Acapulco, la destrucción y la “infodemia” juntas

Ante cualquier accidente o catástrofe el primer lugar común (una verdad absoluta) es recordar que “mientras hay vida, todo lo demás se puede reponer” o también se puede comprobar lo que es prescindible, no necesario, aunque parezca útil.
Nada, absolutamente nada, es más valioso que la vida, nadie pone en duda esta verdad.
Acapulco vivió los momentos más difíciles de toda su historia, sin ánimo de competir en tragedias ocurridas en el siempre bien llamado “paraíso del Pacífico”.
La agresión y devastación del huracán Otis no tiene paralelo y hoy por hoy es considerada una de las graves tragedias que ha ocurrido en el mundo.
Nadie pudo imaginar en el bello puerto, sitio preferido de grandes estrellas y personajes de la política y de diversas actividades, la destrucción que pudiera producirse. Con frecuencia se creyó que en tanto bahía “cerrada”, contaba con protecciones que la propia naturaleza le concedía. Hoy sabemos que no es tal y que la fuerza de los temporales es impredecible.
A la devastación de Acapulco ha seguido un fenómeno igualmente letal, el de la infodemia, los cientos, miles y millones de mensajes falsos respecto de la situación tan grave, crítica de un huracán como el Otis.
Días terribles vive Acapulco, luego del huracán que con categoría 5 dio de lleno en el puerto y cambió súbitamente su historia.
Pasados los primeros días de pasmo, incomunicación y desinformación, la destrucción de la ciudad ha sido ampliamente mostrada.
Sabemos ya de los edificios a los que el viento arrancó de cuajo canceles, vidrios, plafones, paredes falsas y mobiliario, y de la urbe en que fueron derribados en unos minutos postes de energía eléctrica, torres de radio, televisión y telefonía celular. En el recuento de los daños, la parte más triste es la recuperación de cadáveres, cuya cifra se aproxima ya al medio centenar y seguramente se elevará más aún a medida que avancen las tareas de limpieza. Con una vida perdida la importancia del fenómeno meteorológico sería suficiente para mostrar su gravedad. A riesgo de despertar críticas, el tamaño del huracán pudo haber cobrado varios cientos o miles de víctimas, como ha ocurrido en otros casos. Sin embargo, parte de la infodemia de estos días ha intentado sembrar la infamia de que hay muchos más muertos de los que registran las autoridades.
Los trabajos para levantar la red eléctrica llevan ya un buen avance, pero sólo a media semana habrá luz en todas las zonas afectadas, según lo anunciado. También es un reto restablecer el servicio de agua potable, y por lo pronto la mayor urgencia es proporcionar víveres, agua potable y otros artículos indispensables a cientos de miles de damnificados.
En la anarquía inicial proliferaron los saqueos en almacenes y tiendas de autoservicio, que sólo hasta el fin de semana se pudieron controlar, entre otras razones porque ya no había nada que robar.
Esta historia apenas ha empezado y faltan muchos capítulos. En lo inmediato, la simple labor de recoger y retirar lodo y despojos llevará varias semanas; igualmente hacer llegar y distribuir agua, despensas y lo más necesario a las familias afectadas.
El Ejército se hace actualmente cargo de ello pero su esfuerzo es a todas luces insuficiente y se ha intentado denostar y atacar su oportuno y abnegado trabajo, con distintas versiones falsas de abuso por parte de elementos de las fuerzas armadas tanto del Ejército como de la Marina Armada de México. Lo primero por lograr es orden ante el caos dejado por Otis, tanto en lo material como en la respuesta general ante el fenómeno. Por supuesto que es bienvenida toda solidaridad y ayuda en especie, pero ello sólo resulta útil si existe un orden sólo alcanzable si la autoridad asume el control de los trabajos de normalización. Los daños en la infraestructura de suministro eléctrico, agua potable, alcantarillado, telecomunicaciones, vialidades, etcétera, son inconmensurables; es de tal magnitud lo que se requiere que habría que abrir las puertas a la participación de la sociedad civil y sus organizaciones.
