7 julio,2026 4:26 am

Se impone la realidad; México ya triunfó y el balón, rodando

 

Abelardo Martín M.

Analizar el Mundial de futbol sólo con los datos y resultados de los equipos y los partidos en la cancha y en los estadios impedirían hacer un balance justo de lo que esta famosa competencia tiene consigo. Por un lado, se desvelan y desnudan todas las limitaciones, carencias, errores, insuficiencias que están detrás del desempeño de cada equipo representante de su correspondiente país, así como también sus ventajas y apoyos gubernamentales o privados.
En el último tercio ya de este Mundial, el balance para México es absolutamente positivo y ventajoso porque mostró la visión y sensibilidad de varios gobiernos, al haber “sacado” de los privilegiados estadios y llevar, literalmente, a las plazas públicas los partidos que, hasta ahora, atrajeron audiencias masivas que nunca antes en la historia de México se habían visto.
El gobierno de la presidenta Claudia Sheimbaum, el de la Ciudad de México encabezado por Clara Brugada, algunos gobiernos de estados, como el de Guerrero que administra Evelyn Salgado, facilitaron pantallas gigantes para que la gente que así lo quisiera participara del Mundial, sin tener que hacer el gasto para contratar la recepción por televisión de los partidos de futbol. La respuesta popular fue contundente, y plazas y avenidas se colmaron de gente que disfrutó, como nunca antes había ocurrido en México, del Mundial de Futbol.
Conforme crecieron las expectativas depositadas en el desempeño de la selección nacional, dirigida por Javier Vasco Aguirre, las concentraciones de personas crecieron y hasta cobraron víctimas que obligaron a las autoridades a “controlar” los accesos, pero ya fue demasiado tarde.
Para México, el Mundial de Futbol 2026 fue ya un éxito; desde la perspectiva de los gobiernos afines a Morena, la gran masa del pueblo pudo salir a las calles y expresar sus sentimientos, lo que de paso rompió el monopolio de la diversión y el espectáculo meramente televisivo.
La derrota frente a Inglaterra fue el balde de agua helada que cayó sobre la esperanzada afición y público general mexicano que había albergado grandes esperanzas. Este resultado, también fue para beneficio de México. Aunque no es la primera vez en la historia del futbol nacional, llegar al quinto Partido produjo alegría y euforia desbordada que la realidad se encargó de desvelar.
Futbolísticamente México ha avanzado, pero seguramente pesan aún las estructuras burocráticas, monopólicas que han mantenido a este deporte en el mismo nivel de siempre, si acaso ahora con destellos de eficacia y brillantez que deslumbran pero no iluminan todavía. Habrá tiempo, seguramente, para que se corrijan fallas y las expectativas superen a la realidad que vivimos.
Como muchos medios de comunicación se apresuraron a cabecear, al terminar la noche del domingo el partido de México contra Inglaterra, para la selección nacional y para sus seguidores se terminó el sueño alimentado desde hace meses, de llegar a las fases más elevadas de la Copa Mundial de Futbol.
Con todo, se ha tratado del mejor papel de un equipo mexicano en casi un siglo de justas mundialistas. Pero lo más destacado, sin duda y que llamó la atención es el entusiasmo con que la afición mexicana fue apoyando y festejando a su seleccionado, incluso cuando el delirio llevó a consecuencias fatales que por fortuna fueron aisladas.
Mientras tanto, el mundo y el país han continuado su inercia en el día a día. En el plano de los símbolos, la nación vecina ha celebrado el 250 aniversario de su nacimiento como nación independiente. Lo ha hecho en uno de los momentos más críticos de su historia, cuando la decadencia parece el sello y el destino irreversible del imperio, y la presidencia de Donald Trump, cuyo objetivo declarado es recuperar la grandeza, ha tenido como resultado lo contrario, la agudización de su ya muy añeja problemática.
Entre otros despropósitos, el gobierno estadunidense ha anunciado que no renovará el tratado comercial existente entre las tres naciones de América del Norte. La noticia no es nueva. El mes pasado, seguramente porque ya estaba al tanto de la postura norteamericana, el secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, había señalado sobre el tema que la era del libre comercio había terminado.
El TMEC no desaparecerá de un día para otro, pues lo previsto en el propio acuerdo es que seguirá vigente por un decenio más, pero sujeto a revisiones anuales, lo que llevará a una lenta y tortuosa agonía del mecanismo. Aunque pueden pasar muchas cosas en ese lapso. Una muy cierta es que el segundo periodo presidencial de Trump terminará en dos años y medio, y que el neoyorquino no podrá ya reelegirse. Es incierto en este momento quién lo reemplazará, pero el sucesor seguramente no será peor, ni tomará decisiones tan costosas.
Por lo pronto, y mientras el mundo sigue distraído con el Mundial, a partir de hoy se lleva a cabo en Ankara, la capital de Turquía, la cumbre la OTAN, la organización militar del Atlántico Norte, que reúne a los antiguos aliados de Estados Unidos, con los que para variar, Trump se ha distanciado, criticado y menospreciado. El tema principal será la inestabilidad geopolítica generada por la invasión rusa a Ucrania y los demás conflictos bélicos en el entorno, así como el presupuesto del organismo y la distribución de la carga entre los países que lo integran. Pero no será sencillo llegar a acuerdos ni armonizar el ambiente.
A las amenazas derivadas de la sinrazón humana y la destrucción bélica inducida, se suman los desastres por la acción de la naturaleza, como la tragedia que vive Venezuela por los terremotos ocurridos hace ya casi dos semanas. Más de tres mil muertos, decenas de heridos y damnificados, y una cifra no cuantificada de desaparecidos, pero que también se sitúa en muchos miles de personas, son las secuelas como las que en México hemos experimentado por los movimientos telúricos cada cierto tiempo. La historia se repite, desde la solidaridad internacional, la acción heroica de rescatistas entre los que se cuentan las brigadas mexicanas, las historias extraordinarias de sobrevivencia, hasta las evidencias de construcciones mal planeadas y mal hechas, por la irresponsabilidad y la posible corrupción.
Volviendo al norte, con México, entretanto, continúan las patadas por debajo y por arriba de la mesa alrededor del tema de seguridad y combate al crimen organizado, así como las filtraciones y rumores alentados sobre el rumbo que seguirá el gobierno de Estados Unidos y las amenazas de acciones directas contra nuestro país, con el pretexto de abatir a los cárteles.
Donde también hay patadas y manotazos es en Guerrero, donde la temprana disputa por la sucesión en la gubernatura se ha desatado, pese a que legalmente aún no es tiempo de campañas. Pero cada uno de los principales aspirantes hace ya proselitismo abierto, como dice la expresión popular, sin miedo al éxito.
Y lo que también sigue desatada es la violencia y la criminalidad, que recientemente cobró la vida del periodista y activista de temas de ecología, Alex Serna, cuyo cadáver fue encontrado en el municipio de Zihuatanejo, luego de haber desaparecido dos semanas antes. Serna había sido amenazado luego de sus denuncias de negocios inmobiliarios y de explotación de recursos de la región que violaban la normatividad ambiental. Todo esto, mientras el balón sigue rodando, ahora ya solo en canchas estadunidenses.