8 julio,2026 6:17 am

La disputa de la familia Bolsonaro y el futuro de la extrema derecha en Brasil

Gaspard Estrada

Los conflictos internos entre Michelle y Flávio Bolsonaro han convertido la precampaña presidencial brasileña de este año en una prueba de sobrevivencia política para el bolsonarismo. Lo que inicialmente parecía una disputa familiar o una diferencia táctica dentro del Partido Liberal se ha transformado en un síntoma más profundo: la dificultad del movimiento creado alrededor de Jair Bolsonaro para funcionar normalmente sin la autoridad directa de su fundador.
El choque entre la ex primera dama y el senador golpea en el centro de la estrategia electoral de Flávio Bolsonaro. Su candidatura buscaba presentarse como una versión más institucional, moderada y viable políticamente del bolsonarismo, capaz de conservar el voto duro de derecha y, al mismo tiempo, recuperar sectores evangélicos, empresariales y femeninos que fueron decisivos en elecciones anteriores. Sin embargo, la ruptura pública con Michelle Bolsonaro debilita precisamente ese intento de ampliación.
Michelle Bolsonaro no es una figura secundaria dentro del movimiento bolsonarista. Desde 2022 se consolidó como una de sus principales voces entre mujeres conservadoras y votantes evangélicos. Su capital político proviene de una combinación de religiosidad, discurso moral y cercanía emocional con la base bolsonarista. Por ello, su alejamiento de la campaña de Flávio Bolsonaro representa una pérdida estratégica. Michelle Bolsonaro dejó la dirección femenina del Partido Liberal tras acusar a Flávio de críticas y falta de respeto, en un conflicto que evidencia las dificultades de la extrema derecha brasileña para conquistar al electorado femenino.
El impacto de esta crisis ya aparece en las encuestas. Un sondeo de la casa encuestadora Atlas Inteligencia indica que 64 por ciento de los entrevistados considera que la exposición pública del conflicto debilitó la candidatura de Flavio Bolsonaro, mientras apenas 9 por ciento cree que la fortaleció. El dato es políticamente relevante porque muestra que el problema no se limita al núcleo bolsonarista de extrema derecha, sino que afecta la percepción más amplia de viabilidad presidencial del senador.
La crisis también revela una disputa por el control del bolsonarismo. Flávio intenta organizar la candidatura desde la lógica partidaria del PL, negociando alianzas, moderando el discurso y buscando respaldo institucional. Michelle, en cambio, expresa una sensibilidad distinta: más vinculada al activismo evangélico, al voto moral conservador y a sectores que no quieren que el bolsonarismo se “normalice” mediante acuerdos tradicionales. La pelea sobre alianzas regionales, en particular en Ceará, expuso divergencias sobre estrategia electoral, control del partido y reparto de poder interno.
Para Flávio Bolsonaro, el daño es doble. Por un lado, pierde una figura con capacidad de movilización en un segmento donde Lula mantiene ventaja: el voto femenino. Por otro, queda asociado a una imagen de conflicto familiar, autoritarismo interno y falta de capacidad para ordenar su propio campo político. En una campaña presidencial, esa percepción puede ser devastadora. Si un candidato no logra pacificar su núcleo familiar y partidario, resulta más difícil convencer al país de que puede gobernar una coalición amplia.
La crisis favorece directamente al presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Las últimas encuestas ya mostraban a Lula por delante de Flávio en un eventual segundo turno, con 49 por ciento frente a 42 por ciento, según la última encuesta publicada por Atlas Inteligencia para Bloomberg. Ese avance coincidió con un deterioro del ambiente interno de la derecha y con la incapacidad del bolsonarismo para proyectar unidad.
Además, el conflicto obliga a la derecha a reabrir una pregunta que parecía parcialmente resuelta: ¿Flávio Bolsonaro es realmente el mejor candidato para enfrentar a Lula? Gobernadores conservadores, dirigentes del PL y sectores empresariales observan con inquietud la posibilidad de que la candidatura quede atrapada entre escándalos, tensiones familiares y dificultades para ampliar su base electoral. Algunos análisis ya sugieren que el partido podría considerar escenarios alternativos si la crisis se agrava.
El bolsonarismo enfrenta así una paradoja. Su fuerza histórica provino de una lógica familiar, personalista y emocional. Pero esa misma estructura se convierte ahora en fuente de vulnerabilidad. Sin Jair Bolsonaro como candidato directo, las lealtades se fragmentan entre herederos, aliados, dirigentes evangélicos y operadores partidarios. La familia, que durante años funcionó como símbolo de cohesión política, aparece hoy como escenario de disputa.
En resumen, el conflicto entre Michelle y Flávio Bolsonaro no es una anécdota privada, digna de una telenovela, sino un acontecimiento político con consecuencias electorales. Expone la fragilidad de una candidatura que necesita moderarse sin perder radicalidad, institucionalizarse sin parecer parte del establishment y atraer mujeres sin contar con su principal figura femenina. Si Flávio Bolsonaro no logra recomponer esa fractura, su campaña puede quedar marcada por una debilidad fundamental: representar al bolsonarismo sin conseguir gobernarlo.

* Miembro de la unidad del Sur Global de la London School of Economics (LSE)
X: @Gaspard_Estrada