Las versiones en las redes sociales han mostrado a un Ejército cuyo trabajo y labor de rescate se somete a los intereses del gobierno o, peor aún, del partido político o del movimiento social que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador. Nada más falso o mentiroso. La oposición se encontró con una vía para hacer de la tragedia la mejor oportunidad política para desacreditar al gobierno, lo que resalta la mezquindad, el oportunismo y la inmoralidad de quienes pretenden convertir la tragedia en beneficios partidistas.
Como en ninguna otra tragedia, la raja política parece estar por encima de los afectados, de la magnitud del desastre originado por el infortunio, la terrible situación de miles de hombres y mujeres que habrán perdido todo su patrimonio o la mayor parte, comerciantes, restauranteros, servidores turísticos, patrones y empleados que habrán quedado sin su establecimiento y sin clientes a quienes atender. Peor aún de quienes perdieron su casa, ricos y pobres, de zonas privilegiadas o aisladas y sin servicios.
Con la economía deshecha, a los acapulqueños les espera un muy triste fin de año, la tradicional época en que el puerto seguía brillando, desbordado por las fiestas, pletórico de visitantes nacionales y extranjeros que venían a esperar la llegada del Año Nuevo en medio del bullicio, los bailes, la música y los juegos pirotécnicos.
Vendrán después los planes y la ejecución de la reconstrucción, de poner de nuevo en pie a Acapulco. Pero no será una meta fácil. Se requerirán miles de millones de pesos, de dólares, para reconstruir lo que había costado el trabajo de varias generaciones a lo largo de muchas décadas.
Además, hacer volver el turismo al puerto no será sencillo. Como todo meteoro, Otis ha generado un trauma colectivo y su superación llevará tiempo. Los más optimistas hablan de la posibilidad de reabrir para la próxima Semana Santa, que es la segunda fecha en que los visitantes abarrotan tradicionalmente el lugar. En cualquier escenario, por un prolongado lapso la vida en Acapulco no será igual.
Sus repercusiones en el estado también se harán sentir, en la medida en que el puerto, con la zona de Ixtapa-Zihuatanejo y Taxco, constituyen el triángulo de atracción turística de la entidad y su principal actividad económica.
En cierto sentido, todo ello queda muy lejos. Lo inaplazable hoy es la atención con lo elemental a tanta gente que tiene hoy una carencia absoluta. A ello debemos aplicarnos no sólo en el puerto o en el estado, en todo el país, y con el ánimo de sumar, no de restar.
Una de las más importantes lecciones que los especialistas deberían atender se refiere a todo el sistema y el modelo de comunicación social, pues a todos los niveles de gobierno quedó demostrado, por lo menos, la insuficiencia de los mensajes verdaderos. Como siempre en los casos de crisis, los vacíos de información, en este caso en los minutos y segundos en los que los datos probados y serios debieran campear en el ambiente, su lugar es ocupado por la mentira, la falsedad, los datos que buscan desacreditar, crear confusión, condenar al gobierno municipal, estatal y federal. Lo peor del meteoro no sólo es la destrucción de miles de casas, el desmantelamiento de negocios, economía, transporte, telecomunicaciones, lo más terrible es mostrar el alma y la impunidad de quienes con mentiras medran políticamente. Esto también es una lección que ojalá se perciba y se aprenda bien.

