Una llamada los pone a temblar. En el fin de una aparente tranquilidad, tragan saliva. Por unos minutos, en el Centro de Control, Comando, Comunicación y Cómputo (C-4), todos se movilizan.
No se trata de alguna amenaza de bomba. Tampoco es otro aviso de alguna nueva ejecución. Ni siquiera un atropellado. Ninguna alerta para los cuerpos de seguridad. Es una llamada del secretario de Seguridad Pública, Juan Heriberto Salinas Altés, desde sus oficinas en Chilpancingo.
Es el mediodía del miércoles 17 de mayo. El general retirado pide a sus colaboradores del C-4 que le envíen la grabación de la revista radiofónica Hablemos de Política, que conduce Jorge Zamora Téllez, donde una voz anónima amenazó de muerte al alcalde Félix Salgado Macedonio, al secretario del Ayuntamiento Daniel Ríos Abarca, y aseguró que en unas horas habría una nueva ejecución.
Funcionarios de Seguridad Pública estatal y el reportero de El Sur recorríamos el hasta entonces impenetrable C-4, cuando vino la llamada del general. Aunque intentan que el visitante no se entere, el nerviosismo los delata. Todos andan de aquí para allá.
Apenas unos minutos antes nos habían concedido acceso a la sala del Sistema Estatal de Información Policiaca (Siepol), donde se recaba información confidencial sobre delincuencia, para redactar análisis “para los mandos superiores” y tomar decisiones “táctico-operativas”. El área a la que en los círculos de seguridad pomposamente llaman “de inteligencia”. Una zona cerrada a piedra y lodo.
“Si el acceso a todas las áreas del C-4 está restringido, esta más, pero el señor secretario me pidió que lo accesara”, había explicado Gregorio Onofre Islas, un defeño importado por Salinas Altés para fungir como su asesor.
Y de pronto, la llamada del general. Tras el click del teléfono, el búnker se derrumba.
El primer coordinador, entrenado en Francia
En Guerrero el C-4 fue creado en el segundo año del sexenio de René Juárez Cisneros, como parte de un acuerdo del Consejo Nacional de Seguridad Pública.
Por un decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación, ya existen este tipo de centros en los 31 estados de la República, y una especie de Central en la ciudad de México, con las corporaciones de seguridad del gobierno federal. Sólo falta que opere el que debe tener a su cargo el gobierno del Distrito Federal, con la policía local.
Considerado como fundador de los C-4 en Guerrero, el primer coordinador general de los mismos fue Rigoberto Marín Baños, hombre cercanísmo al ex secretario de Gobierno en el periodo de Juárez Cisneros, Marcelino Miranda Añorve, hoy en la campaña del candidato presidencial de la coalición Por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador.
En aquella época se supo del entrenamiento especializado que Marín Baños recibió en Francia, con instructores del FBI y de la Interpol. Así, en el periodo renejuarista promovió la apretura de los C-4 primero en Chilpancingo, luego en Acapulco e Iguala, que mantienen sus operaciones en el actual gobierno zeferinista.
El C-4 cuenta con una red de telecomunicación conectada a unos 2 mil radios MATRA en todo el estado, de alta tecnología francesa, encriptados, de señal no escaneable, lo que permite mantener en reserva interna la frecuencia. El alcance de esta red llega a todas las regiones del estado mediante 15 antenas repetidoras ubicadas estratégicamente en distintos municipios, y con ello se propone intercambiar información y coordinar acciones de todas las corporaciones policiacas, según explica el director de Desarrollo Tecnológico, Gonzalo Torres Ruiz.
Además, el C-4 alberga el sistema 066, la línea telefónica de emergencias que reúne en un mismo sitio a representantes de las policías Ministerial del estado, Preventiva municipal, de Tránsito, y Protección Civil, enlazados cada uno a sus respectivas centrales vía telefónica y por Internet.
En la propaganda que se hizo en el gobierno de Juárez Cisneros, se dijo que con el C-4 Guerrero estaba “a la vanguardia” en la coordinación de las corporaciones policiacas y era comparada incluso con los que existen en los estados del norte del país.
Además de la instrucción que recibió Marín Baños en el extranjero, los primeros mandos del C-4 fueron capacitados en el Distrito Federal por los grupos de élite de inteligencia y de reacción, de la Procuraduría General de la República, la Secretaría de la Defensa Nacional y la Policía Federal Preventiva.
