilos”.
La alcaldesa llamó a la población por radio y los pobladores de las comunidades, principalmente de La Pintada, núcleo cafetalero que encabezó con su esposo, el ex preso político del movimiento 68 Arturo Martínez Nateras, comenzaron a reunirse para defender el Ayuntamiento y “salvar a la presidenta”.

Al tercer día, Núñez Ramos habló con el gobernador, quien le pidió hablar con Hilario Mesino, con quien tuvo un “diálogo muy familiar: sí, gobernador, lo que usted, gobernador”.
“Querían que hubiera un enfrentamiento, que nosotros respondiéramos a esa agresión y que en ese fuego cruzado mataran a la presidenta, ésa es mi versión, diciendo que había habido un enfrentamiento de la policía municipal con los que habían ido a protestar”.
Núñez Ramos señaló a Figueroa Alcocer de estar detrás de ello.
La ex presidenta municipal de Atoyac resaltó que antes de desaparecer, Gilberto Romero le pidió apoyo para la siembra de maíz, lo cual hizo y cuando ya no se supo más de su paradero, el apoyo fue para su esposa María de Jesús, quien le dijo que no creía que ella desapareció a su esposo porque éste la respetaba “y la quería mucho”.
Núñez Ramos planteó dos destinos del desaparecido: “se fue al otro lado (migrando a Estados Unidos) o que lo mataron, directamente ¿quién?, bueno, no él (Figueroa) verdad, pero sus secuaces, (Héctor) Vicario, porque él era responsable de todo ese relajito”.
Se le preguntó si la desaparición propició la masacre y contestó: “pues es parte de lo que exigían, la aparición de él, era parte de sus demandas, sí, como no”.

El “declive” del PRI y de Figueroa

La victoria electoral de Núñez Ramos fue una de las primeras del PRD en Guerrero tras su creación en 1989, encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas.
“Lo cierto es que Figueroa, como hombre de su época y formado por su padre, que fue peor, pues él quería continuar siendo fuerte, siendo el liderazgo del PRI y para nada se imaginaban que una mujer frágil, sencilla aparentemente como era yo, pues iba a poder ganarles toda la Costa Grande”.
El gobernador acusaba al síndico Wilibaldo Rojas y al regidor Mario Valdez de organizar una guerrilla en el contexto de violencia que se vivía en la región, donde apenas se cumplían 20 años de la muerte del guerrillero Lucio Cabañas Barrientos en 1974, tras el secuestro Rubén Figueroa Figueroa, gobernador de 1975 a 1981.
“Todos los presidentes municipales eran empleados del gobernador, entonces él no quería que alguien más se rebelara como lo había hecho yo”, dijo Núñez Ramos y puso de ejemplo el diferendo del día de su primer informe a finales de 1994, cuando le querían imponer una fecha y ella dispuso de otra porque el “municipio es libre y aquí decide el Cabildo”.
Figueroa Alcocer “se moría de rabia cada vez que yo me ponía en ese plan, entonces quería evitar eso y después hubo señales que querían seguir haciendo violencia, que querían seguir provocando”, como el asesinato de la dirigenta del PRD en Tecpan, Martha Morales Vázquez, el 14 de octubre de 1995, y el atentado a balazos contra el regidor Mario Valdez el 15 de septiembre de 1996, por el que perdió parcialmente la vista.
“Sí hubo esas cuestiones de violencia, pero nunca se atrevieron en directo conmigo. Pero el declive del PRI empezó ahí y la caída de Figueroa empezó ahí, yo seguí haciendo política y él nunca más”, subrayó Núñez Ramos.