El asesinato de mujeres en acontecimientos violentos como el de Iguala el pasado miércoles –en donde fue acribillada presumiblemente una familia: dos adultos y dos niñas–, generalmente es porque éstas son utilizadas como “acompañantes” de quienes forman parte del crimen organizado, pero “no son actoras, ni forman parte de ese ejercicio”, consideró ayer la secretaria de la Mujer, Rosa María Gómez Saavedra.
Mientras que en la muerte a machetazos de la vendedora ambulante de Acapulco, Virginia Carvajal Rodríguez, a manos de su esposo, dijo que ahí se deduce más que hace falta un arraigo de la “cultura de la denuncia”, no sólo por los familiares de la víctima, sino de la misma comunidad, pues de no ser así “se estarían convirtiendo en cómplices de esa violencia intrafamiliar”.
A pregunta expresa sobre si ambos hechos significan que la dependencia a su cargo ha fallado tanto en prevención como en concientización para que las mujeres no permitan ser utilizadas en hechos que tengan que ver con la delincuencia organizada, Gómez Saavedra contestó que “el problema de la violencia, es un problema transversal y tiene que ser una política del Estado”.
“Nosotros hacemos asistencia y prevención; que si escapa de nuestras manos no es problema de la deficiencia de una sola dependencia, sino que debiéramos tener una política de mayor alcance, mayor eficiencia”, resaltó.
Señaló que aunque pareciera que en ambos casos no tiene algún vínculo y que los autores materiales pueden ser diferentes, “finalmente las causas de origen que tienen son las mismas: pobreza, marginación, descomposición del tejido social, y entonces tenemos que reestablecer esto”, “a través de la construcción de Redes de Apoyo, que deben de integrar las mujeres en sus comunidades”.
Indicó que “cuando hay una ejecución como la que se da en Iguala, también se trata de una expresión de la violencia social, tiene una vinculación con lo que sucede en los hogares, es el ejercicio del poder traducido en violencia; las líneas de investigación no me compete decirlas”.
En la nota principal de El Sur de este jueves, se da a conocer de la ejecución de dos adultos –entre ellos una mujer– y dos niñas, que fueron hallados en un terreno baldío en Iguala. Asimismo se da cuenta que en Acapulco, un vecino del poblado El Cayaco de nombre Daniel Olivia Aparicio, asesinó a su esposa a machetazos; versiones de vecinos y familiares señalaron que a menudo ésta era golpeada.
Consultada en su oficina, Gómez dijo que estos incidentes no son privativos de Guerrero y que “ahorita se pueden observar más por lo hechos que se han manifestado a nivel social, se habla del crimen organizado”.
Mencionó que lo que busca el gobierno es que ya no “se permita que la violencia que sufre una mujer sea parte de la cotidianidad, por ejemplo en la nota (de El Sur ) yo leía, como dice que la madre escuchó los gritos de Virginia, pero que como ya sabían que siempre la golpeaba, nunca se imaginaron que la fuera a matar; llegar a esa aceptación de que ya sabemos que la está golpeando y no intervenir es grave; hoy el asunto de la violencia intrafamiliar no es un problema privado, es un asunto público”, dijo.
“Si yo escucho que a alguien la golpean, debo avisar a la autoridad, al comisario, para que llame a los teléfonos de emergencia”, dijo e insistió: “Lo que no debemos permitir es que esas cotidianidades se conviertan en inercias y haya una aceptación; sino tenemos una capacidad de respuesta como sociedad fortalecemos el que esta violencia se traduzca en una violencia social, como la que observamos en el caso de Iguala”, indicó.
Gómez abundó que “los índice de muertes de mujeres en hechos violentos, muestran que (ello obedece a que) ha sido por ser acompañantes, no por ser actoras de. Eso es muy importante retomar”.
“En este caso se presupone que la persona que iba al lado de él –porque todavía la investigación se está dando– debe de ser el esposo y las hijas, pero eso hasta que la investigación lo arroje; sin embargo, hacia quién iba dirigido –el ataque– fundamentalmente es hacia el hombre ¿verdad?, que tuvo un antecedente y que a partir de ese antecedente lo asesinan”, consideró.
Insistió en que “las mujeres como tal, no reflejan una participación en los índices delictivos. Es muy por debajo, casi del 1 por ciento; en las notas rojas no se observa esa expresión en el sentido de que formen parte de acciones delictivas; incluso de los 4 mil ó 5 mil presos que hay en las cárceles, 280 son mujeres; el porcentaje es menor; entonces significa que las mujeres las más de las veces son víctimas de hechos violentos, por ser acompañante y siendo utilizadas, algunas de manera indirecta”.
