
Lourdes Chávez
Chilpancingo
La filmación del documental La misma sangre comenzó hace 14 años, después del asesinato de la dirigente de la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS), Rocío Mesino Mesino, el detonante para contar una historia que se fue complejizando a lo largo de los años, mientras se adentraban a la vida de una familia de luchadores sociales, indicó el director y guionista, Ángel Linares.
La misma sangre obtuvo este sábado el premio Mezcal, en la 41 edición del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG).
En entrevista, en la Cineteca de la Universidad de Guadalajara, sede de la FICG, en Zapopan, Jalisco, mientras transcurrían las exhibiciones de las películas que participaron en el FICG, el creador señaló que la vida de la familia Mesino es un reflejo de la situación de muchos defensores de derechos humanos en todo el país que están bajo la mirada hostil del Estado, que son perseguidos y asesinados.
La cinta sobre la OCSS que busca la justicia y reparación del daño a los sobrevivientes de la matanza de Aguas Blancas, y de su dirigenta actual, Norma Mesino Mesino, que ha vivido con custodia estatal ante amenazas, se presentará mañana martes en el auditorio Sentimientos de la Nación en Chilpancingo, para autoridades, activistas de derechos humanos y público en general.
Ángel Linares confió en que esta película pueda visibilizar y abrir la discusión, principalmente para garantizar su protección y su dignidad.
La película se estrenó en el 41 FICG, uno de los más importantes de América Latina, como parte de la sección Premio Mezcal.
De nacionalidad venezolana, Ángel Linares explicó que nació en una familia de izquierda, su padre militante del Partido de Izquierda Revolucionaria de Venezuela, su madre, maestra, que derivó en su compromiso social.
Cuando llegó a estudiar cine a México, tratando de reconstruir el pasado de su padre, en las luchas de los años 70, llegó a Guerrero por medio de la periodista Laura Castellanos, que acababa de hacer el libro México Armado, y del defensor de derechos humanos, Julio Mata, quienes lo condujeron a la familia Mesino.
Indicó que don Hilario Mesino fue su guía en Atoyac para crear el documental Las montañas invisibles, de 2013, mientras su hija, Rocío Mesino, les conseguía transporte, comida, se convirtió en una especie de coproductora. Dos días antes del estreno, la asesinaron. Aquel evento fue el punto de partida de este proyecto.
Como egresado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, ahora Escuela Nacional de Artes Cinematográficas, volvió a Guerrero para visibilizar a la familia Mesino.
“La historia tiene muchos nombres, muchos sucesos a lo largo de muchísimo tiempo, pero la manera de contarla a través de Norma, como un eje conductor y protagonista, fue muy clara, a nivel político y personal, para explorar un conflicto universal: Norma se vio obligada a hacer algo que no necesariamente quería hacer”.
Ella asumió el liderazgo de la OCSS después asesinato de Rocío. Dado su activismo, pudieron hablar desde un presente vivo, de una historia pasada, que era muy difícil de narrar.
Indicó que la historia se realizó en tres periodos de filmación. El primero en 2018, otro en 2019, con una pausa de 2020 a 2022 por la pandemia de Covid-19, y un último momento en 2023, seguido de dos años de edición.
Ángel Linares explicó que durante la producción enfrentaron situaciones complejas de seguridad, y después de un episodio más complicado, pararon un año, “para tratar de desaparecer un poco del radar, fortalecerse otra vez y generar nuevas estrategias que les permitieran continuar con la filmación”.
Sobre el montaje de la cinta, Carlos Cepeda, editor de la película, explicó que con 25 o 30 días de filmación, se generaron muchísimas horas de material. Tuvieron muchas reuniones de trabajo para tener un punto de vista más objetivo para construir la película.
“Ayudó que fuera un proceso de dos años y medio porque nos daba perspectiva y tiempo para pausar y ver la película desde otra arista”.
Aclaró que en películas, sobre todo de documentales, hay mucha escritura en papel, para ver cómo va funcionando el papel, y se fue encaminando a un retrato mucho más introspectivo con Norma, pero mantiene en líneas paralelas la participación de don Hilario y doña Alicia, su papá y su mamá.
Añadió que la edición también es un proceso complejo, que nunca está cien por ciento terminado, donde uno tiene que decir, ya está la película y ya no vamos a moverle más.