Ha trascendido que a la llegada del primer gobierno no priísta en el estado encabezado por el gobernador Zeferino Torreblanca Galindo, el grupo de militares que acompaña al general Salinas Altés en la Secretaría de Seguridad Pública desplazó primero al equipo que trabajaba en los tres C-4 que hay en el estado, y luego los despidió. Casi todos fueron liquidados, según la misma versión.
Gregorio Onofre Islas, el asesor de Salinas Altés, asegura que el “cambio de personal” que hubo con la llegada del nuevo gobierno estatal obedeció a que los policías y los trabajadores administrativos “se burocratizaron”.
Descarta, asimismo, que en el C-4 haya espacio para infiltraciones de la delincuencia organizada. “Contamos con esquemas rigurosos de contratación”, confía.
Ambiente de película
Al frente del C-4 de Acapulco está precisamente un militar de alto grado en el Ejército, el general Víctor Manuel Bosque Rodríguez, coordinador regional Operativo de la SSP. Está ubicado en la calle Pénjamo, de la colonia Progreso, cerca ya de la avenida El Tanque. Se puede llegar aquí por una subida que comienza en el tradicional expendio de piñatas de la calle Michoacán. El edificio es una estructura de dos niveles en forma cilíndrica, que sugiere una posible inspiración en la arquitectura de los centros de operación del FBI que aparecen en las películas. Su primer acceso cuenta con puertas metálicas, una para autos y otra para entrar a pie con caseta de vigilancia. Está rodeado de una barda, en cuyo borde tiene rollos de alambre de púas.
Ya adentro –también como en las películas– al edificio se entra por una puerta eléctrica de cristal blindado, que se abre sólo mediante el código de una tarjeta, que tiene cada uno de los casi 50 trabajadores. De acuerdo con el coordinador regional de Telecomunicaciones y Administración de la SSP, Fernando Casas Moroyón, hay 17 empleados en el área de telecomunicaciones, unos 10 en el procesamiento de la información y su análisis, y unos 15 en el sistema telefónico de emergencia 066.
La planta baja está adornada por una gran jardinera circular al centro, con plantas muy verdes y estrictamente ordenadas, de tierra permanentemente mojada, según se ve. Los pisos impecables, como en los anuncios televisivos de los limpiadores y aromatizantes. El olor a Pinol penetra en el olfato.
Junto a la entrada principal está la oficina del general Bosque. Y al lado, la Sala de Juntas, de la que se hizo del control la PFP desde la llegada del México Seguro, pues la habilitó como su “centro de mando”. Esta es la única oficina con manejo autónomo. Aquí ningún trabajador de la SPP entra. Ni siquiera los mandos medios conocen lo que sucede adentro.
Más adelante hay varios cubículos privados de los jefes administrativos de esta dependencia. No muy amplios, pero suficientes como para dar cabida a sillones para recepción de visitantes.
También hay un departamento especial de mantenimiento a los aparatos radiocomunicación y cómputo, donde también son reparados los que sufren algún daño o descompostura.
A la planta alta se llega por unas escaleras. Donde éstas terminan, hay otra puerta electrónica que se abre con otra tarjeta, exclusiva para los que laboran en el segundo nivel. “Sólo personal autorizado”, se lee sobre el cristal blindado de alta seguridad, que pesa por lo menos 800 kilos, casi una tonelada.
Aquí se encuentra el denominado Centro de Coordinación de Operación Regional (Cecor), que reúne a las operadoras del 066 y a los agentes representantes de cada corporación de seguridad, llamados “despachadores”. Esta es la “Sala de Crisis”, según se lee en uno de los cristales que rodean como paredes al Cecor.
Otra oficina pertenece al Grupo de Información y Análisis (Guia), integrado sólo por lo que aquí llaman “las fuerzas federales”. Se trata de un equipo que se reúne periódicamente para intercambiar información de delitos, y en particular de los que tienen el sello de la delincuencia organizada. Es similar a una sala de juntas, donde todos los asientos color negro son de piel.
Antes está el restringidísimo Sistema Estatal de Información Policiaca, antes mencionado. Esta es una unidad que maneja el banco de datos nacional de seguridad pública y delitos.
