
Debe haber en los consumidores un cambio de hábitos y educación en salud, dicen. La industria alimentaria del país se resiste al cambio porque le afectaría en sus ganancias.
Ciudad de México, 12 de septiembre de 2019. Especialistas en nutrición, actividad física e investigación de mercado aseguraron que el cambio de etiquetado de alimentos no será la “llave maestra” que cambie los problemas de salud pública en México, como la epidemia de obesidad que padece el país.
El análisis se suma al debate que se intensificó este año tras el apoyo gubernamental para reformar la Ley General de Salud para establecer nuevas etiquetas, promocionar la alimentación nutritiva y adoptar programas para reducir la malnutrición.
Mientras el gobierno federal y organizaciones civiles consideran que las etiquetas deben ser más específicas y claras para el consumidor, la industria alimentaria aboga por la continuidad de la que se estableció en 2014, pues su cambio implica un gasto excesivo para ellos.
Al respecto, las nutriólogas Mónica Hurtado y Maricarmen Osés coincidieron en que, aunado a una presentación comprensible, veraz y directa de los ingredientes del producto, el mexicano debe contar con una educación nutricional, realizar ejercicio y adoptar otros hábitos saludables.
En entrevista, Hurtado, quien se desempeñó como subdirectora federal de promoción de salud en gobiernos anteriores, insistió en que la etiqueta debe ser vista como una herramienta más de toda la gama de actividades que deben realizarse para mejorar la salud.
“La herramienta es el etiquetado, pero para poder llegar a reducir los problemas que tenemos en México necesitamos un programa integral, que no se derive de una acción”, remarcó.
“Toda la información que viene en la etiqueta es importante, siempre y cuando tenga una asesoría con un profesional de la salud, y en automático te fijas en lo que te interesa, pero necesitamos primero saber cuánto debo consumir, para poder decidir”.
Por su parte, Maricarmen Osés, con 21 años de experiencia en consultas nutricionales, consideró plausible que se piense en el beneficio de la ciudadanía, siempre y cuando se realicen campañas de educación previas.
“El etiquetado no funciona porque no aterriza en una población educada, educada en nutrición, educada en conciencia de salud”, señaló.
“Desde mi perspectiva, no es que un etiquetado de sólo la información nutrimental, es una calificación de un producto. Cuando yo voy a categorizar algo como alto en calorías, alto en grasas, alto en azúcares, lo que estoy haciendo es ver de qué perfil vas a partir para calificar ese producto, un producto por sí solo puede ser alto en grasas pero es solo una pieza de ese rompecabezas, y los humanos no basamos la alimentación en un solo producto”.
Desde su experiencia como promotor del ejercicio, Oswaldo Trava, creador de la app InstaFit, añadió que se debe tener cuidado en no saturar las etiquetas de información, pues ésto generaría confusión.
“Más información no siempre es mejor, más información sin una propia explicación puede confundir o generar desidia para leer una etiqueta. Creo que tenemos que ser claros con cuáles son los ingredientes y elementos más relevantes, como podrían ser grasas saturadas, azúcares, pero sin sobresaturar las etiquetas”, comentó.
Y desde la visión del consumo de mercado, la experta Priscila Aramburu señaló la importancia de que las etiquetas tengan recursos visuales adecuados para obtener la atención del cliente y hacer su lectura comprensible.
“Una etiqueta tiene que tener ciertos empujoncitos para tomar una buena decisión, y esos son la cantidad de recursos visuales, de contenido, para que decidas mejor lo que empata con la alimentación que diseñas para ti”, apuntó.
Texto: Staff / Agencia Reforma / Foto: Archivo