NO a la violencia, SI a la paz

Uno de los anhelos más preciados, quizá el más soñado y anhelado por la humanidad, es el de una paz que, en el más amplio sentido, es no sólo el estado de no guerra, sino que implicaría equidad, justicia, armonía y posibilidades de realización individual y colectiva en todo el mundo.
Los seres humanos, como en ningún otro momento de la historia, están muy alejados de ese sueño, esa fantasía de vivir en paz. Hoy el ambiente se caracteriza por la agresividad, la descalificación, la pérdida de las más elementales formas de cortesía y respeto, sobre todo en el tono, el lenguaje que se utiliza en la comunicación vía las redes sociales, en las que predomina la agresividad y hasta la violencia.
Uno de los claros ejemplos ha sido el tono del ex presidente Donald Trump y de muchos otros políticos o personas proclives a convertir las plataformas de internet en cuadriláteros boxísticos en los que no hay normas y menos cortesías, siempre para obtener resultados políticos o económicos, y en casi todos los casos, ambos.
Otro de los foros en los que la mentira, la agresividad y la violencia rebasan casi todos los límites, no sólo legales sino éticos, cívicos y morales, es en las campañas para todo tipo de puestos o cargos de elección popular. La inteligente ironía característica o rasgo de grandes políticos o intelectuales de todos los tiempos, ha sido sustituida por la agresión, la leperada, el lenguaje soez irrespetuoso y agresivo, con el pretexto de que “así se habla en el pueblo” cuando que en todas las familias siempre existe y existirá la legítima aspiración a una vida mejor, de refinamiento en todos los sentidos, en especial en el trato que se recibe y se otorga a los demás.
La paz no es sólo ausencia de guerra y en la actualidad, consecuencia de la globalización, toda la humanidad conoce la gran mayoría de los conflictos o guerras que hay en la Tierra. Antes de esta era podían ocurrir guerras o conflictos de los que no se tenía información ni noticia, pero las comunicaciones de hoy permiten vivir la instantanéidad en toda su magnitud, ocurra donde ocurra. Esto produce, paradójicamente, el fenómeno contrario a lo que se pretendiera de lograr la paz, cuando que se hace mercadotecnia de la guerra.
El terrorismo funciona a partir del mal ejemplo de un grupo que recibe difusión amplia y constante en todas partes. En estos momentos el mundo revive el miedo producido por el terrorismo, ya que el mundo ha catalogado como actos terroristas los realizados por Hamás, en el Medio Oriente en donde se ha vivido un conflicto largo y costoso para todos.
Parte de la guerra se escenifica también en la manipulación y control de la información difundida a través de los grandes medios con cobertura mundial, en los que el rigor está sometido a los intereses económicos o políticos de los propietarios, en detrimento de la objetividad y de la verdad. Se demuestra así que la guerra en cualquiera de sus expresiones refleja incapacidad para la negociación y el diálogo, así como también un proceso de descomposición con métodos violentos en los que la fuerza predomine sobre la razón, la inteligencia, el respeto y el convencimiento de que existen siempre vías de conversación para superar cualquier conflicto.
El ataque de la agrupación extremista Hamás contra Israel, uno más en una larga historia de desencuentros pero esta vez de una intensidad y audacia sin precedentes, ha reavivado el conflicto permanente entre judíos y palestinos, una situación que se encuentra en el origen mismo del Estado israelita en 1948.
