Los filtros de seguridad y recorridos de efectivos del Ejército y de la Policía Estatal se incrementaron en la ciudad de Chilapa después de los últimos hechos de violencia que no han cesado en este inicio de año.
Un recuento de la información de este diario muestra que en enero se reportaron 22 asesinatos, entre ellos los de cuatro mujeres, de las cuales una tenía 17 años y otra 18, que incluyen además a los cinco artesanos provenientes de Veracruz.
Las operaciones permanentes del Ejército en esta ciudad y en los municipios vecinos se han intensificado con la activación de filtros de seguridad y patrullajes.
Los filtros están en el módulo de seguridad en el crucero a Ayahualulco, en carretera Chilapa-Chilpancingo, donde son revisados aleatoriamente automóviles particulares, de carga y de pasajeros.
Otros filtros están en el crucero hacia Atzacoaloya, en la carretera Chilapa-Tlapa y en el crucero a Pochahuizco en la carretera Chilapa-Zitlala. De igual forma, en la entrada a la cabecera de Zitlala se mantiene un filtro militar.
A raíz de los últimos hechos de violencia en la zona urbana, soldados del Ejército han instalado puntos de revisión en calles y avenidas, y recorridos a pie en el primer cuadro de la ciudad y en las inmediaciones de sitios de transporte público.
Los militares preguntan a automovilistas o motociclistas a dónde se dirigen y a qué se dedican.
A finales de noviembre de 2017, en el colapso del sector educativo ante amenazas en redes sociales contra maestros y en el contexto del homicidio de la menor Diana Paulina de 13 años de edad, el comandante de la 35 Zona Militar, José Francisco Terán, informó que se había desplegado en Chilapa y sus alrededores una tropa de 500 soldados para contener la violencia.
El operativo militar está coordinado por patrullas de la Policía Estatal y de la Policía Municipal.
A pesar de la militarización, que no ha bajado los índices delictivos, comerciantes, maestros, deportistas, estudiantes y trabajadores realizan sus labores cotidianas en medio de la zozobra y la tensión ante eventuales hechos de violencia.
Ayer, el tradicional tianguis dominical se instaló de manera habitual a las 7 de la mañana y se levantó alrededor de las 4 de la tarde, aunque ya con un mermado número de locatarios y de visitantes que ha traído la inseguridad de los últimos años.
En el centro, familias acuden al Zócalo, la mayoría hasta las 9 de la noche, y las fiestas han recorrido sus horarios para concluir temprano.