5 agosto,2026 5:16 am

La izquierda histórica de Guerrero y la continuidad del proyecto nacional

Javier Saldaña Almazán

 

Hay estados que acompañaron las transformaciones de México. Guerrero las creó. Esto es un hecho verificable en el expediente de la nación.

En septiembre de 1813, en Chilpancingo, José María Morelos entregó al Congreso de Anáhuac los Sentimientos de la Nación, un documento que proscribía la esclavitud, ordenaba moderar la indigencia y la opulencia, y declaraba que la soberanía dimana del pueblo.

En esa misma guerra, Vicente Guerrero sostuvo la insurgencia en las montañas del sur cuando ya casi nadie la sostenía, y años después, siendo presidente, firmó la abolición definitiva de la esclavitud. Y fue una mujer de Tixtla, Antonia Nava de Catalán, quien ofreció a sus propios hijos a la causa insurgente cuando ya no quedaba nada más que ofrecer.

Cuarenta y un años después de Chilpancingo, desde Ayutla, Juan Álvarez encendió la revolución liberal que desembocó en la Constitución de 1857 y en las Leyes de Reforma. Y en el Acapulco de los años veinte, Juan R. Escudero convirtió el municipio en trinchera obrera y pagó con la vida el atrevimiento de gobernar para los de abajo.

Independencia, Reforma, Revolución. Las tres grandes transformaciones llevan sangre guerrerense. Y si la Revolución no estalló en este suelo, aquí encontró su contenido social más hondo y aquí siguió viva cuando en el resto del país ya se había vuelto gobierno. Quien se aproxime hoy a la Cuarta Transformación sin entender esa genealogía no entenderá nada de lo que somos.

Porque la línea no se interrumpió en 1917. Continuó en la Asociación Cívica Guerrerense de Genaro Vázquez, en el movimiento coprero de la Costa Grande, en la Brigada Campesina de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres, que hizo de Atoyac y El Paraíso nombres cargados de memoria.

Continuó en el movimiento estudiantil y popular que estalló el 21 de octubre de 1960, resistió la masacre del 30 de diciembre en Chilpancingo y tumbó al gobierno autoritario de Caballero Aburto el 4 de enero de 1961. De aquella lucha nació la autonomía de nuestra Universidad, consagrada en la Ley Orgánica de 1963; y de esa autonomía nacería, en los años setenta, el proyecto de Universidad-Pueblo que formó generaciones de cuadros populares.

Y pasa también por los nombres que Guerrero no ha dejado de pronunciar: Aguas Blancas, El Charco, Ayotzinapa. Los pronunciamos por las víctimas y por las familias que han sostenido, con una dignidad que a todos nos rebasa, el camino de la verdad y la justicia. Esa memoria es parte de lo que somos.

La izquierda guerrerense no se improvisa. Es una tradición con muertos, con presos y con ética.

Ese linaje obliga. Obliga sobre todo ahora, cuando el proyecto nacional entró a su etapa más exigente: la de consolidar lo conquistado y convertirlo en irreversible.

Los avances son reales y hay que nombrarlos. La pensión de las personas adultas mayores dejó de ser un programa para volverse derecho constitucional. La Pensión Mujeres Bienestar reconoció por fin el trabajo de cuidados que sostuvo, sin salario y sin reconocimiento, a generaciones enteras. Las becas, el apoyo a sembradores, la recuperación del salario mínimo y la reforma judicial modificaron la relación entre el Estado y los pobres de este país. En Guerrero, esos recursos llegaron a comunidades y beneficiarios que jamás habían visto un peso público sin intermediario.

Pero sería una traición al espíritu de este movimiento quedarnos en la celebración. Guerrero sigue entre las entidades con mayor rezago del país: falta agua en muchas casas, faltan hospitales con médicos y medicamentos, faltan caminos que saquen la cosecha a tiempo y falta, sobre todo, la paz, porque sin seguridad no hay bienestar que aguante. Reconocerlo no debilita al proyecto: lo fortalece. Solo puede derrotarnos nuestra propia autocomplacencia.

Por eso concibo los Comités de Defensa de la Transformación no como una estructura para movilizar multitudes en una plaza, sino como un instrumento de organización y de formación política permanente. Esto no se gana con concentraciones masivas: se gana con trabajo territorial, con asamblea, con acuerdo y con presencia constante donde no hay cámaras.

Construir desde abajo significa cosas concretas. Significa escuchar a la militancia fundadora. Significa sentarse con los pueblos nahua, ñuu savi, me’phaa y ñomndaa, y con las comunidades afromexicanas de la Costa Chica, que llevan siglos organizándose sin pedir permiso.

Y significa reconocer una verdad que cualquiera que haya hecho trabajo territorial conoce: en las asambleas, en las cocinas comunitarias, en las brigadas de búsqueda y en la defensa cotidiana del territorio, quienes sostienen la organización son, la mayoría de las veces, mujeres. Significa también dialogar con quienes piensan distinto dentro del propio movimiento, porque el diálogo es la herramienta más fuerte del entendimiento y ninguna aspiración personal vale la fractura de lo que tanto costó construir.

La transformación de Guerrero no ocurrirá al margen del proyecto nacional. Requiere una articulación fluida y respetuosa con el gobierno de la República que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y con el gobierno del estado que encabeza la gobernadora Evelyn Salgado Pineda, para aterrizar aquí el segundo piso de la Transformación: infraestructura hidráulica, salud, educación media y superior, y una política de desarrollo que defienda nuestros recursos naturales: el agua, los bosques, los minerales y la biodiversidad.

Esa articulación exige austeridad republicana practicada. Cuentas claras. Y los tres principios que fundan este movimiento y que no admiten interpretación conveniente: no mentir, no robar, no traicionar al pueblo.

Mi compromiso es el mismo: defender la Cuarta Transformación en Guerrero con trabajo comprobable, con unidad y sin promover la división.

Guerrero le dio a México tres transformaciones y no cobró la factura. Le dio a Vicente Guerrero, a Antonia Nava, a Álvarez, a Escudero, a Genaro, a Lucio. Le dio también sus muertos. Lo que este pueblo merece hoy son resultados, dignidad y futuro.

Que la historia nos alcance trabajando.