Ramón Gracida Gómez
A un año del alud de piedras que mató a tres habitantes de la colonia Lázaro Cárdenas durante el paso del huracán John, el resto de los vecinos del andador Hermenegildo Galeana aún espera la reubicación prometida por el gobierno municipal como respuesta a la tragedia.
A las 11 de la noche del 26 de septiembre de 2024, enormes rocas cayeron encima de la casa de Felipa Diego de 86 años y de sus vecinos Edith y Jaime, las tres víctimas mortales de un total de 24 contabilizadas en todo el estado a raíz del meteoro.
Ambas viviendas, una enfrente de otra, siguen intactas después de un año del desastre. Es una postal permanente que no ha cambiado. Los grandes hoyos que provocaron las rocas les recuerdan el suceso a los familiares de las víctimas que sí se salvaron de alguna u otra forma.
Una hija de Felipa vive a un costado de la ex vivienda en la que murió la adulta mayor, habló resignada con El Sur desde su ventana sobre el incumplimiento del gobierno para reubicarlos a otra zona del municipio y la imposibilidad de ella y de su familia para encontrar otro lugar porque no es posible dejar el único patrimonio que tienen.
Trabajadores del Ayuntamiento acarrearon algunas de las piedras que rodaron varios metros abajo en el andador para que la vecina las utilizara en la reconstrucción de un muro de contención, pero no lo ha podido hacer, entonces el cúmulo de rocas sólo acompaña al agua de lluvia que caía ayer como arroyo.
Todos los habitantes del andador Hermenegildo Galeana regresaron. Se ve la ropa colgada en alambres puestos en sus pequeños patios para que se seque con el sol. Los colonos sólo se van de sus casas cuando la amenaza de lluvia es real y buscan un refugio en la casa de algún vecino que se apiade de su situación de vulnerabilidad.
Desde hace varias meses los vecinos no ven a Protección Civil. No saben qué va a pasar con ellos. Entonces su vida continúa en esta evidente zona de riesgo, la cual se agrava con una enorme torre de telecomunicaciones a orilla de la ladera, que no se ha caído porque la sujeta otra atrás, afirmó un habitante.
Unos 20 metros más abajo, Juana quitaba este miércoles con un machete la maleza crecida por la lluvia para que sus vecinos puedan pasar por el andador informal de tierra. Su casa quedó un metro y medio enterrada por el deslave de esta ladera del parque nacional El Veladero, no tan lejana de donde colectivos de familiares de desaparecidos han buscado restos humanos por cierta información recibida de ser una zona en la que grupos delincuenciales entierran cuerpos en fosas clandestinas.Juana, que suma más de 30 años viviendo en la Lázaro Cárdenas, colonia ubicada a unos cinco minutos en automóvil del mercado de la 20 de Noviembre, salió de su vivienda junto con su esposo horas antes del desastre provocado por el huracán John y desde entonces renta en un lugar no tan lejano de la zona.
En la breve charla mencionó unas tres veces que antes de perderla, iba a remodelar su casa. Incluso varias varillas aún están enterradas y no las ha podido sacar, como tampoco algunas de sus pertenencias.
Otra casa destruida prácticamente en su totalidad colinda con la propiedad de Juana, los dueños viven con sus familiares a un lado, no hay a dónde irse y menos si no hay apoyo del gobierno.
Durante la conmemoración del primer aniversario de John el martes pasado, la alcaldesa Abelina López Rodríguez incluyó a la colonia Lázaro Cárdenas como una de las nuevas zonas de riesgo tras el paso del huracán e informó de la reubicación de 500 familias, pero no precisó de qué colonias son.
Juana fue anotada hace tiempo en una lista de 20 familias candidatas a reubicación y otras familias no, a pesar de vivir a un costado de las casas destrozadas, contó una señora cuya entrada de su casa es un pedazo de madera.
Metros más abajo, una miscelánea abierta, el paso de un taxi y un señor en su balcón dan a entender que se puede vivir así, aun con uno de los coches destrozados por el alud de septiembre del año pasado que no ha sido removido desde entonces.
