21 febrero,2026 6:22 am

Las lenguas indígenas y el desarrollo de Guerrero

Guillermo Álvarez Nicanor

 

En el estado de Guerrero, la diversidad lingüística se manifiesta en cuatro familias troncales que hablan los los pueblos na’savi, me’phaa, nancue y nahua, los cuales han resistido siglos de intentos de desaparición por parte de una cultura dominante. Es fundamental entender que la lengua materna no es únicamente un sistema de comunicación; es un repositorio de epistemologías locales que permiten una gestión del desarrollo más sostenible y culturalmente pertinente.

La lengua es, en esencia, la “piel de la cultura”. Cuando una institución intenta implementar proyectos de “progreso” ignorando la lengua local, incurre en un epistemicidio: un acto que anula el poder de decisión y la iniciativa de las personas. Por ello, para que el desarrollo sea real y profundo en las comunidades de Guerrero, debe dialogarse y construirse en la “lengua de la tierra”.

Uno de los argumentos más sólidos a favor de la preservación lingüística es su valor científico y práctico. Las lenguas maternas contienen siglos de observación climática y botánica que el castellano no alcanza a traducir con precisión.

Un proyecto de desarrollo agrícola que ignore la terminología local sobre los ciclos de la milpa está destinado al fracaso. Esto se debe a que desprecia el sistema de conocimientos tradicionales que las lenguas preservan sobre el suelo y la biodiversidad.

Los Foros de Intelectuales Indígenas han enfatizado que la lengua es el vehículo primordial para transmitir el conocimiento ecológico tradicional, esencial para enfrentar los retos ambientales globales actuales.

En la era de la globalización, la lengua es un activo económico. Productos como la artesanía de Olinalá, los textiles de Xochistlahuaca, las piezas artísticas del Alto Balsas o el café de la Montaña adquieren un valor superior cuando están respaldados por una narrativa identitaria sólida.

El desarrollo no solo es dinero; implica el acceso real a la justicia y a la salud. Un pueblo que no puede interactuar en su lengua materna o explicar sus dolencias a un médico en sus propios términos, es un pueblo subdesarrollado por una exclusión impuesta por el sistema.

El fortalecimiento lingüístico impacta directamente en la organización política: a) El uso de la lengua permite que las asambleas —corazón de los sistemas de usos y costumbres— funcionen como espacios de deliberación técnica y profesional, y no solo como actos rituales. b) Cuando las comunidades redactan sus propios objetivos en su lengua, ejercen su derecho a la autodeterminación y se alejan del asistencialismo estatal. c) Gracias a la presión de académicos y activistas indígenaas, estos han sido reconocidos como derechos humanos fundamentales en Guerrero, permitiendo avances como la presencia de peritos intérpretes en los juzgados.

La educación bilingüe y bi-alfabetizadora es la clave para que las nuevas generaciones innoven desde su raíz sin perder su identidad. Los Congresos de Educación Indígena en Guerrero han revelado un cambio de paradigma: la lengua ya no se enseña como una curiosidad folclórica, sino como una herramienta de pensamiento crítico.

Se ha documentado que los alumnos que aprenden matemáticas y ciencias en su lengua materna presentan un 30% mayor de retención cognitiva. Esta formación les otorga una identidad más fuerte frente a fenómenos sociales difíciles como la migración. La creación de gramáticas y diccionarios comunitarios es el primer paso hacia la justicia social, permitiendo que las lenguas transiten de una “oralidad de resistencia” a una “literacidad de poder”.

El progreso de los pueblos indígenas de Guerrero no vendrá de modelos externos impuestos, sino de su capacidad para articular el futuro con su propia voz. La incursión de estas lenguas en los medios digitales es un indicador de un desarrollo moderno que rompe la brecha digital respetando la pluralidad.

Para que el estado progrese realmente, debe transitar de un “multiculturalismo cosmético” —que solo busca la foto o el adorno— a un interculturalismo funcional. En este modelo, las lenguas indígenas deben ser oficiales y prácticas en la administración, la justicia y la ciencia.

La lengua en regiones como la Montaña de Guerrero no solo comunica ideas, sino que articula todo el sistema de organización política y social. El éxito de esta recuperación radica en que ha dejado de ser una “concesión” del gobierno para convertirse en un ejercicio de soberanía intelectual. Hoy, el docente indígena ya no es solo un instructor, es un “guardián de la memoria” y un arquitecto del desarrollo moderno de nuestro estado.