Asisten miles de feligreses y turistas a la Procesión de Los Cristos en Taxco y sus comunidades

La Semana Santa en el municipio de Taxco transcurre con una diversidad de expresiones de fe, arraigo e identidad de los habitantes. Si las procesiones y actividades con las imágenes religiosas han trascendido con todo lo que se desarrolla en estos días en la ciudad platera, en las comunidades la devoción es todavía más profunda y con una participación colectiva.
Además de la cabecera municipal, las actividades se mantienen en la tradicional jornada en Cacalotenango, en Taxco el Viejo, y con otra variante en Acamixtla, al norte de la ciudad, en una manifestación de profundo misticismo de los lugareños quienes se vuelcan con devoción y respeto.
Entre el Jueves y Viernes Santo miles de penitentes de las distintas hermandades fueron encruzados, flagelados y encadenados, además de las hermandades de soldados romanos y la del Santo Entierro, quienes caminaban dispersos por las calles taxqueñas por el día y la noche entre un mar de gente, habitantes y turistas, y otras miles de personas con cirios incorporadas en las procesiones, además de los miles de espectadores.
La procesión de Los Cristos, una de las más largas que se prolonga desde el anochecer del jueves hasta las primeras horas del viernes, quienes luego retornan con sus imágenes a sus barrios y comunidades rurales, como cada año atrajo a miles de turistas nacionales e internacionales que abarrotaron los hoteles, hospederías improvisadas y muchos hogares.
Al ritmo de las chirimías, que es el instrumento que se toca mientras avanzan las imágenes por las sinuosas calles que se iluminan con las velas y cirios, el ambiente de duelo y silencio era impactante.
Ayer, las actividades se reanudaron desde las 6 de la mañana con el sermón de flagelación en la capilla de San Nicolás Tolentino, y continuó con la procesión de las Tres Caídas, la cual parte de la misma iglesia hacia la Plaza Borda, a la entrada de la parroquia de Santa Prisca, con el sol que calaba la piel mientras los cientos de penitentes se sometían cargando pesados rollos de varas de zarzamora o azotándose la espalda desnuda hasta sangrarse, y mientras caminaban descalzos sobre las calles empedradas en ascenso o descenso.
Tras la ceremonia de las Tres Caídas, la procesión concluyó en el templo del Ex Convento de San Bernardino, donde se llevó a cabo la crucifixión.
Por otra parte, en Acamixtla la procesión fue imponente, entre las casas de adobe, los tecorrales y los cerros aledaños al pueblo, entre los penitentes adultos, hombres y mujeres, destacó la presencia de los niños penitentes.
El silencio predominó en toda la ruta, cobijada por los pobladores, atentos, sumidos en un acto de reflexión y de fe, a la par de los visitantes que llegaron para atestiguar y ser partícipes de una Semana Santa de profundo arraigo religioso.
Esta procesión fue una de las más emotivas, entre el duelo y la reflexión, sin importar edades, todos inmersos en la fe católica, a pie y sin importar el sol, decenas de penitentes, mujeres ánimas, encruzados y flagelados, otros grupos con una pesada cruz sobre sus hombros, y un grupo más, cuyos miembros cargaban una cruz armada con troncos espinosos, además de los niños penitentes vestidos sólo con un short y descalzos, con una especie de corona con hojas de laurel sobre la cabeza.
En la descubierta, la presencia de un grupo de soldados romanos a caballo y en actitud marcial, uno con una larga lanza con el pregón de la sentencia de Jesús, y uno más con la leyenda INRI rotulada en una madera y con la corona de espinas dentro de un canasto, rumbo a la crucifixión.
Lenta, sin contratiempos, la procesión inundó las calles de Acamixtla, una comunidad sumamente religiosa con un párroco recién asignado, donde los habitantes mantienen vivo ese legado de sus ancestros que data desde hace más de 70 años, según cuentan los viejos de la comarca.
Así transcurrieron los llamados días mayores de la Semana Santa en Taxco, que se resiste ante los embates de la inseguridad y la violencia; días marcados por los abusos de taxistas en el cobro de tarifas, así como de los prestadores de otros servicios, quienes no se quedaron atrás, en una temporada de alta afluencia turística.