El 12 aniversario del Ecotianguis Zanca de Zihuatanejo

Pese a la amenaza de lluvia los socios del ecotianguis Zanca de Zihuatanejo cumplieron, como cada sábado, su tarea semanal de instalarse desde temprano en la explanada de la escuela Vicente Guerrero, atrás del museo regional y frente a la playa principal para festejar el gran día en el que cumplen doce años de haberle dado vida a este sueño que felizmente llegó para quedarse.
Para este aniversario que bien merece una fiesta, todos los socios productores organizaron un programa musical, cultural y artístico que reunió a ese sector cada vez más numeroso de zihuatanejenses que buscan los productos orgánicos, educados en la cultura del consumo responsable y el precio justo, sin intermediarios y con respeto a la naturaleza.
Lupita Maldonado, una enfermera jubilada y promotora del ecotianguis Zanca recuerda las largas jornadas que le dedicó para concretar este proyecto que la tiene feliz.
Entre discursos que destacaron la proeza de haber sumado ininterrumpidamente más de 600 sábados de estar presentes, ofreciendo en Zihuatanejo lo mejor de lo que producen, los zancas invitaron a músicos que pusieron en movimiento a casi todas las mujeres que desbordaron su alegría bailando las chilenas pegadoras que están de moda.
No faltaron los regalos de aniversario para todos los clientes que se sumaron al festejo con premios de un fondo creado de cada producto que se expende.
Tuvo su impacto importante el anuncio del micrófono abierto para el público, como hace años que no se veía en la costa, donde, entre otras ideas, los participantes resaltaron las bondades del ecotianguis que es una alternativa para los consumidores exigentes, y el activo altruista que tiene el puerto y que se expresa en infinidad de iniciativas individuales y colectivas que han germinado encaminadas a un solo objetivo: ayudar para crear un mundo mejor.
El ecotianguis es un pequeño espacio, “una mínima pieza, no una pieza colosal” como dice el poema de Nicolás Guillén. Apenas dos andadores a cielo abierto que se cubre del sol con un manteado de colorido tradicional, con sillas y mesas, aprovechando la sombra de las higueras, guamúchiles, guajes y ficus de la plaza y el viento fresco que sopla del mar, visitado por su lugar estratégico por muchos turistas que pasan camino al muelle para embarcarse a la playa Las Gatas.
No creo que haya un solo visitante que no quiera volver para recorrerlo con calma y contagiarse de la alegría y el ambiente de paz que se respira, porque, como dice Lupita Gómez, la cafetalera de la sociedad de productores de la colonia Baltazar Leyva Mancilla, aquí no son los intermediarios, sino los verdaderos productores quienes piensan más en la satisfacción del cliente que en el intercambio comercial propiamente dicho, porque sabe que el secreto de su negocio está en tratar de satisfacer el gusto y deseo de los compradores. Por eso desde temprano con su cafetera encendida inunda el espacio con el olor del café y luego seduce a sus clientes con la sonrisa y la taza que sirve a sabiendas de que sin café no hay mañana.
Juan Avendaño es un agricultor que ya de grande aprendió el trabajo del campo, casi obligado por la herencia de tierra que le dejó su papá campesino.
Dice que encontró en el ecotianguis la oportunidad de sacarle provecho a sus vetustos árboles de mango sembrados en la parcela que su papá prestó a la Conafrut hace muchos años para que ese organismo federal estableciera una parcela demostrativa que animara a los ejidatarios del Coacoyul a replicarla. Y le fue bien porque todos los árboles crecieron y rindieron su producción, pero no había nadie que quisiera comprar su fruto, por eso solo su derribo era lo que Juan veía en el futuro, hasta que apareció el ecotianguis que le permitió exponer sus mangos entre gente que los aprecia como fruta y los paga a un precio justo. Ahora no solo vende mangos ataulfo, carnosos y enmielados, sino tommy, manila, así como haden y kent, amarillos por dentro y verdes por fuera, que se comen en rebanadas con chile molido y sal. También vende limones agrios, ciruelas, Jamaica y quelites.
