El 25 de diciembre pasado la señora Eloína García Nava falleció sin conocer el paradero de su hijo, Román Gallardo García, desaparecido hace casi 15 años en Chilpancingo.
“Hasta el último aliento quiso encontrar a su hijo. Es el mismo clamor de todas las madres buscadoras”, dijo David Molina, vocero del colectivo Lupita Rodríguez, al que pertenecía Eloína García.
Román Gallardo desapareció el 1 de enero de 2010 en un baile en la plaza de toros de Chilpancingo. Esa noche, de acuerdo con familiares cercanos, estaba bien cuando les dijo que fue al baño y ya no regresó.
Los familiares conocieron dos versiones de su posible desaparición, que un guardia de la feria lo encontró orinando en un lugar prohibido y lo sacó del recinto por la parte trasera.
Otra versión indica que unos hombres lo sacaron del baño con la camisa enrollada a la cara y se lo llevaron.
Hasta la fecha las autoridades no han informado de los resultados de las investigaciones.
Su familia, entre los que destacó su ahora finada mamá Eloína, participan con el colectivo Lupita Rodríguez en la búsqueda, acciones y gestiones ante autoridades para la localización de Gallardo García y más desaparecidos que pertenecen a la organización.
Sin embargo, debido a una complicación de la diabetes, Eloína García Nava de 79 años murió este 25 de diciembre en Chilpancingo, justo en Navidad.
La madre buscadora era originaria del municipio de Tecoanapa, en la Costa Chica de la entidad, donde este viernes 27 fue sepultada sin conocer el destino de su hijo.
“Llevaba más de 10 años buscando a su hijo Román Gallardo García, desaparecido en Chilpancingo, con el mismo clamor de todas las madres buscadoras, hasta el último aliento quiso encontrar a su hijo”, dijo el coordinador del colectivo Lupita Rodríguez.
Agregó que en el colectivo de familiares desaparecidos de Chilpancingo van 10 madres que han fallecido sin encontrar a sus hijos, incluyendo a su líder María Guadalupe Rodríguez Narcizo, quien murió el 27 de agosto de 2021 por Covid-19. (Luis Daniel Nava / Chilpancingo).
Brisa Lizbeth Gallardo Acosta, hija de Roma?n Gallardo García, desaparecido hace 12 an?os en la plaza de toros “Belisario Arteaga” en Chilpancingo, en entrevista Foto: Jesu?s Eduardo Guerrero
Zacarías Cervantes
Chilpancingo
Brissa Lizbeth Gallardo Acosta tenía apenas 10 años cuando desapareció su padre Román Gallardo García, a quien recuerda como “muy consentidor” y dijo que siempre estaba al pendiente de todos sus hijos, a pesar de que ella no vivía con él.
Román Gallardo desapareció el 1 de enero del 2010 y 12 años después sus familiares lo siguen buscando, ahora con Brissa Lizbeth a la cabeza.
“De él no recuerdo nada malo, sólo cosas buenas. Recuerdo que cuando le hablaban de la escuela siempre llegaba puntual a pesar de que trabajaba mucho por sus hijos”, contó la joven, en entrevista el viernes pasado.
Declaró que su padre tenía 29 años cuando desapareció y que el último recuerdo que tiene de él es que era “alegre, feliz y chistoso”.
El 1 de enero del 2010, Román fue a un baile a la plaza de toros con varios integrantes de su familia, eran unos 15, según recuerda Brissa, a quien días después le dijeron que esa noche su padre estaba bien cuando les dijo que iba al baño y ya no regresó.
El de Román Gallardo es uno de los casi 100 casos de desaparecidos que tiene registrados el Colectivo Lupita Rodríguez de Chilpancingo, y de los que a pesar de los años transcurridos no existe ningún indicio ni pistas de lo que sucedió y las autoridades no han dado resultados de las investigaciones.
Brissa Lizbeth, quien ahora se ha hecho cargo de dar seguimiento al caso de la desaparición de su padre, denunció que desde que su abuelo, Román Gallardo de Jesús presentó la denuncia, las autoridades no les han dado a conocer avances de las investigaciones.
Con madres de desaparecidos, Brissa Lizbeth, participa con el Colectivo Lupita Rodríguez en las jornadas de búsqueda y en las acciones y gestiones ante las autoridades para la localización de las decenas de desaparecidos registrados en ese colectivo.
Declaró que fueron sus familiares y no las autoridades quienes desde el primer momento de la desaparición de su padre comenzaron a buscarlo.
