
Ni Shia LaBeouf ni Sverrir Gudnason, quienes personifican a los legendarios tenistas John McEnroe y Björn Borg, conocieron previamente a estos deportistas para no tratar de copiarlos o imitarlos.
Ambos señalaron en la presentación oficial del filme, Borg/McEnroe, que abrió anoche la 42 edición del Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF, por sus siglas en inglés), algunas anécdotas sobre el rodaje de la película, dirigida por Janus Metz.
“Yo decidí no conocer a Bjorn sino hasta que terminara de rodar porque no quería imitarlo o copiarlo, quería encarnarlo, darle una forma al personaje. Y para eso vi muchos partidos online, entrevistas. Lo conocí apenas la semana pasada que hicimos una Premier en Suecia”, dijo el islandés Gudnason.
“Yo no lo he conocido (a McEnroe)”, añadió LaBeouf, “pero me encantaría. Sé que eres un chico ocupado (John), pero hay que conocernos”.
En el filme que es considerado uno de los favoritos de la crítica para acaparar premios en las principales entregas, el director danés prefirió centrarse en la rivalidad de ambos y en su contexto personal, más que en el deporte que los encumbró.
“No es un filme sobre tenis, sino de los personajes que lo hacen, de lo que sucede con ellos, y de cómo su rivalidad los hace fuertes y sentirse invencibles. Ambos son como drogadictos, adictos a la adrenalina, al poder, a la pasión. El tenis es su adicción y no pueden dejarla”, precisó el director, quien adquirió notoriedad por Armadillo.
Stellan Skarsgard también acudió a la presentación del largometraje que se presentó anoche en el Roy Thomson Hall, el sitio sede de las galas de esta reunión fílmica anual.
Continúa la actividad en la Mostra veneciana
La fuerza del cine del director francotunecino Abdellatif Kechiche radica en la naturalidad de sus imágenes, en ligereza de las escenas que parecen surgir de la vida misma, no de un guión. Con esas premisas el director francotunecino se presenta en el Festival de Venecia con Mektoub my love: Canto Uno, un himno a la vida, un canto a la juventud que no ha tenido un buen eco entre la crítica.
Las expectativas eran elevadas. Kechiche se hizo con la Palma de Oro en Cannes con su anterior trabajo, La vida de Adèle y ahora replica ese naturalismo casi de documental, esa inmediatez y ligereza en la historia de Amin, un veinteañero que, tras abandonar sus estudios de medicina en París, regresa al pueblo del sur de Francia donde reside su familia para pasar las vacaciones en la playa, en el restaurante tunecino de la familia y dedicarse a escribir guiones.
Basada libremente en La blessure, la vraie, de François Bégaudeau, Kechiche imprime una mirada nostálgica a la juventud y sus placeres, pero se regodea con largas escenas erógenas de los cuerpos de las protagonistas, como la de las muchachas bailando de forma sugerente.
Y precisamente una periodista le ha reprochado al realizador en la rueda de prensa su mirada netamente masculina. Contrariado, Kechiche respondió: “Siento que lo haya visto así, tengo la sensación de que no hay nada de machismo en mi acercamiento a las relaciones de los personajes, ni de juicios”.
Además de subrayar que las mujeres de su película son fuertes y libres y que con sus numerosos planos (muchos de ellos de los traseros) de las protagonistas tan sólo quiso mostrar la belleza que emana del cuerpo, replicó si no había cierto prejuicio de partida. No obstante, no es la primera vez que se señala al realizador cierto machismo.
La cinta, que dura tres horas, está ambientada a mediados de los 90, en una Francia en la que parece no existir el problema del racismo. Al respecto el director tan sólo señaló que se entiende mejor el inicio de este siglo si se mira el final del siglo anterior. “Y en esa época que describo creo que la gente vivía de forma más armoniosa”, señaló.
Mektoub my love: Canto Uno, a la que seguirá una segunda parte ya rodada y una tercera que se rodará al término del festival italiano, dividió a la crítica en Venecia, donde Kechiche compite por cuarta vez y ya se llevó hace diez años el Premio Especial del Jurado por La graine et le mulet.
Sin embargo, la china Angels wear white, el segundo trabajo como realizadora de Vivian Qu, fue bien recibida. La única mujer que aspira este año al Léon de Oro reflexiona sobre la condición de sus congéneres en su país a través de la historia del abuso sexual que sufren unas niñas de 12 años en un hotel de una pequeña ciudad costera, donde la única testigo del delito es una adolescente que no se atreve a decir nada por miedo a perder su trabajo.
Vivian, una figura del cine independiente chino, produjo Black coal, thin ice, que ganó el Festival de Berlín. La china dedicó un año a la escritura del guión a fin de evitar que la cinta se convirtiese en un documental y para que la historia recogiese su forma de pensar.
Aunque su papel como directora es de observadora, la cineasta destaca la responsabilidad de los adultos en transmitir una serie de valores a las generaciones más jóvenes.
La 74 edición del Festival de Venecia se encuentra ya en su recta final a falta de presentar el viernes los dos últimos títulos a concurso: Jusqu’à la garde, del francés Xavier Legrand, y la última producción italiana Hannah, de Andrea Pallaoro, que muestra el retrato íntimo de una mujer a la que interpreta la actriz británica Charlotte Rampling. (DPA / Venecia).