
Guillermo Rivera
El Sur / Ciudad de México
La tecnóloga Artemisa Jaramillo Galán, oriunda de Tixtla, Guerrero, no concibe iniciar un proyecto sin que éste brinde resultados y cambios contundentes. Si eso no pasa, enfatiza, entonces no tiene sentido iniciarlo. ¿Para qué?
Especializada en crear, a través de la tecnología, soluciones para gobiernos y empresas a nivel internacional, a sus 41 años ha constatado que, vayas a donde vayas, las puertas se abren si tu trabajo rinde frutos, si cumples con lo acordado y si eres responsable. No hay más fórmula.
“A mí me gusta hacer que las cosas sucedan”, dice Jaramillo, conferencista que se ha dirigido a más de 200 mil personas de distintas partes del mundo, en entrevista con El Sur realizada vía zoom, en el momento en que ella estaba en Japón desarrollando un nuevo proyecto: una alianza entre un instituto de investigación japonés y la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) de México, con la finalidad de enviar talento mexicano al país asiático.
Pero para llegar a Asia, Artemisa pasó antes por Europa, Estados Unidos y, claro, México. Vivió sus primeros años en el barrio céntrico de Tixtla, al lado de su papá, Jesús Alberto Jaramillo, profesor y orador; su mamá, Yolanda Galán, bibliotecaria, y una hermana.
Desde pequeña sobresalió en la escuela y era elegida para los discursos escolares. Su buena memoria le ayudaba.
En ese tiempo, su papá trabajaba en la presidencia municipal y la alcaldesa de entonces, Julia Jiménez Alarcón, representó para Artemisa una de sus primeras fuentes de inspiración. “Fue una de las primeras mujeres en ocupar ese cargo. Yo estaba en el kínder y para mí fue un referente porque crecí viendo cómo ella, siendo mujer, era la que mandaba. Sí me influyó mucho”, recuerda.
“Desde pequeña fui disciplinada, y en primaria me di cuenta de que era buena alumna”. En primer grado ya asistía a los concursos académicos en compañía de su mamá. Descubrió, comparte, que ser una buena estudiante le abría puertas. “Te asegura que te noten y a partir de ahí tienes que defenderte, hacer más cosas”, dice.
Su mamá le inculcó el amor por los estudios y su papá la oratoria. Pronto se metió a los concursos nacionales. Creció rodeada de oradores, de gente entrenada, destaca, en cómo usar la palabra. Con 11 años de edad, se percató de la relevancia de comunicar, “rodeada de la tradición tixtleca, el folclor de la poesía, la oratoria y los cuentos”.
Cuando cursaba sexto grado participó en la Olimpiada del Conocimiento Infantil. Artemisa fue una de las ganadoras de Guerrero. Conoció al entonces gobernador del estado, Rubén Figueroa, y al que era presidente del país, Carlos Salinas de Gortari.
Afuera “tú cuentas por
lo que puedes hacer”
Jaramillo completó la educación básica en Tixtla y el bachillerato en el CBTis 134 de Chilpancingo. En secundaria y bachillerato participó en tantos concursos estatales y nacionales de expresión oral, oratoria, declamación, poesía y novela, que le es difícil decir cuántos fueron.
Llegado el momento de elegir una carrera. Era buena en matemáticas y física, pero entonces pensó que en Guerrero no había futuro si elegía esas áreas. Así, se fue inclinando “hacia algo que transformara cosas para generar capital”.
Ya había estudiado una especialidad técnica en administración y optó por la licenciatura en Administración de Empresas en la Universidad de las Américas-Puebla (UDLAP). Ahí, junto con otros representantes estudiantiles, fue enviada a una capacitación de emprendimiento tecnológico para líderes estudiantiles de América Latina en Texas.
Ese viaje fue fundamental para irse de México. “Si quería influir en los destinos a nivel nacional, me tenía que ir a preparar a otro país”, cuenta.
Antes de estudiar la maestría en Negocios Internacionales en la Northeastern University, en Boston, Estados Unidos, regresó a Guerrero para trabajar y ahorrar dinero. Ya antes había laborado en el gobierno estatal durante los primeros años de la década de los 2000.
Artemisa destaca su desempeño como coordinadora de asesores de la Secretaría de Gobierno y, además, su participación en las mesas de trabajo para la creación de leyes que reformaron la entidad. Era la única mujer, resalta. Decidida a avanzar en sus objetivos, renunció y se fue a Boston.
“Es muy difícil no estar en tu país. Los títulos académicos que llevas de México no son considerados como quisieras. Cuentas por tu talento, no por si alguien te recomendó o si vienes de tal parte. Eso es lo más bonito de lo que aprendí en el extranjero: que tú cuentas por lo que puedes hacer”, apunta.
Ser parte del “nuevo Silicon
Valley, pero en Europa”
Sus amistades y familiares la cuestionaron por su deseo de marcharse si ya tenía empleo y, probablemente, su vida resuelta. “Pero yo me fui. Solita con mi maletita de sueños, cuando estaba en mis veinte”, dice y sonríe al otro lado de la pantalla de la computadora.
Cuando su papá y su tío le preguntaron cuándo iba a regresar de Boston, ella les respondió: “Si todo sale bien, ya no regreso”. Así fue.
Perfeccionó su inglés en las aulas universitarias. Volvió a empezar. “Se trató de volverme a ganar las cosas. Eso me ha pasado cada que me mudo. Es iniciar de nuevo y construir un mundo. Conocer a la gente, la cultura, las tradiciones. Es fascinante”.
