EL-SUR

Lunes 03 de Octubre de 2022

Guerrero, México

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EDITORIAL

EDITORIAL

Febrero 05, 2005

 

Este domingo, los guerrerenses viviremos la jornada electoral más competida y relevante de nuestra historia contemporánea. El ambiente no es el mejor: un cúmulo de denuncias de hechos que buscan presuntamente vulnerar la decisión de los ciudadanos, hechos de violencia, suspicacia por actitudes de la autoridad electoral. Pero también hay una inusual participación, por masiva e intensa, de muchos sectores de la sociedad.

En este contexto, lo menos que se puede esperar de los principales contendientes es un respeto irrestricto a la voluntad popular expresada en las urnas.

El partido en el poder, el PRI, tiene una altísima responsabilidad enfrente. Las encuestas más serias lo sitúan ante el riesgo de perder la elección. Desde el inicio de la campaña, y hasta la víspera de la jornada decisiva, ha desplegado las maniobras tradicionales que lo han distinguido como una formación política que acude a prácticas no siempre legales para conseguir el voto popular. Ciertamente, las acompaña cada vez más de un tenaz y hasta creativo trabajo de medios y de iniciativas políticas diversas, que sin embargo no le han permitido llegar al domingo 6 sin la certidumbre de que saldrá avante.

¿Que le falta para mantenerse en el poder del gobierno de Guerrero? Ojalá que no sea acudir a la violencia este domingo.

La responsabilidad del Consejo Estatal Electoral no es menor. Cualquier interrupción en el Programa de Resultados Electorales Preliminares; cualquier paso en falso de la encuestadora de salida que autorizó, no sólo terminará con la credibilidad de ese organismo sino que abonará a la exacerbación de los ánimos ciudadanos.

El gobierno federal tendrá que poner una especial atención sobre el desenlace de nuestro proceso electoral, y se le exige que no nos vea como laboratorio de la sucesión presidencial de 2006.

A todos los actores políticos hay que decirles que Guerrero no quiere violencia, retrocesos ni aromas de otros tiempos. Guerrero merece justicia, legalidad, paz, civilidad, respeto a los derechos políticos de los ciudadanos y democracia.

Necesita en el gobierno hombres dispuestos a enfrentar los retos de un nuevo milenio, y no a quienes se sientan amenazados por la democracia.