Surgen simultáneamente las diferencias entre árabes (musulmanes o no) frente a israelíes y todo lo que representan.
Cada vez más enfrentados, ambos pueblos obligados por su historia a convivir y compartir territorios, se encuentran enfrascados en una escalada que ya se mide por centenas de muertos, una cifra incuantificable de heridos y una destrucción mutua y sin sentido.
Esta guerra regional se suma a la que tiene lugar desde hace más de veinte meses en Ucrania, a partir de la invasión rusa de su territorio. En ambos casos, el sufrimiento de la población civil y la estela destructiva inevitables en todo conflicto armado, pasan a un segundo plano al intervenir las grandes potencias, que ven en estas regiones enclaves para hacer presente su poderío e influencia, y para hacer valer sus intereses y posiciones, como en un tablero de ajedrez.
El espejismo alimentado justamente en los años de la fundación de Israel, luego de la Segunda Guerra Mundial, de que con la conformación de las Naciones Unidas podría alcanzarse la paz en el planeta, ha cumplido tres cuartos de siglo y sigue en eso: en un espejismo.
Por la interconexión actual del mundo, desde la comunicación instantánea y universal, hasta las corrientes transcontinentales financieras, de inversiones y de comercio de mercancías, los conflictos bélicos tiene repercusiones de corto y largo plazo en los lugares más apartados y distantes. La inestabilidad que anuncian se traduce en movimientos de las cotizaciones entre divisas, y en los precios presentes y a futuro de materias primas, sobre todo las estratégicas como el petróleo, los alimentos, los metales.
Un hecho puntual pero significativo, es que al estallar el conflicto en Israel, más de un millar de compatriotas quedaron varados en la región, entre turistas y gente que había encontrado allá una oportunidad de estudio o de empleo, o incluso una vida familiar.
Por otro lado, estas guerras nutren la polarización y el crecimiento de tendencias radicales no sólo en el entorno de los lugares en que ocurren, sino que reproducen el fenómeno en otros países y continentes.
Como un simple ejemplo, en México, mientras hay reclamos al Presidente de la República por expresar una posición neutral y pacifista y no condenar con vigor los ataques a Israel, hay manifestaciones consecutivas en la ciudad de México a favor de la causa de Palestina.
Situaciones similares se observan en capitales europeas y en otros sitios del planeta con fuerte presencia musulmana.
En ese contexto, en nuestro país se calienta el ambiente por los movimientos partidistas rumbo a la sucesión presidencial, como ya hemos comentado en entregas anteriores, a lo que ahora se suman las disputas por las gubernaturas en ocho estados de la República y en la capital del país.
A los tradicionales “tours de force” entre partidos y figuras tradicionales, esta vez se agrega el necesario equilibrio de género, que obligará a todos los grupos y alianzas que se formen a considerar en cada caso a cinco mujeres entre sus nueve prospectos.
Entretanto, en Guerrero la más reciente noticia es la entrega al Congreso local del Segundo Informe de la gobernadora Evelyn Salgado, documento que es por supuesto optimista respecto de la situación en la entidad, y sirve de apoyo para el proyecto de paquete económico del gobierno estatal.
En las ciudades guerrerenses, por contraste, las noticias cotidianas siguen siendo la aparición de restos humanos en las calles, abandonados en bolsas y con mensajes del crimen organizado.
Esta visto, la paz es uno de los anhelos más preciados y lejanos en este momento, según se puede comprobar adonde se mire.

 