Cuenta con diversas computadoras, donde se elaboran los análisis para las decisiones “táctico-operativas”, dice el director general de Evaluación y Control del Consejo Estatal de Seguridad Pública, Fabián Hernández Catalán
“Si vemos que en una semana una colonia registra altos índices de delitos, se ordenan operativos especiales y mayor atención a esa zona”, agrega. Aquí, diario se monitorean todas las agencias del Ministerio Público en el puerto. Como si realmente se tratara de un departamento de inteligencia, llega hasta aquí información de “otro tipo de fuentes”, que Hernández Catalán se niega a revelar.
En este mismo cuarto se monitorea también todo tipo de información de noticieros de televisión y de radio, en especial la que tiene que ver con la violencia y la inseguridad.
Al momento del recorrido, uno de los televisores tiene congelada una imagen de pobladores de Copalillo con rifles en mano, que un día antes desarmaron a los policías municipales y tomaron el Ayuntamiento en demanda de la destitución del alcalde priísta Sergio Cenobio.
–Qué, ¿es para ficharlos, verdad? –se le pregunta a uno de los trabajadores.
–Algo así.
La imagen fue grabada del noticiero de Televisa Acapulco, la noche anterior. Se trata del centro de inteligencia y monitoreo, donde la amenaza de muerte contra el alcalde de Acapulco en un programa de radio pasó inadvertida.
Al 066, delitos menores, muchas bromas, y pocas emergencias graves
“066, ¿cuál es su emergencia?”. Casi ninguna, se responde a sí misma una de las operadoras.
Y es que, por ejemplo, solamente el 2 de mayo se registraron mil 659 llamadas de broma. Cuando se trata de verdaderas denuncias, la mayoría son por delitos menores, de esos que las leyes reconocen simplemente como “faltas administrativas”.
El registro de denuncias en el sistema telefónico de emergencia 066, está lleno de bromas, que van desde llamadas que se cortan cuando apenas entran, hasta piropos e incluso mentadas para las telefonistas.
Al 066 se llama, sobre todo, para pedir auxilio policiaco en casos de violencia intrafamiliar. Llegan también las denuncias de riñas vecinales y si acaso de allanamiento de morada. Hay contra “individuos sospechosos” y las que son catalogados como “personas agresivas”. Es “gente que echa bronca, que se quieren salir de un bar o restaurante sin pagar la cuenta”, explica el coordinador estatal del 066, Francisco Sandoval Vázquez.
Existe la aspiración de que el 066 pueda funcionar también como el 911, de Estados Unidos. Conmovido, el mismo Sandoval Vázquez recuerda que ya una operadora del C-4 de Iguala, le salvó la vida a un niño al que se le atoró una canica.
Hay también el proyecto de instalar una red de cámaras vigilantes en las principales calles de la ciudad, independiente del sistema del Centro de Información y Vigilancia Avanzada (CIVA), del gobierno municipal. La idea es que el monitoreo se controle desde el centro de operaciones del 066, en el C-4.
Mientras ese día llega, a la línea de emergencia entran cientos de llamadas. Las que denuncian a los “vagos” y a los “borrachos en vía pública”, como aquí se clasifica.
“066, ¿cuál es su emergencia?” (Ricardo Castillo Díaz).
En el centro de Acapulco, las colonias de más delincuencia
Según el “mapeo de la delincuencia” del C-4, las colonias donde se registran más delitos no son las de la periferia, sino las del centro de Acapulco y en particular algunas de clase media.
De acuerdo con el coordinador de Planeación y Control Policial de la Secretaría de Seguridad Pública, Fernando Armit Cos, hay más delitos en la colonia Centro, Bellavista, Hornos, Las Playas, Magallanes, Alta Progreso y Progreso.
“Casi siempre aparecen abajo la (Emiliano) Zapata y Renacimiento, hay días en que ocupan entre el quinto y sexto lugar”, afirma.
Según este mapeo, la mayoría de los delitos que ocurren en esas zonas son el robo de autos, y los asaltos a casas, pequeños negocios y a transeúntes. En promedio, el C-4 registra 30 homicidios dolosos al mes en Acapulco.
Armit Cos dice que en las colonias de la periferia operan “más de 20 bandas” de delincuencia común, aunque asegura que “muchos” de sus integrantes “ya están en el Cereso”.
En su registro, los delitos se cometen delitos con mayor frecuencia “entre 8 y 10 de la mañana, entre 10 de la mañana y 12 del día, entre 6 de la tarde y 8 de la noche, entre 8 y 10 de la noche, y entre 10 y 12 de la noche”. Casi a todas horas del día. (Ricardo Castillo Díaz).