
LA POLÍTICA ES ASÍ
Ángel Aguirre Rivero
Quienes me conocen desde niño saben bien que crecí entre personas de origen indígena, afromexicano y mestizo. Mi nana fue una mujer amuzga, y ese vínculo con su etnia lo llevo tatuado en el corazón.
Mis primeros pasos en política los recorrí en mi amada Costa Chica en mis dos campañas por una diputación federal, una por el Senado y una por la gubernatura. He tenido oportunidad de conocer sus tradiciones y costumbres que dan forma a su identidad cultural, que se afirma en dos nociones que dan sentido a su existencia colectiva: la nación y el tono.
Así, aprendí que hablar de la nación amuzga es reconocer a un pueblo con lengua, territorio e historia propia, que ha resistido a la fragmentación y que se concibe como una comunidad de destino, con dignidad equiparable a cualquier otra nación del mundo.
El tono expresa la dimensión íntima y sobrenatural de la persona: un vínculo con la naturaleza que refleja que la vida humana no está aislada, sino enlazada a fuerzas invisibles y animales compañeros que resguardan o ponen en riesgo la existencia. Ya he escrito en otras colaboraciones de ello.
Mientras la nación amuzga representa la identidad colectiva frente al mundo, el tono revela la unidad espiritual de cada individuo. Ambas nociones, una política y otra mística, conforman el núcleo de lo que significa ser amuzgo: un pueblo que se sabe heredero de la historia y a la vez guardián de un orden sagrado.
Conozco casi todas las comunidades amuzgas y les profeso un cariño genuino. Por ello, desde mi primer gobierno me empeñé en llevarles beneficios concretos, aunque muchos de ellos quizá no sean ampliamente conocidos. Una de las primeras acciones que emprendí fue la pavimentación de los caminos hacia Xochistlahuaca y Tlacoachistlahuaca, rutas por donde recientemente transitó la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y que hoy, lamentablemente, se encuentran deterioradas por la falta de mantenimiento.
Lo hice porque durante años vi a los amuzgos caminar en fila india, recorriendo largas horas hasta Ometepec para vender sus productos: marranos, chivos, gallinas, guajolotes, maíz, ajonjolí, cacahuate, panela, chile, entre otros. Entendí que mejorar esos caminos era mejorar su vida cotidiana, darle dignidad a su esfuerzo.
Quiero también destacar la labor de mi esposa, Laura del Rocío, quien trabajó intensamente al lado de las artesanas amuzgas. Les enseñó nuevos diseños, introdujo colores distintos y organizó pasarelas para dar a conocer la creatividad de estas mujeres, cuyas manos mágicas dan vida a prendas únicas que son orgullo de Guerrero.
Por mi parte, cuando fui senador de la República gestioné un espacio en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, donde cada año trasladábamos a artesanas amuzgas y de todo el estado para que pudieran vender directamente sus productos, libres de intermediarios y acaparadores. Ese espacio se convirtió en un referente de promoción cultural y económica, y lo mantuvimos durante todo mi gobierno.
Durante mis dos gestiones como gobernador llevamos apoyos constantes a la región amuzga. Durante una década nos convertimos en proveedores de hilo –que comprábamos en la Ciudad de México– porque no se encontraba ni en Xochistlahuaca ni en Ometepec. Además, llevamos despensas, cobertores, electrodomésticos, refrigeradores y estufas, pero también construimos escuelas, viviendas, sistemas de agua potable, drenaje e incluso templos religiosos. Todo eso lo puede atestiguar la propia gente.
En este contexto, da pena escuchar testimonios del hospital regional que amplié siendo gobernador. Desde entonces no ha recibido ninguna mejora. Tan solo en los últimos ocho meses, han muerto más de 17 bebés por la falta de atención médica adecuada. Allí escasean insumos elementales como gasas, y ni hablar de medicamentos para hipertensión o diabetes. En la sala de hemodiálisis, los pacientes deben llevar sus propios materiales para ser atendidos.
Yo seguiré con la misma determinación en mi lucha por mi querido estado. A la presidenta le reitero mi respeto y le recuerdo que México nos necesita unidos, porque el verdadero enemigo lo tenemos enfrente.
Gracias, presidenta, por el Plan de Justicia Amuzgo y por los apoyos destinados a las artesanas amuzgas, causa por la que he luchado toda mi vida.
Del anecdotario
Cuando inauguré la carretera Ometepec-Xochistlahuaca, en la comunidad de Zacualpan, una mujer amuzga se acercó a mí para pedirme apoyo. Le contesté: “¿Acaso no estás contenta por la pavimentación de tu carretera? Ahora ya no tendrás que caminar para llevar tus productos a comercializar a Ometepec”.
La mujer me miró fijamente y me respondió: “Sí, Layo, estamos muy contentas, pero yo no tengo carro”. Y me dejó sin palabras.
Luego otra mujer me pidió apoyo para atender a su niña y de inmediato instruí que la trasladaran al Hospital Regional de Ometepec. Pero ella se negó. Le pregunté la razón y me contestó que su niña era “tono de tigrillo” y que, por tanto, primero teníamos que buscar al animal para atenderlo. Le hice ver que su hija estaba en peligro y, finalmente, con la ayuda de la comisaria del lugar, pudimos convencerla. De ese tamaño están arraigadas sus creencias.
La vida es así…


