23 abril,2026 9:01 am

Las ferias del libro se ubican como opción para los lectores por el déficit de librerías en el país

Con apenas 2 mil 427 puntos de venta para una población de 130 millones de personas, México enfrenta una crisis de infraestructura cultural. Ante el cierre de establecimientos y la absorción de la red Educal por el FCE, las ferias del libro se consolidan como el mecanismo principal para resarcir la falta de librerías físicas

Ciudad de México, 23 de abril de 2026. Las ferias del libro se expanden en México, un país con una presencia limitada de librerías.

A lo largo de la República operan 2 mil 427 librerías para más de 130 millones de habitantes, la mayoría concentradas en la Ciudad de México. Entre 2018 y 2023, unas 40 salieron del Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas (DENUE) del Inegi, y habrán de sumarse ahora algunos puntos de venta de la red Educal, que cierra para ser absorbida por el Fondo de Cultura Económica (FCE).

“México tiene una gran oportunidad y un gran problema a la vez: no tenemos suficientes librerías, y las ferias de libro son un mecanismo que nos permite paliar un poco esa situación”, señala en entrevista Diego Echeverría, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), quien considera a los encuentros feriales como un faro.

El Sistema de Información Cultural (SIC) de la Secretaría de Cultura federal registra 127 ferias, 34 de ellas en la capital del país.

Cada uno de estos encuentros, observa Echeverría, tiene un mercado y una dinámica específicos.

Hay ferias especializadas en niños y jóvenes, en género y feminismo, en frontera, en teatro, en arquitectura, en filosofía, en antropología e historia, en arte, en cocina, en novela negra, en temas jurídicos y también interculturales y universitarias, indica el SIC, y lo mismo ligadas a instancias de gobierno, que a la sociedad civil e iniciativa privada. La tienda Superisste, por ejemplo, acaba de anunciar una feria en Iztapalapa.

“Es interesante este fenómeno, porque mientras las ferias del libro crecen, las librerías cierran. Es algo muy triste, muy impresionante, pero no es un fenómeno sólo de México”, apunta, también en entrevista, la titular de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM, Rosa Beltrán.

“Ha pasado con varias librerías emblemáticas en el resto del mundo, y esto tiene que ver también con el uso de las tecnologías digitales. Pero nunca se puede sustituir un libro físico, ni siquiera por un libro electrónico, aunque entiendo que son formatos que tienen que convivir”, añade la fundadora de la Fiesta del Libro y la Rosa, feria que arranca este jueves una nueva edición y que ella misma promovió en 2009 cuando dirigía la Dirección de Literatura en la Máxima Casa de Estudios.

Estos encuentros no sólo ofrecen libros, destaca: ofertan experiencias, “y la gente quiere tener experiencias literarias que finalmente tienen que ver con la creatividad, con la imaginación, con el pensamiento crítico: se quieren enterar de qué está pasando en el mundo más allá de las redes”.

Formar sociedad civil

Las ferias, indica Echeverría, permiten tener cerca a los autores, son un punto de encuentro entre autores y quienes los leen, y fomentan el intercambio de ideas.

“Es lo que genera sociedad civil, una sociedad informada, sociedad con conocimiento y con acceso a la información, que es fundamental en el México que que tenemos hoy”.

Gerardo Valenzuela, fundador de encuentros feriales en las alcaldías de Coyoacán (Filco), que ya lleva cinco años, y Gustavo A. Madero (FILGAM), que recién acaba de concluir su primera edición, describe estos encuentros como movimientos culturales, “porque no terminan cuando un escenario se desmonta y se acaban las actividades, sino continúan en cada lector”.

Beltrán destaca que estos espacios constituyen un asomo privilegiado al mundo literario.

“Ir a una feria y escuchar a varios autores, discusiones en el mejor sentido de la palabra entre distintas generaciones, entre distintos géneros; la ciencia ficción o el manga con la narrativa más clásica, por ejemplo… Todo esto les abre un panorama, les da (a los lectores) en una nuez –es decir, de manera sintética– una visión general de lo que está ocurriendo en el mundo de la literatura, que es muy amplio, porque también abarca las ciencias, las humanidades, la conducta humana”, enfatiza la también escritora.

Pero las ferias del libro requieren una curaduría que las convierta en encuentros culturales, antes que en eventos meramente mercantiles, advierte.

“No hay que ver con tanta ingenuidad la proliferación de las ferias. Creo que dependen de sus organizadores y curadores para ser eficaces en el sentido de proponer la cultura que vale la pena tener.