La política exterior en la aldea global

Desde que el mundo se convirtió, auténticamente, “en un pañuelo” porque la aldea global dejó de ser una utopía y se convirtió en un vecindario en el que sus habitantes se enteran, al momento, en vivo y a todo color, de todo lo que ocurre en el mundo, sobre todo de lo malo, mucho más que de lo bueno, ya que si fuera de esta manera el estado de ánimo personal, local y mundial sería totalmente diferente.
No son pocos los mandatarios en el mundo que tienen una política exterior no caracterizada por el llamado “turismo oficial”, es decir que los gobernantes con sus grandes aparatos y cuantiosas comitivas de funcionarios, empresarios, líderes sociales y económicos andan de país en país con el aparente propósito de promover inversiones, desarrollo, y que lo único que produjeron –como se hizo durante varias décadas por los gobiernos de México–, fue una presencia que no tuvo los resultados prometidos, y menos esperados.
La pandemia de 2020 contribuyó también a que las grandes juntas internacionales en distintas partes del mundo no se celebraran y se dio lugar o espacio a las teleconferencias o video conferencias bilaterales y hasta multilaterales. Si hasta conciertos con más de 100 músicos o cantantes fue posible producir y colocar en las redes sociales, eventos que fueron todo un éxito mundial, lo mismo ocurrió con los encuentros entre mandatarios de distintos países, trátese de regiones entre sí o de los cinco continentes.
Centrado en el esfuerzo de transformar el país desde el momento que tomó posesión, de hecho desde que ganó por amplio margen la elección que lo llevó al poder, el Presidente Andrés Manuel López Obrador ha dado poca importancia a su presencia internacional, en particular cuando se refiere a la realización de visitas o giras al extranjero. El actual mandatario ha hecho gala de su austeridad o de su rechazo a que las relaciones internacionales sean el pretexto para viajar, placearse a nivel internacional o aparentar que es, en los encuentros internacionales, en los que se demuestra si se es sólo mandatario o se tiene nivel de estadista.
De ahí que, el presidente López Obrador ha sostenido que la mejor política exterior es la interior, y lo ha repetido cuando aborda ese tema, y ha cumplido puntualmente esa convicción.
Por ello es relevante la reciente gira que llevó a cabo en América del Sur, en la cual visitó Colombia y Chile, ambos países significados por tener gobernantes de izquierda, y en el caso chileno, marcado por la singularidad histórica de estar presente en la conmemoración del medio siglo del sanguinario golpe de Estado contra el gobierno del Presidente Salvador Allende.
Fuera de un par de visitas a Estados Unidos, obligadas por la estrecha relación de la economía mexicana con la de aquel país y por los compromisos derivados del tratado comercial entre ambas naciones y Canadá, ésta es apenas la segunda gira de trabajo que durante su mandato cumple López Obrador en el extranjero; hace poco más de un año realizó igualmente una breve visita por Centroamérica y Cuba.
La gira ocurrió una vez que el Presidente entregó el bastón de mando a quien ha sido nombrada para encabezar la defensa de la 4T, Claudia Sheinbaum, con lo que simbólicamente López Obrador ha dejado en sus manos la conducción del movimiento que él encabezó hasta ahora.
A su regreso de Chile, el Presidente acudió, también de manera inusitada, a la toma de protesta de la gobernadora del estado de México, Delfina Gómez Álvarez, que con su triunfo electoral y su naciente mandato, ha puesto fin a la leyenda del poderío perpetuo del Grupo Atlacomulco, la más importante fortaleza del antiguo régimen, que gobernó la entidad sin interrupción desde la tercera década del siglo pasado hasta hace unos días, en que finalmente tuvo que entregar el poder, con todos los costos de retraso, desigualdad e injusticia que ello implica. El Estado de México es, sin duda, el estado más pujante de los 32 que conforman la república mexicana, con todas sus características de estado moderno, industrial, turístico, cultural, pero también con gravísimos rezagos y abusos de destrucción inocultables.
La hazaña de romper la hegemonía priísta en su principal refugio no es menor, aunque sea parte de la cascada morenista que ha logrado ya el triunfo electoral en la mayoría de las entidades del país. Ahora, como en todos lados, como ha ocurrido en el país mismo, viene lo difícil, desmontar el entramado de contubernios e intereses que han dominado la entidad mexiquense durante tantas décadas y llevar a cabo, en cada municipio y comunidad, una real transformación social, en beneficio de los más pobres.
Por fortuna, la maestra Delfina tiene no sólo la sensibilidad social y política, sino la fortaleza necesaria para encabezar esa tarea, cuyos resultados se producirán en los primeros meses de gobierno, puesto que su sueño de transformar la realidad de los marginados, los pobres, los desamparados en todas las regiones del estado, está por fin al alcance de su mano. Desde que inició su carrera hace varias décadas en su natal Texcoco, la maestra Delfina tiene claro que el problema número uno es combatir la corrupción y, con el ejemplo, lograr un gobierno en el que la honestidad no sea palabra de campaña, sino una tarea diaria. Quienes duden de su postura, más pronto que tarde, se llevarán una dura experiencia y una sorpresa porque tiene el carácter, la fortaleza y la decisión de no transigir ni ceder ni un ápice en esa tarea.
Mientras en el estado de México se inaugura una etapa de transformación y esperanza, en Guerrero las noticias por desgracia son motivo de preocupación y alarma. La ejecución con unos días de diferencia, primero del fiscal regional en Tierra Caliente, Víctor Manuel Salas, quien acababa de tomar posesión del cargo, y luego del delegado de la Fiscalía General de la República en el estado, Fernando García, en Chilpancingo, dan muestra de la fuerza y la impunidad con que se mueven los sicarios del crimen organizado en territorio guerrerense. El fin de semana, atentaron también contra el vicefiscal y el director de investigación de la Fiscalía estatal. El atentado no tuvo éxito pero igualmente está impune. Y si se revisan los registros de violencia en los últimos años, queda claro que no se trata de hechos aislados, aunque la escala sí va subiendo hasta niveles inusitados. Si eso ocurre con las autoridades encargadas de tener a raya a los delincuentes, ¿qué puede esperar el ciudadano de a pie, el comerciante, transportista o prestador de servicios? La presencia de la criminalidad no es nueva en Guerrero, tiene una historia de muchas décadas.
En ese ambiente, estamos a una semana de conmemorar el noveno aniversario de la noche negra de Iguala, en la que desaparecieron 43 normalistas de Ayotzinapa. Ahí el esclarecimiento de los hechos y al castigo a los culpables sigue pendiente, está en proceso, pero ya empezaron las protestas y van a crecer, dicen los informados.