Y no podemos dejar de mencionar los productos de Naomi García Moreno, una profesional en negocios agrícolas que asesora a los productores para hacer más rentables los cultivos quien ahora produce pepinos, chiles güeros, germinados de girasol, albahaca, limones y naranjas agrias o cajeles, chocolate artesanal y cocos fríos y jimados.
Frente al puesto de Naomi se pone doña Joaquina, una señora que vive con su hijo Salvador en la ladera del cerro de La Ropa, en torno a la bahía, y allí tienen su huerto donde cultivan ajonjolí de temporal, maracuyás, jamaica y piñas. Vende aguas frescas en vitroleros de vidrio junto con sus dulces que refrescan y endulzan las mañanas.
Pero también está Salud Coria, uno de los mezcaleros afamados cuyo nombre le hace honor a su ocupación aunque no lo pueda repetir cada vez que quiere. Él pertenece a la tercera generación de mezcaleros. Viene de la sierra a ofrecer gustoso su mezcal cuya calidad prestigia a Zihuatanejo. Aquí en el ecotianguis tiene una demanda que le ha permitido diversificar su producto con mezclas de hierbas y frutas exóticas muy acertadas para el gusto de los consumidores que les llaman “curados” de mezcal.
La visita a su puesto es obligada para los que tienen mayoría de edad porque su hija Itzel a cargo de la venta heredó el método de atraer a los clientes aprendido de su abuelo que lo practicaba allá en la sierra con los viajeros, aquí como allá ofrece el primer “chingadazo” (léase copa) gratis.
También llegan aquí, desde aquel rumbo del mezcal los aguacates que produce Aníbal Galeana. Son aguacates hass que no crecen tan grandes como los michoacanos pero tienen el mismo sabor y su precio es un regalo.
Otra de las particularidades del ecotianguis es que no hay dos puestos que repitan la misma mercancía, para evitar la competencia dicen entre ellos, por eso cada uno es distinto, y en lo único que se parecen es que todos respetan el principio de que sus productos además de frescos y naturales, ajenos a los agroquímicos, si se puede, que sean orgánicos.
Uno de los ambiciosos objetivos de la organización en la que no hay intermediarios, es la educación ambiental que promueven, siguiendo los tres pasos de reducir, reusar y reciclar los productos, por eso los clientes saben que deben llevar sus propias bolsas para cargar junto con los envases que tengan para dejarlos en el centro de acopio para reciclarlos.
Y aquí cuento parte de la historia del origen del ecotianguis. Dice Gaby Trejo, una de sus promotoras, que la propuesta la escuchó en la época baja del turismo, cuando los hoteleros echan a la calle a muchos de sus empleados y en Zihuatanejo se dispara la delincuencia; ella fue víctima de un asalto con violencia en el que la despojaron de automóvil, equipo e intrumental de trabajo.
Dice que el suceso despertó su enojo que no encontraba la manera de superar y que un día la invitaron a una reunión donde se platicó del proyecto de buscar un canal de comercialización para productos del campo, de una cierta calidad para aprovechar un nicho de mercado que nadie atendía, pero como entendió que se trataba de un mercado su descorazonó, hasta que ya al final escuchó que se trataba de ponerlo en la playa y entonces la movió el interés porque allí es donde está el turismo, convirtiéndose en una de las más fervientes impulsoras del proyecto y ahora produce una variedad tal de jabones, velas y cremas, de frutas, semillas y plantas, que son una gran atracción para quienes buscan productos de belleza de origen orgánico. Ella junto con Francisco Chávez del Rancho Innovador de Juluchuca quien provee de huevos de gallina al libre pastoreo, hortalizas diversas, plátanos y papayas de la mejor calidad, y también Nick Wolf, un joven estadunidense de amplia experiencia en la producción orgánica cuya red de productores de exportación a la que pertenece, junto con la cooperativa Vegana de gran trayectoria en Zihuatanejo donde han enseñado a cientos de mujeres de escasos recursos el mejor aprovechamiento de los productos que consumen, aprendiendo a prepararlos con creatividad para educar el gusto de los miembros de las familias, esos son los pilares principales de esta comunidad a la que deseamos largos años de vida.
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