“No es lo mismo tener autores avalados por el mercado que lo que venden es felicidad instantánea en siete pasos: me estoy refiriendo a la literatura de la autoayuda. Para mí la única autoayuda y superación viene a través de la literatura, de la gran literatura en su sentido más amplio, y no de estos libros que son clasificados de esa manera, porque ahí ya hay una tendencia”.

Si se impone el mercado o la comercialización de esta “píldora mágica”, no puede considerarse un evento cultural, advierte Beltrán, y recuerda que la UNAM también alberga, además de la Fiesta del Libro y la Rosa, la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (Filuni).

“Aquello que te hace crecer, que te hace pensar, que te enseña algo del mundo que no sabías, que te propone temas de conversación que importan, que te hace entender tu momento histórico, que te hace compartir algo más allá de un meme o una gracejada, es realmente lo que vale la pena conservar”, subraya.

Otra riesgo es la politización: ya en el pasado diversas voces han señalado, por ejemplo, la carga propagandística de un encuentro como la FIL del Zócalo, con un programa plagado de personajes cercanos a la 4T, algo que han criticado editores independientes (Reforma, 20/1/25).

No obstante, la pluralidad presente en gran parte de las ferias es de celebrarse.

Cae población lectora

Según resultados de la encuesta Módulo de Lectura (Molec) del Inegi, el porcentaje de población lectora disminuyó 14.6 puntos porcentuales entre 2015 y 2024 al pasar de 84.2 por ciento a 69.6 por ciento.

Hasta 2024, la información se recolectaba exclusivamente para la población de 18 años y más en 32 ciudades (una por entidad federativa) con 100 mil o más habitantes.

A partir de 2025, el Molec expandió su cobertura para incluir a la población de 12 años y más, y se amplió la representación.

El resultado fue que, en el año pasado, 8 de cada 10 personas alfabetas de 12 años y más, a nivel nacional, declararon haber leído al menos uno de los cinco materiales de lectura: libros, revistas, periódicos, historietas y sitios de internet.

Ante altos precios en la Feria de Minería, editoriales recurren a espacios compartidos

En años recientes, el precio de los stand en estos encuentros se ha puesto a debate, particularmente en el Palacio de Minería, de cuya Feria Internacional del Libro se han retirado, por su costo, el más caro del circuito, editoriales como el Fondo de Cultura Económica, Planeta y Cal y Arena.

El pago que las editoriales cubren para participar en este tipo de encuentros constituye una inversión, consideró Diego Echeverría, presidente de la Caniem, pero admitió que no todos los sellos pueden sufragarlo.

Como una alternativa, desde la cámara editorial se promueven ahora pabellones colectivos.

“Creo que es una gran inversión, porque les da presencia al interior de la República, les da oportunidad de participar en diversas actividades y, también, si lo comparamos con la inversión para un punto de venta fijo en un estado o ciudad en particular, pues la feria representa una ventaja muy importante: es más barato hacerlo de esa manera.

“En la Cámara somos conscientes de que no todas las editoriales tienen la posibilidad de hacer esa inversión, entonces hemos establecido pabellones o stands colectivos”.

El proceso implica la emisión de convocatorias al interior de la Caniem para instalar un stand, entre todos, en determinada feria.

“Se centraliza el envío de los libros, se centraliza el cuidado del stand, la persona o las personas que atienden, la contabilidad, la cobranza… Les facilitamos todo y es un servicio adicional que le damos a los afiliados y que estamos convencidos de que le suma a las ferias, porque de otra manera esas editoriales pequeñas no podrían estar presentes en los espacios”.

Al respecto, Gerardo Valenzuela, fundador de Filco y FILGAM, dice que se requieren precios de stand más accesibles en todas las ferias, a la vez que se precisan de apoyos para solventar gastos.

“En la FILGAM estamos hablando de un stand de 3 mil pesos o de 4 mil pesos durante los 10 días y se requiere cubrir logística, temas de escenario, invitados especiales, hospedajes, equipo, staff… No alcanza con esos 3 mil o 4 mil pesos, pero cuando solicitas, por ejemplo, el espacio público en la alcaldía, o patrocinadores en la iniciativa privada, entonces cuando sumas esfuerzos logras que los espacios sean más económicos y más accesibles”.

Esto, agrega, favorece a todas las partes y al público, que puede encontrar más ofertas.

Se trata de alcanzar un equilibrio.

Yanireth Israde / Agencia Reforma