Uno de sus grandes logros fue relacionarse con grupos criminales y ayudar a mucha gente, expresó el obispo Salvador Rangel Mendoza.
Dijo que, con excepción de los municipios de Chilpancingo, Iguala, Huitzuco y Tetipac, la diócesis Chilpancingo-Chilapa, a su cargo desde 2015, se encuentra en paz y puso como ejemplo Chilapa.
Rangel fue consultado este domingo en la catedral de esta ciudad, donde informó que permanecerá en el obispado otros dos meses, en espera de la ceremonia para recibir al nuevo prelado José de Jesús González. La fecha tentativa es el 20 de abril y esta se definirá cuando se determine la asistencia del secretario del Estado Vaticano, Pietro Parolin.
Dijo que siguiendo los protocolos de salud y del mismo Vaticano, desde el “miércoles de ceniza”, este 2 de marzo, se evitará el contacto físico con las personas y se evitarán aglomeraciones en las ceremonias de Semana Santa.
A pregunta expresa de un reportero, hizo un balance de su gestión al frente de la diócesis, de junio de 2015 a la fecha. Dijo que cuando llegó estaba fresco el caso de la desaparición de los estudiantes de la normal de Ayotzinapa, ocurrida en septiembre de 2014 en Iguala, y que en general, en el estado se vivía un ambiente “casi de guerra”, con actos de violencia extrema y secuestros.
“Sabía que venía a un territorio difícil y mis tareas fueron señalar en Guerrero ese ambiente, casi de guerra, que se vivía. Cada obispo tiene un escudo episcopal y yo le puse a un Jesús, un Cristo bajado de la cruz, pero ofreciendo la paz. El lema que escogí, del Evangelio de San Juan, capiítulo 14, dice, ‘les doy mi paz’. Entonces, mi tarea fue pacificadora. Soy un fraile franciscano y de vocación traemos eso, sembrar la paz. Es lo que yo me he dedicado, a tratar de reconstruir la paz”.
Agregó que ahora, el territorio que abarca la Diócesis a su cargo, se encuentra en paz. “Exceptuando algunos focos rojos como Chilpancingo, Iguala, Huitzuco, Tetipac, pero no es el ambiente de hace seis o siete años. Ya cambió”.
“Ese fue uno de los grandes logros, relacionarme con los grupos criminales, ayudar a mucha gente. Y el ejemplo lo tenemos aquí en Chilapa, cómo cambió, es otro ambiente distinto el de Chilapa”.
Destacó como otro logro, la relación de fraternidad entre los 158 sacerdotes de la demarcación, así como el beneficio de un seguro médico a los párrocos.
También enlistó su recorrido a comunidades, que antes o desde hace 50 años ni un obispo había visitado. Así como la catequesis escolarizada, para personas de 4 a 14 años de edad.
“No he hecho las cosas del todo bien, pero me voy tranquilo, satisfecho, con gran alegría y saber que viene otro gran obispo, mejor que yo, monseñor José de Jesús González. Es un fraile franciscano. Vamos a entregar la Diócesis en un buen hombre y les va a ir mucho mejor”.
Del conflicto en Tlacotepec, donde acusó al sacerdote Alberto Alarcón Mota de unirse a un grupo criminal para evitar su salida, y que los pobladores mayordomos respondieron que era para que no llegara el padre Efraín Maza, informó que fue un problema gratuito y que ya no quiso que creciera y cambió la propuesta.
“Para arreglar el asunto se mandó a otro sacerdote y le agradezco al padre Leobardo Sigala, que estaba en la parroquia de San José (en Chilapa), y que ya conoce aquellas tierras, estuvo de párroco allá, fue muy contento y fue aceptado”. (Luis Daniel Nava / Chilapa).