Las amistades que creó con otros extranjeros en EU influyeron para que se fuera a hacer un posgrado a Dublín City University, en Irlanda. Ahí estudió uno de los cinco primeros doctorados en temas de transformación digital en Europa. Tiempo después comenzó a dar clases en la universidad. “Me empecé a especializar en la toma de decisiones para generar programas a través de la tecnología”.
Irlanda, explica Jaramillo, surgía como el “nuevo Silicon Valley”, el nuevo punto tecnológico “pero en Europa”.
“Llegué en el momento en que eso pasaba. Fue importante porque me tocó ser parte de quienes escribíamos las nuevas cosas. Se tomó como estrategia nacional dedicarnos a los temas tecnológicos. Ser una sociedad del conocimiento y dedicarnos a atraer muchas compañías como Google, Facebook, Linkedln, para que se establecieran en Irlanda”.
Parte de sus primeros trabajos como académica y profesora universitaria, menciona, fue dar clases a los directores de esas compañías. “Entrenarlos, capacitarlos para que pudieran emprender este salto y generar más”.
A raíz del movimiento de las compañías tecnológicas hacia Irlanda, el gobierno de Arabia Saudita volteó a ver a la isla. “No sabían cómo capacitar su talento”, dice Jaramillo.
Arabia Saudita contrató a Dublín City University para aplicar programas que evitaran la fuga de talento. “Mandaban a personas a capacitarse fuera pero no regresaban, porque para que regresen se tienen que generar oportunidades”, añade.
Gracias a su doctorado, la tixtleña fue enviada a la Universidad Princess Noura Bint Abdulrahman, la más grande del mundo, sólo para mujeres, en la ciudad de Riad, la capital de Arabia.
“Contaba seis años fuera de México y ya había creado mi forma de vida en Irlanda. Me había establecido, tenía amigos, trabajo. Me pasó como cuando me fui de Guerrero. Pero fue una oportunidad. Nos fuimos cinco profesoras universitarias a iniciar esta aventura en Arabia Saudita”.
Jaramillo se dedicó a entrenar profesoras para que obtuvieran el estándar de educación europeo. A crear programas y planes de estudio para que las estudiantes se incorporaran enseguida a la vida laboral.
Artemisa, además, se enamoró del país. “Arabia Saudita es muy diferente de muchos lados del mundo. Es como un cuento, o muchos, como Las mil y una noches. No me imagino Arabia sin soñar. Es una vida de ensueño”.
“Ahora estoy en Japón,
no sé qué pasará después”
Estando en Arabia, Artemisa Jaramillo inventó su propio lema: “Haz que suceda”, aunque ya había aplicado desde antes esas palabras para ella. Ha vivido en México, Estados Unidos, Irlanda, Arabia Saudita y ahora reside en Japón.
Actualmente es la directora de Innovación y Mercadotecnia Digital en el Instituto de Investigación MIRAI Innovation, en Osaka, Japón. “Me encargo de crear soluciones tecnológicas para gobiernos. Desarrollo de talento con estudiantes. Capacitación de profesores que se van a Japón”, resume.
Desarrolla una estrategia para México con la ANUIES. “Vamos a traernos de México a 20 jóvenes becados para que se capaciten. Es talento lo que estamos buscando en esta convocatoria nacional. Jóvenes de todas las universidades del país para que se vayan a Japón con todo pagado”.
Para tal objetivo se creó la ANUIES MIRAI Lab, en Valle de Bravo, Estado de México, y Jaramillo está al frente del proyecto. Ella lo desarrolló.
El año que viene, continúa, “presentaremos toda la tecnología que estamos creando. Somos los únicos mexicanos representando a Japón en la Expo 2025”, la cual se realizará de abril a agosto.
Artemisa se fue de Irlanda en 2022 tras dirigir el área de Tecnología e Innovación en su universidad. Aunque lugar favorito en el mundo, asegura, es Tixtla, Irlanda tiene un lugar muy especial en su corazón y regresa siempre que puede. Lo mismo le pasa con Arabia Saudita. En Japón ya cuenta dos años. Va de un lado a otro: en 2024 ya visitó 11 países para desarrollar sus investigaciones.
“La tecnología es válida para la toma de decisiones. Me encargo de explicar para qué sirve, cómo la pueden utilizar los empresarios y gobiernos para lograr mejoras”, sintetiza.
Dar resultados te abre las
las puertas en todos lados
–¿Qué le dirías a las niñas y niños de Guerrero, de Tixtla, para incentivarlos?
–Tienes que hacer que valga la pena lo que haces. Quiere decir que vas a dar tu mejor esfuerzo en cada momento. Es difícil viniendo de estados con realidades como Guerrero, pero vale la pena el esfuerzo. Si todo el mundo está jugando afuera, tú estás adentro estudiando o preparándote para algún examen o capacitándote en alguna cosa que crees importante. Como adulto, sí importa demasiado que seas constante y talentoso. Importa mucho el prestigio que te vas formando como profesionista. Así es a nivel internacional.
Ella misma se pone de ejemplo: “Soy una persona que siempre da resultados y por eso, afortunadamente, se me abren las puertas en muchísimos lados y países. Mi tiempo de ver resultados lo he reducido a tres meses. No concibo las cosas sin que den resultados. Si es diferente, entonces no tiene sentido.
“Si sabes algo, tiene que incidir directamente en la realidad. Me gusta mucho generar cambios, porque si no me desespero. Ahora estoy en este proyecto entre Japón y México, pero después no sé lo que va a pasar y eso es muy emocionante”, concluye.
