
En El Quemado, Evaristo Castañón Flores señala que no ha habido reparación integral del daño a las víctimas del Ejército de 1972. “Quisiéramos una ayuda pero ya, esto es urgente, si no nos ayudan nos vamos a seguir muriendo”, advierte el campesino de 84 años
(Cuarta y última parte)
Atoyac, Guerrero, 25 de julio de 2022. Evaristo Castañón Flores y de Avelino Pino Hernández hablan sobre los 50 años de resistencia de las víctimas de la guerra sucia, que buscan justicia ante la tortura y la desaparición transitoria que sufrieron del Ejército en 1972, y aún muchas de ellas no saben por qué les pasó.
Evaristo Castañón Flores de 84 años considera que como no hay justicia con reparación integral del daño a las víctimas del Ejército en 1972, “la guerra sucia ha seguido para nosotros durante todos estos 50 años, porque hemos sufrido como no te imaginas”.
El reconocido luchador por que se haga justicia a las víctimas, fue orador en la visita de la comisionada ejecutiva de atención a víctimas del gobierno federal, Martha Yuriria Rodríguez Estrada, el miércoles 13 de julio.
En entrevista relató parte de la lucha de resistencia, “son 50 años tocando puertas, exigiendo justicia, todos dicen que sí pero no dicen cuándo”.
De la irrupción del Ejército en la comunidad, mencionó que los soldados “nos llevaron a casi todos los hombres del pueblo, yo tenía como 34 años, me llevaron a Atoyac en helicóptero y después a Acapulco, todos amarrados a una tabla y uno con el pie del otro, el amarre te dejaba los dedos hinchados con un cable tremendo”.
Informó que en Acapulco los tuvieron en El Fuerte de San Diego donde los torturaron durante 10 días, sin comer, sin beber agua, “y con la cara pegada en el piso, en la arena, al que tantito volteaba la cabeza lo pateaban, tenían que estar con la quijada pegada a la arena”.
–¿Cómo vivía antes de la irrupción del Ejército?
–Pues feliz de la vida, yo tenía mi parcela aquí, soy pobre pero cosechaba mucho maíz, mucho frijol, incluso arroz, mi familia no sufría por parte de la comedera, pero cuando llegó el gobierno y nos agarró se quedaron las milpas ahí.
–¿Cómo es la vida después de un ataque como ese?
–Se puede decir que te destruyen la vida porque, por ejemplo yo ya no estoy aquí y eso que este es mi pueblo. Estoy viviendo en Acapulco con una hija, se casó y se fue para allá, a mí ya se me murió mi esposa, se me murió mi hijo y quedo sólo yo aquí.
Relató que desde el gobierno del presidente Vicente Fox Quesada (2000-2006) acudió el titular de la Fiscalía para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp), Ignacio Carrillo Prieto, “él nos hizo muchas promesas pero nada se cumplió”.
Después de la tortura que recibió del Ejército y de pasar 4 años de prisión, dejó la parcela y buscó trabajo como obrero en Lázaro Cárdenas, luego en Atoyac “hallé un trabajo en el que me pagaban 500 pesos semanales, era mucho, le daba de a 100 pesos a mis hijos para sus estudios”.
Agrega que la violencia que sufrió “fue un hecho tremendo, hasta la vez hacen programas de reparación del daño como les conviene, no se fijan en la necesidad de uno, ni en los estándares internacionales”.
Mencionó que está enfermo, sufre de dolores, necesita dinero para hacerse estudios médicos y lo que obtuvieron de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), es que quizá para el próximo año haya presupuesto para indemnizarlo, “y eso es lo que dicen, no está seguro”.
“Se oyó mal lo que dije en la reunión, de que no parece que hubo cambio de gobierno, pero se están haciendo las cosas como en los gobierno anteriores”, reprochó.
Demandó dinero para poder acudir al médico y comprar medicina, porque su hija se hace cargo de él y de sus gastos, “pero ella es maestra, trabaja en una escuela particular y le pagan poco, mi esposa falleció en el 2008 por no tener dinero para atenderla pronto, por eso digo que el pobre se muere de pobreza, porque no tiene para atenderse y se le complica la enfermedad”.
Advirtió que todas las víctimas están entre 60 y 85 años de edad, enfermos y sin dinero para atenderse, “así como vimos se siente uno mal, quisiéramos una ayuda pero ya, esto es urgente, si no nos ayudan nos vamos a seguir muriendo”.
El Ejército estuvo reprimiendo a la gente, decía que Lucio andaba aquí, recuerda Avelino Pino
Avelino Pino Hernández tiene 70 años, era un joven campesino de 20 años cuando el Ejército lo detuvo en esta comunidad, fue torturado, acusado de pertenecer al grupo guerrillero de Lucio Cabañas y de asesinar soldados, y 50 años despúes aún no sabe por qué le hicieron eso.
Dice que después de salir de la cárcel tras ser amnistiado por el gobierno del estado se reintegró a la vida del campo, a trabajar.
Del día de la irrupción militar el 5 de septiembre de 1972 contextualiza que el Ejército ya tenía meses en la zona, era común ver a los soldados.
“Primero el Ejército agarró a unas cuantas gentes, en dos días nos agarró a todos”, contó.
–¿Cómo los agarró?
–Te citaban en la cancha y el jefe decía quién se quedaba y quién se iba para su casa.
–Y a ti te tocó.
–Sí, cuando a mí me agarraron agarraron a mucha gente, primero nos llevaron a Atoyac, a donde es ahora la Presidencia Municipal, nos llevaron en helicóptero, y de ahí nos llevaron para Acapulco en carro.
–¿Eso cómo te afectó?
–(luego de una pausa de cinco segundos en la que mantuvo puños, labios y ojos apretados, respondió) Al principio sí, pero pues como estaba joven, pues (otra pausa igual), aquí estoy todavía.
–¿A qué te dedicabas en ese entonces?
–Mi jefe (padre) que vivía todavía había sembrado una huerta de café, nos dedicábamos a sembrar maíz y frijol pero ya que me agarraron estuvimos inactivos 4 años con 2 meses, a mí me llevaron a Acapulco, no sé a dónde ni por qué, pero nos sacaban en las noches para golpearnos, después nos llevaron al comedor de las mujeres en la cárcel, y después nos metieron a la cárcel de hombres (acusado de asesinar soldados).
–¿Cómo era el Ejército en ese entonces?
–¿Cómo eran? Pues como todos los conocimos, eran golpeadores, ahora al menos aquí ya no hacen esas situaciones, pero antes el gobierno estuvo reprimiendo a la gente, nosotros somos campesinos, pero decían que (el líder guerrillero) Lucio (Cabañas Barrientos) andaba aquí, pero en mi caso no lo conocí, yo no sabía ni qué.
Cuenta que no tenía idea de lo que estaba pasando, incluso cuando lo detuvieron se imaginó que lo iban a presentar a declarar sobre cualquier situación cotidiana en el pueblo:
“Muchos lo tomaron de a broma, que íbamos a ir a declarar y nos iban a regresar, pero ya cuando vimos la verdad pues ya, incluso hubo gente que ya no volvió. Esa es la historia”.
De la visita de la comisionada ejecutiva de atención a víctimas del gobierno federal, Martha Yuriria Rodríguez Estrada el miércoles 13 de julio, a El Quemado, consideró que “habló mucho, habló mucho pero se quedó en lo mismo, no vi que nos pueda ayudar”.
Texto y foto: Rosendo Betancourt Radilla