 

En el último tramo, candidata habemus

En el pasado, durante la época de mayor poderío del periodo del PRI, en las décadas de los 50s, 60s, 70s y 80s, llegar al final del quinto año de gobierno representaba el momento de mayor gloria, fortaleza y poder del Presidente de la República en turno. El llamado sistema político mexicano mostraba sus mejores virtudes de colaboración, disciplina y eficacia, a la vez que revelaba igualmente sus mayores defectos de concentración de las decisiones políticas, en especial, el proceso de sucesión o entrega de la estafeta a quien, después del proceso electoral, se entregaría la banda presidencial y el poder completo del gobierno.
El propio sistema se desgastó, consecuencia de un largo proceso de descomposición, que culminó en el año 2000 con el triunfo del PAN y el inicio de un periodo de aparente oposición que, más pronto que tarde en sólo 12 años, perdió el poder para dar paso, nuevamente a la corta era del PRI.
Este periodo es conocido, ahora, como el periodo del PRIAN, con los vicios y características de lo peor de la centralización, el abuso, y un proyecto neoliberal que empobreció y provocó un grave retraso al país, en un mundo competitivo, voraz y depredador. En los gobiernos encabezados por los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón Hinojosa, y después el priista Enrique Peña Nieto, al llegar al inicio del último año en el gobierno, sufrían un desgaste irreversible y sus niveles de aceptación y popularidad estaban en lo más bajo de su historia, por lo que los resultados electorales fueron contundentes, perdieron el poder, con todo y el uso de los recursos que les permitía el gobierno.
Hoy el presidente López Obrador llega con altos niveles de popularidad y aceptación, no exento del desgaste en los medios y en sectores políticos abiertamente opositores a su estilo y a las políticas iniciadas en la era de la llamada 4ta. Transformación.
El inicio del sexto año de gobierno se caracteriza por la fortaleza del gobierno actual en posiciones en los distintos poderes, con la excepción del Poder Judicial.
Los partidos políticos establecidos están ya en pleno proceso de selección de sus candidatos. El domingo, en el Ángel de la Independencia de la Cdmx el Frente Amplio por México, integrado por el PAN, PRI Y PRD postuló como su coordinadora y futura candidata a la presidencia de la República, a la senadora, ex delegada en Miguel Hidalgo, ex directora del Instituto Nacional Indigenista y empresaria, Xóchitl Gálvez Ruiz.
Esta misma semana se definirá el resultado de las encuestas realizadas en el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), con lo que se elegirá al coordinador o coordinadora de la Defensa de la 4ta. Transformación y quien seguramente representará al partido en el gobierno en las próximas elecciones presidenciales del próximo año.
El fin de semana, en Campeche, ocurrió la presentación del Quinto Informe del Presidente Andrés Manuel López Obrador, ocasión propicia para presentar a la nación un resumen de los logros de su régimen, a casi un lustro de que arrancara la Cuarta Transformación que él encabeza. En su discurso pronunciado en Campeche, el mandatario destacó los avances económicos y sociales, entre ellos un crecimiento que actualmente es de más de tres por ciento anual y se ha reflejado en la fortaleza de la moneda mexicana frente al dólar y otras divisas.
También apuntó el incremento sustantivo que han tenido los ingresos de los trabajadores, en particular el salario mínimo, que casi se ha duplicado durante su gobierno en términos reales, en tanto se ha logrado una muy baja tasa de desempleo en el país.
Un rubro de la mayor relevancia ha sido el de los programas sociales, que tienen una cobertura sin precedentes en la población, y han sido elevados a rango constitucional.
A la par, se ha llevado a cabo un esfuerzo sostenido de austeridad y combate a la corrupción, como parte de su modelo de desarrollo, denominado humanismo mexicano.
Todo lo anterior ha contribuido a la disminución de la pobreza y la desigualdad, como lo reportan las cifras de las instituciones que miden y evalúan la política social.
Destacó asimismo los grandes proyectos del sexenio, como el Tren Maya y la Refinería Olmeca, ambos en sus etapas finales de construcción, los cuales tendrán grandes beneficios para el desarrollo del sureste mexicano. Se refirió, además, a la reducción de los delitos del fuero federal a lo largo del sexenio.
Estos resultados son el fundamento de la sostenida aprobación popular a la gestión del mandatario, mantenida a estas alturas en niveles cercanos al 60 por ciento, fenómeno que no ha dejado de asombrar a los críticos del régimen pero que en esos datos encuentra su explicación.
Con el significativo apoyo de la mayoría del pueblo, el gobierno de López Obrador entra en su fase culminante, en la recta final que constituye su último año de gestión.
Además de la terminación de sus proyectos en construcción y de consolidar los logros económicos y sociales, el gran reto de esta etapa final para López Obrador es asegurar una sucesión que permita continuar con la transformación emprendida.
La relevancia de esa transición es tal, que probablemente por ello se tomó hace mucho la decisión de adelantar el proceso sucesorio. La oposición no lo entendió tan rápido, pero en los últimos tiempos han reaccionado con viveza, y ahora incluso se han apresurado a ungir a quien será su candidata, en tanto que Morena hará lo propio antes de que concluya esta semana.
A partir de estas definiciones, la atención de la ciudadanía migrará a los vaivenes de la lucha electoral. En ese momento en cierto sentido, se habrá agotado el tiempo del Presidente. Él lo sabe y por ello ha hablado de transferir el bastón de mando de la transformación, a quien la encabezará hacia adelante.
La sucesión no será tan tersa como se advertía a principios de año, y en muchas regiones habrá una competencia cerrada, que influirá en la conformación de los poderes locales, en congresos y alcaldías.
Así ocurrirá, por ejemplo en Guerrero, donde apenas van a cumplirse dos años del actual gobierno estatal, pero ya hay muy diversas expresiones de hartazgo ciudadano, producido básicamente por la sensación de que el dominio de las bandas criminales ha crecido, al igual que sus negocios y la impunidad de la que gozan, ante la negligencia y/o la incapacidad de las autoridades en la entidad.
Será un año intenso y complicado. Esperemos que por lo menos transcurra sin violencia.