“Al día siguiente se movilizó la familia, fueron al Ministerio Público y a preguntar a la plaza de toros. Se organizaron búsquedas porque nunca antes se había ido sin avisar, sus padres siempre sabían a dónde iba o dónde estaba”, asegura la joven.
Contó que supo después de la desaparición de su padre, (ella tenía 10 años), que sus familiares hablaron con el policía que estaba de guardia en la feria y les dijo que lo encontró orinando en un lugar prohibido y lo sacó de la feria por la entrada de atrás.
Sin embargo hubo otra versión de una señora que vendía dulces afuera del palenque, quien les dijo que vio que un hombre de camisa roja, (como iba vestido su padre) entró al baño y minutos después unos hombres lo sacaron con la camisa enredada a la cara y lo sacaron de las instalaciones de la feria.
Dijo que sus familiares llegaron a la conclusión que tal vez el policía lo entregó a la “gente de la mañana” porque si fuera verdad de que lo encontró orinando en un lugar prohibido lo hubiera llevado a barandilla para cobrarle la multa.
Denunció que el Ministerio Público nunca investigó al policía municipal “y todavía no sabemos si fue él el que sacó a mi padre o fue el que dice la señora que vendía dulces o tal vez se llevaron a dos”.
El problema, dijo, fue que las autoridades nunca hicieron nada por investigar, “por lo que yo recuerdo, nunca dijeron que haya habido una búsqueda con policías, o algo así, nada. Tampoco recuerdo que se hayan hecho investigaciones y hasta la fecha no hemos tenido respuesta”.
Brissa Lizbeth dijo que cuando desapareció su padre no vivía con él, sino con sus abuelos por decisión de ella, y que su padre vivía con otro de sus hermanos y con su pareja.
Contó que el 1 de enero, cuando desapareció, al despertar vio a todos sus familiares preocupados, y no le querían decir qué estaba pasando, supo que su padre estaba desaparecido porque más tarde fueron sus tíos a la casa de su papá y sin querer escuchó todo.
Recordó que entonces vivían en la colonia Las Palmas, al poniente de Chilpancingo y que por la mañana fueron a buscarlo por los alrededores de la feria, preguntaron con la gente que trabaja ahí “y lo único que lograron indagar fue la versión del policía y la de la señora que vende dulces, pero fue todo lo que se logró saber hasta ahora, las autoridades no han informado nada”, se quejó.
Dijo que fueron sus mismos familiares los que hicieron las búsquedas en otros lados de la ciudad, pero igual, no encontraron nada y la policía tampoco ha hecho algo hasta la fecha”.
Al paso de los años, la familia no se ha resignado y ha continuado con la búsqueda en varias partes del estado con el acompañamiento del Colectivo Lupita Rodríguez, al que ingresaron sus familiares para no andar solos en las búsquedas.
A 12 años de la desaparición de su padre, Brissa dijo que tiene la esperanza de que va a llegar a saber qué pasó con su papá y que posiblemente hasta lo encuentre con vida, pues explicó que ha escuchado que a muchos desaparecidos se los llevan para trabajar pero luego los sueltan.
“Probablemente haya sido el caso, no sé. Yo estaba chiquita pero no sabía que tuviera problemas. Yo le he preguntado a mi abuelito y me ha dicho que no, que no tenía problemas.
Yo creo que si supieran algo malo de mi papá, ya me lo hubiera dicho, o hubieran dado por hecho que por algo se lo llevaron y no los siguieran buscando, pero no, estoy segura que mi padre no hizo nada malo”, atajó.
Contó que a pesar de que a pesar de que sus familiares siguen participando en las búsquedas, ya no van con las autoridades para pedir información del caso, porque han perdido la confianza y la esperanza de que lo busquen.
Reconoció que con el cambio de autoridades estatales, sigue igual; “no se investigan los casos de desaparecidos y menos en el caso de los hombres, ahorita, supuestamente, le dan prioridad a las mujeres, aunque en los hechos sabemos que tampoco es así, no investigan”.
Brissa Lizbeth Gallardo no cree que la desaparición de su padre haya sido circunstancial; “yo pienso que si hubiera sido circunstancial, en el momento que se hubieran dado cuenta que no era la persona a la que buscaban lo hubieran soltado o lo hubieran matado ahí mismo para que no hablara”.
Sin embargo no tiene una explicación del por qué se lo llevaron, “absolutamente no hemos sabido nada de él. De la nada desapareció, ya pasaron 12 años y hasta la vez no se sabe nada”.