Destacan la lucha de mujeres del CGCPA contra el desalojo del anfiteatro de Acapulco

Presos del CGCPA en Las Cruces, entre ellos Rosa María Gómez y Eliana García Foto: Fotograma

Redacción

Las participantes del Consejo General de Colonias Populares de Acapulco (CGCPA) y académicas de la UAG, Rosa María Gómez Saavedra y Eliana García Laguna, expusieron en un seminario en la Ciudad de México sus testimonios sobre la movilización, represión y el encarcelamiento que sufrieron durante un año y 9 meses como parte de la resistencia contra el desalojo del anfiteatro para la creación de Ciudad Renacimiento entre 1980 y 1982.
Destacaron la participación de las mujeres en los comités de los asentamientos para evitar el avance de la Policía Montada para realizar desalojos, así como la alianza que hubo entre el movimiento popular y universitarios, en el contexto que se vivía de la guerra sucia y el terrorismo de Estado.
Las activistas participaron ayer en la cuarta sesión del Seminario Interinstitucional Memoria, militancia y democracia. Agencias y resistencias de los movimientos sociales durante la segunda mitad del siglo XX en México, titulada Memorias y resistencias de las mujeres del Consejo General de Colonias Populares de Acapulco, trasmitida en Facebook por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM).
En su intervención, Gómez Saavedra explicó que, cuando se creó el CGCPA, Guerrero ya había tenido 64 gobernadores sin terminar sexenios, hasta que llegó Rubén Figueroa Figueroa en cuyo gobierno hubo más de 300 desaparecidos políticos, que fue un siglo de represión, marginación, pobreza, convulsión política, además de masacres como la del movimiento estudiantil por la autonomía en 1960 en la capital, de 28 miembros de la Asociación Cívica Guerrerense en Iguala en 1962, de 11 personas en 1967 en Atoyac en una concentración a la que fue invitado Lucio Cabañas y de veinte copreros en Acapulco dos meses después, porque esta era la respuesta que se daba a todo movimiento opositor.
Narró el proceso que comenzó en 1927 con la construcción de la carretera federal, la expropiación y robo de tierras ejidales para la utilidad pública, para el desarrollo turístico para una sociedad glamurosa, pero profundamente desigual, con pobreza extrema que continúa inclusive en el centro de la ciudad; que en los años 50 y 60 fue el Acapulco de los ricos, con empresarios, agentes de gobierno beneficiados y una burguesía empoderada.
Añadió que el CGCPA nació en mayo de 1980, con apoyo de la Coordinación General de la Zona Sur de la UAG como parte del proyecto universidad-pueblo, que comenzó con la movilización de pobladores de 21 colonias contra el desalojo del actual Parque Nacional El Veladero a Ciudad Renacimiento, que es zona de humedales, y después se fueron sumando más.
Subrayó la participación de las mujeres del movimiento en una doble jornada porque en las mañanas realizaban actividades domésticas y por la tarde eran dirigentes en los comités de resistencia, porque la Policía Montada llegaban por las mañanas mientras los hombres salían a trabajar y la labor de las vecinas era cuidar las entradas de las colonias, tocar campanas, rieles y silbatos, y promover las acciones de defensa como tirar canicas y tachuelas a los caballos para que no avanzaran.
Dijo que cada colonia tenía tres representantes, que en casi todas había una o dos mujeres y Beatriz González Hurtado fue la única mujer que presidió el CGCPA. Recordó a doña Flavia Rentería, sobreviviente de la Unión Inquilinaria, quien tenía su terreno en La Laja e insistía en la unidad, que el único intento de un secuestro que hubo de uno de los dirigentes fue el de Abel Salgado Valdez afuera de un espacio de la universidad, pero que estaban ahí unas madrinas, forcejearon y no se lo llevaron.
Gómez Saavedra también habló de la Marcha de la Dignidad el 25 de julio de 1981 en la capital del estado, luego de la salida de Figueroa Figueroa, para iniciar una negociación con el gobernador Alejandro Cervantes Delgado, y que el 28 se firmó una minuta de acuerdos donde el gobierno reconoció sus demandas, a las que se sumó la liberación de presos políticos, y que el 18 de octubre de 1983 hubo un paro nacional con el Consejo Nacional de Colonias Populares, donde se tomaron las entradas de Acapulco y en La Cima, donde ella estaba, cuando los policías comenzaron a avanzar las mujeres en resistencia se tomaron de los brazos, comenzaron a cantar el Himno Nacional y éstos se detuvieron.
García Laguna consideró que el paro cívico tuvo una repercusión nacional y representó para el gobierno un grupo insurreccional a reprimir, que la zona de El Tanque, en la colonia 13 de Junio fue desalojada casi un mes después de forma muy violenta, y cuando ambas acudieron a intentar hacer una negociación fueron detenidas y llevadas al Ministerio Público, junto con más de 200 estudiantes y dirigentes de colonias que fueron golpeados.
Añadió que su principal preocupación eran sus hijos pequeños y que pensó que saldrían libres rápido, pero tres días después fueron trasladadas a la cárcel y se liberaba a otros con la condición de que les echaran la culpa de organizar todo, que las acusaron de daños en propiedad ajena en modalidad de incendio, robo de un arma, resistencia, y se preparaban para lo peor: ser desaparecidas y que sus familias no supieran de ellas, por el contexto de Guerrero y los vuelos de la muerte.
Añadió que once de los detenidos llegaron al penal de Acapulco y al final quedaron presos Marco Antonio López, Darvy Batallar y ellas, y fueron liberados después de negociaciones y movilizaciones del CGCPA y otras organizaciones. Ambas destacaron que quien las acompañó desde el principio fue Rosario Ibarra de Piedra. Las visitó, visibilizó su detención con medios internacionales y logró que se les considerara prisioneros de conciencia con la intervención de Amnistía Internacional.
García Laguna agregó que entonces no sabían lo que eran los derechos humanos, que luchaban por la vivienda, por mejores condiciones, por la apertura política y la posibilidad de participación, manifestación y expresión; eran colonos que decidieron enfrentarse “al cacique más violento que ha tenido, de los más salvajes, de los más primitivos, como fue Rubén Figueroa”, que es como la base del colapso institucional que ahora hay en Guerrero.
Dijo que dejaron a sus hijos en los años en que se forman, que a una de sus hijas le dieron un balazo, pero que eran hombres y mujeres decididas a confrontarse con todas las consecuencias, porque con este tipo de movimientos se dejó la base para otras organizaciones ante el gran descontento, como feministas, buscadoras de desaparecidos, se generó una resistencia, y que al paso de los años responden que sí valió la pena y espera que haya posibilidad de reivindicar a las mujeres.
Señaló que actualmente la violencia está copando de manera absoluta todos los espacios de distintas formas y importante manifestar que la resistencia es lo único que permite mantener la continuidad como seres que luchan por transformar y tener un país mejor.
El moderador, Daniel Librado, apuntó que esta sesión expondría los “intentos de los millonarios coludidos con los gobernadores corruptos de Guerrero, incluso el presidente municipal, con la intención de desplazar a los pobres hacia las zonas limítrofes, sacarlos del casco de la ciudad, sacarlos de la zona del anfiteatro para gentrificar”, y que esto ocurre desde los tiempos del presidente Miguel Alemán con proyectos como los que crearon Costa Azul y los fraccionamientos para millonarios.