La compleja relación con EU y el reacomodo mundial

Más allá de la verdadera urgencia y la devastación y daños producidos por el ciclón Hilary, convertido en tormenta tropical, en la costa oeste de Estados Unidos y de México, la vecindad entre ambos países convierten la zona en una de las más intensas, cercanas y lejanas del mundo, no sólo por casi 3 mil kilómetros de frontera que involucran a 48 condados de los estados de Texas, Nuevo México, Arizona y California, con los 94 municipios de los estados mexicanos de Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas y Nuevo León.
Esa sola región es un conglomerado humano que comparten no sólo clima, vecindad territorial, sino también rasgos culturales por costumbres, alimentación y un sinnúmero de características comunes, marcadas irremediablemente por la diferencia de condiciones económicas de cada uno de esos estados, pero sobre todo de ambas naciones. Estados Unidos hoy conserva, aunque ya haya quienes lo duden y otorguen el lugar a China, el liderazgo en la economía mundial, cuando que México disputa con Indonesia los lugares 15 y 16 en el mundo, con la agravante de que uno de los principales problemas internos del país es la concentración de la riqueza en unas cuantas manos y la pobreza de la gran mayoría de los mexicanos.
La diferencia de realidades en las 15 grandes ciudades que comparten límites fronterizos es un golpe a la vista, pero sobre todo a formas de vivir totalmente diferentes, con gobiernos débiles del lado mexicano y fuertes del lado estadunidense. Ello marca la diferencia entre la aplicación de la ley o la tolerancia a todo tipo de infracciones.
Mientras por vía epistolar el Presidente Andrés Manuel López Obrador destaca ante su homólogo norteamericano, el presidente Joe Biden, que las relaciones entre ambas naciones marchan por buen camino y le agradece que, por primera vez, se haya abierto un canal formal para la migración de habitantes de países latinoamericanos, el gobernador de Texas, Greg Abbott, persevera en su decisión de instalar boyas alambradas en el cauce del río Bravo, para impedir que ingresen migrantes sin documentos, lo cual ya ha causado por lo menos un par de muertos.
Ante ello, el Departamento de Justicia de Estados Unidos dio inicio a un proceso legal contra el mandatario estatal, pero esto no le ha impedido a Abbott mantener su ocurrencia, e incluso reacomodar sus artefactos, una vez que la Comisión Internacional de Límites y Aguas determinó que cuatro de cada cinco boyas estaban ubicadas del lado mexicano, en una clara violación a la soberanía nacional.
Encontrar soluciones que atiendan el fenómeno migratorio con seguridad y respeto a los derechos humanos es sólo una de las facetas de una relación cada vez más estrecha y cada vez más compleja entre nuestras naciones.
Otro lado lo constituyen las diferencias en la interpretación del tratado comercial entre los tres países del norte de América. En ese rubro, la secretaria de Comercio de Estados Unidos, Katherine Tai, ha anunciado hace unos días que su gobierno recurrirá a un panel arbitral para impugnar el decreto mexicano que ha prohibido la importación de maíz transgénico, bajo la consideración de que las semillas manipuladas genéticamente ponen en peligro los cultivos nativos ancestrales. Otra disputa irresuelta entre los tres países tiene que ver con la política energética mexicana, que las contrapartes califican de violatoria al TMEC.
En éstos y en otros casos, los mecanismos previstos por el Tratado permitirán que haya una solución a las diferencias, pero su conclusión llevará muchos meses.
Toda esta problemática se mezcla además con la lucha y los intereses políticos de ambos lados de la frontera. En México y en Estados Unidos habrá elecciones presidenciales el próximo año, y desde ahora en cada escenario nacional, las decisiones y las posiciones de los líderes en los gobiernos y en las fuerzas políticas se ven matizadas por los cálculos de costo-beneficio electoral.
Donde por cierto hubo también elecciones para renovar la presidencia fue en dos países del continente: en la vecina Guatemala, donde se alzó con la victoria el candidato progresista Bernardo Arévalo, y en Ecuador, país éste marcado por la violencia del crimen organizado, al cual se le atribuye el asesinato hace unas semanas de Fernando Villavicencio, uno de los candidatos que había prometido enfrentar a las mafias; en este último caso no hubo un vencedor definitivo, pues los dos postulados con la mayor votación deberán enfrentarse en una segunda vuelta.
En España, donde hace unas semanas hubo igualmente comicios generales, el resultado fue multicolor, pero finalmente el fin de semana pasado los grupos progresistas llegaron a un acuerdo para sumar fuerzas, lo que les permitirá tener la mayoría en el Congreso y poder dar base a un gobierno de izquierda.
En México, además de los jaloneos políticos y la efervescencia inevitable en una sucesión presidencial, el factor de la inseguridad sigue siendo un tema no resuelto, que mete ruido en la vida diaria.
El secuestro y muy probable asesinato de cinco hombres jóvenes en Lagos de Moreno, en Jalisco, ha desatado un fenómeno de conmoción y condena, en un país en que cotidianamente nos enteramos de terribles crímenes impunes. Antes habían ocurrido casos similares en la región, y en las redes sociales se habló desde el fin de semana de una nueva desaparición colectiva. El presidente Andrés Manuel López Obrador tuvo que aclarar, contundentemente, su indignación con esa tragedia ante un alud de críticas desatadas a partir de su supuesta omisión o desatención de los acontecimientos, absolutamente condenables por todo el país.
En Guerrero, donde estos episodios nunca faltan, comunidades indígenas de Chilapa se movilizaron en días pasados para exigir la localización de tres jóvenes jornaleros agrícolas desaparecidos, de lo cual culpan a los Rojos y los Ardillos, y a la complicidad o negligencia de las autoridades municipales.
En esa amalgama de sucesos e intereses transcurre la vida en nuestro país, ahora entretenida por las actividades de las llamadas “corcholatas”, en el lado del partido en el gobierno, y de las figuras seleccionadas por el Frente Amplio, la suma de la mayoría de las oposiciones. En las siguientes semanas se pondrá, sin duda, más interesante.
En la semana que corre concluirán los recorridos de los candidatos a convertirse en coordinador de la defensa de la 4a. Transformación. Y aunque se han manifestado algunas protestas y discrepancias entre los participantes, lo cierto es que la unidad se mantiene y no es previsible que se rompa. Y es que en la unidad está la clave para obtener el triunfo contundente que en su momento permita continuar y profundizar los cambios en los que el actual régimen se ha empeñado. No hay de otra.

Obras de infraestructura, garantía de desarrollo y crecimiento

 

 

