
Jacob Blake habría sufrido parálisis de la cintura para abajo después de que un policía le disparara siete veces por la espalda el domingo
Washington, DC, EU, 26 de agosto de 2020. Tony Evers, gobernador del estado de Wisconsin, en el noreste de Estados Unidos, ha declarado ayer el estado de emergencia después de que varios comercios del condado de Kenosha sufrieran saqueos en el marco de los disturbios registrados después de que un hombre negro recibiera siete disparos por la espalda a menos de un agente de policía.
En el que ha sido el segundo día consecutivo de protestas, Evers ha desplegado unos 250 agentes de la Guardia Nacional, si bien ha condenado lo sucedido y ha pedido “no permitir que continúe el ciclo de racismo e injusticia sistemático” en el país.
Así, ha aseverado que “no se puede seguir en la senda del daño y la destrucción”. El afroamericano, identificado como Jacob Blake, habría sufrido una parálisis de cintura para abajo a causa de las heridas, aunque se desconoce por el momento si esta condición es irreversible, tal y como ha explicado su padre a la cadena CNN.
El abogado Ben Crump, que representa a Blake, ha señalado a la cadena de televisión ABC News que éste continúa ingresado en cuidados intensivos y que necesitará someterse a más operaciones.
Blake está paralizado de cintura para abajo –posiblemente de forma permanente–, tiene agujeros en el estómago, sufre daños en el riñón y el hígado y es posible que le tengan que extirpar todo el colon y el intestino delgado, según los abogados.
Los disparos contra Blake, de 29 años, que se encontraba frente a sus tres hijos cuando se produjo el incidente, han provocado una nueva ola de manifestaciones en ciudades de todo el país, desde Nueva York, pasando por Portland, hasta Oregón. El caso se produce en un momento en que el país registraba todavía protestas por el asesinato de George Floyd a menos de la policía el pasado 25 de mayo.
La familia hizo una emotiva defensa del valor de la vida de Blake y, pese a la terrible situación en que se encuentra, pidió el fin de las violentas protestas que habían estallado en la ciudad.
Julia Jackson, la madre de Jacob, llamando a la unidad y diciendo que estaba rezando por los oficiales de policía, se mostró decepcionada por los daños en la ciudad.
Una tarde que había comenzado con marchas pacíficas en protesta por un tiroteo policial dio paso a incendios, destrucción y saqueos en Kenosha, cuando una franja de negocios en un barrio residencial central se consumió en llamas ayer temprano.
Los residentes salieron de sus casas alrededor de la medianoche para mirar boquiabiertos el humo que se podía ver a kilómetros de distancia. Perdidos en el incendio, dijeron los vecinos, estaba una tienda de colchones, una iglesia, un restaurante mexicano y una tienda de teléfonos celulares. A menos de una milla de distancia, una oficina de libertad condicional también estaba en llamas.
Ayer mismo, durante la Convención Republicana de cara a las elecciones presidenciales de noviembre, la antigua gobernadora de Carolina del Sur Nikki Haley ha atribuido a una “moda” entre los demócratas “decir ahora que Estados Unidos es racista”.
“Esto es una mentira. Estados Unidos no es un país racista”, ha aseverado el senador Tim Scott, el único republicano negro en la Cámara Alta. Para él, su familia ha ido del “algodón al Congreso en una sola generación”.
Texto y foto: Europa Press


