12 noviembre,2023 8:49 am

Música del mundo con pizca de jazz en Monterrey

 

Ciudad de México, 12 de noviembre de 2023. Ray Lema tocaba en ostinato, es decir, una figura musical, que se repite una y otra vez, y de la cual se sirven muchos jóvenes solistas que hacen looping, mientras Laurent de Wilde desarrollaba diversas ideas: a veces intercambiaban dicho protagonismo. De acuerdo con el discurso del dúo de pianistas, se trató de piezas compuestas por ellos.

Su composición recordó la escritura automática -¿han leído a André Breton?-, puesto que, en lugar de la clásica técnica de profundizar en una sola idea que englobe un sentimiento, afirmación, negación, cuestionamiento y argumentarla, explorarla e incluso debatirla, el discurso toma la ruta de múltiples ideas que no tienen un rumbo claro.

El mismo Laurent lo comentó, con otras palabras, al anunciar: “Esta música puede durar horas, semanas, años, siglos”.

En efecto, esto dúo logra algo que cabe en el concepto de música aleatoria minimalista, utilizado por John Cage y Terry Riley, entre otros compositores, quienes, a mitad del siglo pasado, buscaron romper las formas e implementar nuevas maneras de elaborar música.

En su concierto efectuado ayer en el Teatro de la Ciudad en Monterrey dentro de la Temporada de Música 2023 que organiza Conarte con apoyo de Francia, el dúo interpretó figuritas de todo tipo, desde los primeros años de Nueva Orleans, melodías mozartianas, líneas españolas y ritmos africanos, entre otras expresiones del mundo.

Curioso es reflexionar que al decir “ritmos africanos” también se refieran a bases rítmicas de las cuales parte la música popular occidental, por lo cual no suenan tan lejanas. De hecho, en varias partes del concierto se podría decir que estuvimos en un concierto de pop.

Lo más novedoso fue una pieza que hicieron con piano preparado, una técnica de John Cage también: al darle vida, Laurent exploró sonidos orientales. De esas pizcas de rareza que da gusto escuchar. Cerraron con un largo tumbao que tomó la forma de un son cubano, a manera de homenaje por visitar Latinoamérica.

El azar que viene impreso en este tipo de composición implica ciertas cosas que a algunos les gustarán más que a otros. Por un lado, yo pensaría que tomar ideas de músicas de varios lugares del mundo llega a ser un impulso creativo sólo cuando se tiene el ímpetu de comprender a fondo, deconstruir y volver a esculpir dichas músicas, hasta llevarlas a un discurso propio.

En el caso de este concierto se trató más bien de un ejercicio de generar un gran tejido superficial, pero agradable, lo cual también cabría en lo que Erik Satie llamó “musique d’ameublement”, lo que nosotros conocemos como música de fondo, y no lo digo en un sentido peyorativo, como Satie tampoco lo hizo.

¿Resultado? Mientras algunos se estaban durmiendo en su asiento, otros estaban aplaudiendo fascinados, e incluso cerramos con la mitad del público de pie.

En fin, escuchamos muy poco jazz en este dúo de jazz, pero no pasa nada… La fiesta sigue.

 

Texto y foto: Agencia Reforma