Como en ninguna otra época de la historia de los países, en el siglo XIX quedó comprobado que las obras de infraestructura, en especial producción de los llamados bienes de capital y las de soporte en comunicaciones, salud y educación, son la garantía para lograr crecimiento económico y mejores condiciones de vida de sus habitantes.
De esa forma surgieron los sistemas ferroviarios, y los desarrollos para atender la creciente e importante demanda de energía para sustentar cada vez más complejas y eficientes formas de producción. De todos los países de Europa Occidental, únicamente España y Portugal se quedaron rezagados del resto de sus vecinos en comunicaciones, aunque fueron superados con su inclusión hace varias décadas en la llamada Unión Europea.
Este modelo fue adoptado en los años 80s por varios países asiáticos, encabezados por la gran China, que dedicó la mayor parte de su atención y de recursos al desarrollo de obras de infraestructura que, en sólo 50 años, le permiten hoy competir por el liderazgo mundial, no sólo a Europa en su conjunto, sino también a Estados Unidos, quienes para muchos ya han dejado de ser los líderes del mundo para ceder el lugar a la potencia asiática.
Todos los visitantes occidentales que llegan a China, Singapur, Corea del Sur, Vietnam, Malasia, por mencionar sólo a algunos, quedan sorprendidos por la calidad y cantidad de obras de infraestructura en comunicaciones terrestres, aéreas y de telecomunicaciones, alcanzadas por estos países. Lugar aparte, por supuesto, tiene Japón, nación que impactó al mundo, o como Alemania, que después de la derrota y devastación sufrida en la Segunda Guerra Mundial, alcanzaron un desarrollo mucho más ordenado, rápido y acelerado que sus competidores.
México a partir de los años 80s con las modas mundiales privatizadoras de la mayor parte de las actividades económicas, abandonó la construcción de obras de infraestructura y sólo se hicieron unas cuantas, bajo el sistema de concesiones de largo plazo, cuyo propósito era generar utilidades para sus beneficiarios, y no los servicios o el progreso que realmente tienen para los usuarios, aparte de profundizar privilegios, puesto que están al servicio exclusivamente de quienes puedan pagar por los servicios y no, como en la mayor parte de Europa o Asia, que no se cobran peajes por su utilización, ya que se trata de obras públicas.
Afortunadamente este modelo cambió con la llegada de la llamada 4ª Transformación, en donde, con apego a la legalidad, no se afecta a quienes recibieron jugosas concesiones de obras y servicios públicos, pero con el apoyo de la Escuela de Ingeniería y de la Secretaría de la Defensa Nacional, se iniciaron muchas obras de infraestructura, ante la sorpresa, el descontento y la crítica de estas acciones.
En una carrera contra el tiempo, el gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador está empeñado en revivir los ferrocarriles como una opción de transporte para la población, como lo señaló en su conferencia mañanera del pasado viernes, para luego emprender una gira de supervisión del Tren Maya durante el fin de semana.
En realidad, los beneficios del sistema ferroviario están en la movilización de productos, ya que el sistema de transporte privilegió, para beneficiar en los años 40s del siglo pasado, a unos cuantos allegados al gobierno en turno, con lo que se inició la sustitución y posterior desaparición, del sistema ferroviario nacional.
Hoy se intenta su recuperación inaplazable, puesto que la situación de las carreteras, por el creciente tráfico de mercancías en tracto camiones, mejor conocidos como trailers, se volvió ineficiente, onerosa y sumamente destructiva para la carpeta asfáltica.
Siempre se habla de esta obra, del Tren Maya, probablemente porque es a la que le ha puesto mayor empeño el actual gobierno, y porque su construcción a través de la Selva Lacandona ha desatado la preocupación y la oposición de grupos ambientalistas.
Pero no es el único proyecto en marcha. Se ha anunciado la inauguración de la primera etapa del tren de la Ciudad de México a Toluca, el tramo que corre en territorio mexiquense, porque aún no se concluye la construcción del lado de la capital del país. También está por terminarse la conexión del tren suburbano de Buenavista a Lechería, que llevará al aeropuerto Felipe Ángeles y le dará viabilidad al mismo.
En el sur del territorio, otras líneas ferroviarias de las que poco se conoce, sin embargo presentan ya un alto grado de avance, como el tren que irá de Tapachula a Ixtepec, el de Salina Cruz a Coatzacoalcos y otro de esta ciudad a Palenque, son algunas de las rutas mencionadas por el Presidente.
Es una estrategia equiparable, ha dicho López Obrador, al rescate de la industria petrolera y de la electricidad. Se trata de una actividad ligada a la historia de México, cuyo uso se abandonó de manera inexplicable, mientras en prácticamente todo el mundo es y será una opción primaria de transporte de pasajeros.
Otras muchas rutas en la geografía nacional están en los planos y en los planes, pero ya no habrá tiempo en el actual sexenio para emprenderlas. Quedarán como una tarea y un reto para los siguientes gobiernos.
En Guerrero, por cierto, la infraestructura ferroviaria sólo llegó muy parcialmente en su momento, pues el viejo proyecto porfirista de comunicar la ciudad de México con Acapulco por ferrocarril, y conectar una vía interoceánica desde este puerto hasta Veracruz, nunca se pudo culminar, por el incremento en costos y las dificultades técnicas de la época, entre otros problemas. El tendido de rieles sólo llegó desde Cuernavaca hasta más adelante de Iguala, al poblado de Balsas Sur, ahora cubierto por el embalse de la presa del Caracol.
Cuando se canceló el servicio de pasajeros en los ferrocarriles mexicanos, igualmente se abandonó el que comunicaba por esta vía a Iguala, que por cierto ahora se intenta rescatar en un tramo, desde la antigua estación igualteca hasta el Puente de la Mano y la estación Naranjo, un recorrido de diez kilómetros destinado al entretenimiento turístico.
Noticias como éstas son alentadoras, en un escenario en que a nivel nacional la contienda electoral adelantada concentró primero la atención pública, para luego venir a menos dado que las limitaciones legales obligan a los precandidatos no declarados, los oficiales y los de oposición, a conducirse con pies de plomo.
Y lo son en Guerrero, donde el ámbito noticioso tiende a reducirse a los estragos causados por el crimen organizado, los muertos de cada semana, y las reuniones de autoridades municipales con los líderes del narco, que son normales y obligadas, nos informan.
No existe progreso real, auténtico, duradero y sobre todo justo sin obras de infraestructura en comunicaciones, sistema de salud y educativo, aunque haya críticas más basadas en la defensa de viejos intereses, que en una visión de corto, mediano y largo plazo de beneficio para el país y para sus habitantes.